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¿Surge
poder cinematográfico atahualpino-bolivariano?
No hay escape: debe surgir.
Se torna basta con leer lo que el 19-II dice el columnista
Paul Harris, YELLOW TIMES.org del Canadá- nada menos que
en un imperativo la cuestión. Ese papel sin que para
nada lo haya buscado él u otro alguno- juega, digamos
que como parte del proceso evolutivo, más que de la especie
humana, del planeta, el Director Rainer Simon. Si no surge una
industria cinematográfica que en el mundo impacte entre
otras cosas por su indepencia frente a las transnacionales y
al racismo anglofascista-neoesclavista- aquí, en el Neotrópico,
podremos decir que las siete maldiciones rigen y que la coyunda
que ata de pies y manos se vuelve la rectora de todo lo que en
su esfera de acción encuentre. El indio, el indígena
remontado, libre del lloriqueo y los complejos, inbuído
del orgullo nacional que para nada existe en este territorio,
al que algunos llaman país mientras cada día claudica
más en la condición de tal, se debe manifestar
siempre como cuando, en los últimos días de Febrero,
llenó de toda su dignidad el Aula Benjamín Carrión
de la CCE en Quito.
Él, el indígena
de la Costa junto al de la Amazonía, saturó de
las virtudes que faltan en lo lloriqueante que mucho el difunto
columnista Presley Norton denunció como principalísima
causa entre las que conducen a la derrota antes de que aparezca
enemigo u obstáculo alguno, y saturó nada menos
que un ambiente cultural que mucho exige y que diversidad de
materias conoce. En película, que compiten con las mejores
de suspenso en cuanto la atención mantienen en vilo, se
tradujo la contribución de etnias aborígenes de
las partes del clima cálido y del carácter que
lucha y destila optimismo en estos parajes a los que esa enfermedad
venérea del cuerpo social que se autotitula 'civilización
occidental' ahoga en mecanicismo, materialismo y vicios. Entretiene,
a la vez que imparte lo que acarrea sabiduría, la película
que acerca de los indígenas chachis de Esmeraldas dirige
Rainer Simon. Allí en el entorno atahualpino de la
riqueza selvática, de lo tropical- se ve al indio en medio
de sus vegetales que nutren, de sus hierbas que curan lo 'incurable'
del Occidente del 'stress', las computadoras y del ser humano
que perdió ya todo lo que le solidariza con el prójimo,
peor todavía: con el entero planeta.
Interesa, como elemento de
estudio para el desarrollo del cine en medio de las culturas
que defienden su identidad, algo que se puede colocar entre los
descubrimientos en los que va a parar el que investiga. El Director
de cine alemán, Rainer Simon, casi no operó en
las tareas fímicas en medio de la selva, el tradicional
guión aquel que un especialista con mucha práctica
coloca como la enrieladura que, quiéranlo o no, la locomotora
y los vagones que vienen a ser quienes llevan la película
a la realidad deben seguir. No, otorgó, más bien,
campo para que hubiesen puesto de manifiesto su iniciativa, su
creatividad, los chachis. ¡Y ellos las desplegaron en pleno!
Es más, la película al igual que la que Rainer
Simon filmó con los záparas de la Amazonía
cuenta con elementos que idearon, a lo largo de un proceso
que culmina en que a ellos mismos se vea como actores, los propios
aborígenes. Fluye el diálogo hay escenas en
que la mente del espectador se ejercita a la par que disfruta
y aprende y la atención desempeña el papel
de la medicina que rescata al espectador. El mal, que tal ciencia
de lo curativo aniquila, denunciaron Radio Católica y
HCJB varias veces en la última porción de febrero
último: aquel que la televisión transnacional,
con intención malévola muchas veces, impone a la
gente a la que procura esclavizar. He allí una de las
raíces del neoesclavismo anglofascista que la gente muerde
como anzuelo, a tiempo que la desconoce: casi no circula la sangre
en el cerebro del adicto a la TV. La radio sirve cuando
obliga a que el escucha imagine cómo aparece ante la vista
lo que oye como terapia contra el mal televisivo. La TV
transnacional hace que la mente se paralice. La radio la
buena radio, un buen programa de radioteatro, por ejemplo- obliga
a que uno torne en imagen curvilínea y atrayente la deliciosa
voz femenina que llena de musicalidad el ambiente. La Ciencia
Goetheana, como pedagogía Waldorf que originó el
máximo discípulo de Goethe luego de muerto éste,
Rudolf Steiner, se opone a mucho que es cine, cuando éste
enferma 'a lo TV'. He allí por qué gente que profundiza
en lo de Goethe-Steiner, mucho se alegró ante mis artículos
acerca de los títeres de Yolanda Navas.
El niño del entorno
educativo goetheano se vuelve un creador: genera el argumento,
nace así el cuento, la novelilla; luego, se acarrea los
muñecos al entorno que él mismo trae al mundo,
se vuelve artista en una faceta más. Eso hace Rainer Simon
cuando los indígenas aportan con cuentos de su tradición
mágica y luego se vuelven actores humanos, animales,
delmundo de los espíritus de la Naturaleza y los fantasmas-
y se mantienen dentro de lo multifacético opuesto
a lo multinacional que se anquilosa en la especialidad- propio
de su ancestro. Este último, atahualpino en su esencia,
se hermana, como en lo botánico, en lo médico y
mucho más, con lo gotheano.
No basta un artículo
que se queda en fracción de bosquejo- para que pinte
yo el cuadro de la película chachi y del filme zápara
de Simon. Los záparas, de paso, vieron Quito y su selva
de cemento y se creyeron frente a un conjunto de tumbas. Medicina
natural, magia curativa, ve uno en estas obras de ciencia y arte.
Recuerdo ,hace años, cuando el Departamento de Biología
de la PUCE me invitó a que participara en cursos en los
cuales estudiantes y profesores como eminencias europeas
como los doctores Giovanni Onore y Tjitte De Vries- me interpelaban
sobre temas como la Agricultura Biodinámica de Rudolf
Steiner, mientras yo, en ánimo de aprender y casi en
éxtasis, escuchaba a tan sapientes cuanto amenos y carismáticos
profesores. Entraban allí elementos tales como los que
llevan al espectador al éxtasis en obras de cine como
las que aquí, muy a medias, describo. Que "la religión,
el Arte y la Ciencia son los tres medios más importantes
de la educación humana y son una trinidad en una unidad
que no puede separarse sin torcer el punto de vista de cualquier
cosa que investiguemos", dice la Sabiduría Goetheana.
Eso vemos en el mundo chachi y también en el zápara.
"La verdad Religiosa comprende a la vez la Ciencia y el
Arte, porque enseña una vida hermosa que se armoniza con
las leyes de la Naturaleza", agrega y eso tienen los mundos
que Simon filma.
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