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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

¿Surge poder cinematográfico atahualpino-bolivariano?

No hay escape: debe surgir. Se torna ­basta con leer lo que el 19-II dice el columnista Paul Harris, YELLOW TIMES.org del Canadá- nada menos que en un imperativo la cuestión. Ese papel ­sin que para nada lo haya buscado él u otro alguno- juega, digamos que como parte del proceso evolutivo, más que de la especie humana, del planeta, el Director Rainer Simon. Si no surge una industria cinematográfica que en el mundo impacte ­entre otras cosas por su indepencia frente a las transnacionales y al racismo anglofascista-neoesclavista- aquí, en el Neotrópico, podremos decir que las siete maldiciones rigen y que la coyunda que ata de pies y manos se vuelve la rectora de todo lo que en su esfera de acción encuentre. El indio, el indígena remontado, libre del lloriqueo y los complejos, inbuído del orgullo nacional que para nada existe en este territorio, al que algunos llaman país mientras cada día claudica más en la condición de tal, se debe manifestar siempre como cuando, en los últimos días de Febrero, llenó de toda su dignidad el Aula Benjamín Carrión de la CCE en Quito.

Él, el indígena de la Costa junto al de la Amazonía, saturó de las virtudes que faltan en lo lloriqueante que mucho el difunto columnista Presley Norton denunció como principalísima causa entre las que conducen a la derrota antes de que aparezca enemigo u obstáculo alguno, y saturó nada menos que un ambiente cultural que mucho exige y que diversidad de materias conoce. En película, que compiten con las mejores de suspenso en cuanto la atención mantienen en vilo, se tradujo la contribución de etnias aborígenes de las partes del clima cálido y del carácter que lucha y destila optimismo en estos parajes a los que esa enfermedad venérea del cuerpo social que se autotitula 'civilización occidental' ahoga en mecanicismo, materialismo y vicios. Entretiene, a la vez que imparte lo que acarrea sabiduría, la película que acerca de los indígenas chachis de Esmeraldas dirige Rainer Simon. Allí ­en el entorno atahualpino de la riqueza selvática, de lo tropical- se ve al indio en medio de sus vegetales que nutren, de sus hierbas que curan lo 'incurable' del Occidente del 'stress', las computadoras y del ser humano que perdió ya todo lo que le solidariza con el prójimo, peor todavía: con el entero planeta.

Interesa, como elemento de estudio para el desarrollo del cine en medio de las culturas que defienden su identidad, algo que se puede colocar entre los descubrimientos en los que va a parar el que investiga. El Director de cine alemán, Rainer Simon, casi no operó en las tareas fímicas en medio de la selva, el tradicional guión ­aquel que un especialista con mucha práctica coloca como la enrieladura que, quiéranlo o no, la locomotora y los vagones que vienen a ser quienes llevan la película a la realidad deben seguir. No, otorgó, más bien, campo para que hubiesen puesto de manifiesto su iniciativa, su creatividad, los chachis. ¡Y ellos las desplegaron en pleno! Es más, la película ­al igual que la que Rainer Simon filmó con los záparas de la Amazonía ­cuenta con elementos que idearon, a lo largo de un proceso que culmina en que a ellos mismos se vea como actores, los propios aborígenes. Fluye el diálogo ­hay escenas en que la mente del espectador se ejercita a la par que disfruta y aprende ­y la atención desempeña el papel de la medicina que rescata al espectador. El mal, que tal ciencia de lo curativo aniquila, denunciaron Radio Católica y HCJB varias veces en la última porción de febrero último: aquel que la televisión transnacional, con intención malévola muchas veces, impone a la gente a la que procura esclavizar. He allí una de las raíces del neoesclavismo anglofascista que la gente muerde como anzuelo, a tiempo que la desconoce: casi no circula la sangre en el cerebro del adicto a la TV. La radio sirve ­cuando obliga a que el escucha imagine cómo aparece ante la vista lo que oye­ como terapia contra el mal televisivo. La TV transnacional hace que la mente se paralice. La radio ­la buena radio, un buen programa de radioteatro, por ejemplo- obliga a que uno torne en imagen curvilínea y atrayente la deliciosa voz femenina que llena de musicalidad el ambiente. La Ciencia Goetheana, como pedagogía Waldorf que originó el máximo discípulo de Goethe luego de muerto éste, Rudolf Steiner, se opone a mucho que es cine, cuando éste enferma 'a lo TV'. He allí por qué gente que profundiza en lo de Goethe-Steiner, mucho se alegró ante mis artículos acerca de los títeres de Yolanda Navas.

El niño del entorno educativo goetheano se vuelve un creador: genera el argumento, nace así el cuento, la novelilla; luego, se acarrea los muñecos al entorno que él mismo trae al mundo, se vuelve artista en una faceta más. Eso hace Rainer Simon cuando los indígenas aportan con cuentos de su tradición mágica y luego se vuelven actores ­humanos, animales, delmundo de los espíritus de la Naturaleza y los fantasmas- y se mantienen dentro de lo multifacético ­opuesto a lo multinacional que se anquilosa en la especialidad- propio de su ancestro. Este último, atahualpino en su esencia, se hermana, como en lo botánico, en lo médico y mucho más, con lo gotheano.

No basta un artículo ­que se queda en fracción de bosquejo- para que pinte yo el cuadro de la película chachi y del filme zápara de Simon. Los záparas, de paso, vieron Quito y su selva de cemento y se creyeron frente a un conjunto de tumbas. Medicina natural, magia curativa, ve uno en estas obras de ciencia y arte. Recuerdo ­,hace años, cuando el Departamento de Biología de la PUCE me invitó a que participara en cursos en los cuales estudiantes y profesores­ como eminencias europeas como los doctores Giovanni Onore y Tjitte De Vries- me interpelaban sobre temas como la Agricultura Biodinámica de Rudolf Steiner, mientras yo, en ánimo de aprender y casi en éxtasis, escuchaba a tan sapientes cuanto amenos y carismáticos profesores. Entraban allí elementos tales como los que llevan al espectador al éxtasis en obras de cine como las que aquí, muy a medias, describo. Que "la religión, el Arte y la Ciencia son los tres medios más importantes de la educación humana y son una trinidad en una unidad que no puede separarse sin torcer el punto de vista de cualquier cosa que investiguemos", dice la Sabiduría Goetheana. Eso vemos en el mundo chachi y también en el zápara. "La verdad Religiosa comprende a la vez la Ciencia y el Arte, porque enseña una vida hermosa que se armoniza con las leyes de la Naturaleza", agrega y eso tienen los mundos que Simon filma.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador