| |
La
Garbo, más que una estrella absoluta
David Almeida G.
Recuerdo que una tarde, cuando
tenía 8 años de edad, me disponía a jugar
fútbol con unos amigos. Esa misma tarde miré en
un canal de televisión local que anunciaba un festival
dedicado a una actriz que hizo época en los inicios del
cine, sobre todo comercial. Se trataba de Greta Garbo.
Aquella imagen en blanco, negro y grises de una mujer de cuello
largo, cabello oscuro (se veía negro) y de mirada profunda
y cautivante se impregnaron en mi mente. Mientras jugaba con
amigos a la pelota se me venían como destellos esas imágenes,
junto a memorables actores donde ella, sin duda, los deslucía
o anulaba. Aquellos destellos de su rostro en mi cabeza me provocaban
preguntar a los otros niños si habían escuchado
o visto a Greta Garbo. Todos me decían que no.
Pasaron algunos años y ya no le volvieron a dedicar, en
un canal local por lo menos, un nuevo homenaje. Sin embargo,
hace pocos años en una señal de cable hablaron
de ella, sobre todo de su vida, logros, anhelos, frustraciones
y muerte. Sin duda, lo que vi de esa mujer en aquel especial
periodístico me incitó a empaparme de sus películas,
lamentablemente no de todas, pero las que miré fueron
lo suficiente para quedarme encantado por su rostro y sus expresiones.
Y SIGUE ENAMORANDO
Robert Payne en su libro 'La
Gran Garbo', mencionaba que las nuevas generaciones que surgen
son atraídas, encantadas y embrujadas por ella. "La
gran Garbo fue y sigue siendo la estrella absoluta, verdadera
y única 'diosa' en la historia de la cinematografía".
Sobre todo encanta a los amantes del buen cine y de toda su historia.
Es que entre las mujeres de su época, solo ella ha perdurado
como una auténtica leyenda, sin desmerecer a otras que
a mi gusto solo han llegado a ser divas. Greta Garbo no pronunciaba
discursos, no conducía movimientos ni nada por el estilo.
No fue una gran actriz. Su vida fue desprovista de grandes acontecimientos.
Pero su leyenda creció y se alimentó de su gran
belleza. Durante muchas generaciones se seguirá hablando
de la perfección de su rostro.
Payne, demostrando su admiración hacia la Garbo decía
que su rostro podía hacer envidiar a los mismos dioses:
"era un rostro del más exquisito refinamiento, cincelado
en el más frío de los aceros, purificado por los
fuegos más ardientes, suave como los guijarros de los
arroyos, y tan hermoso que daba miedo en la intensidad de su
belleza".
Es que lo suyo era la divina hermosura de la que siempre habló
Platón y sueñan los poetas. Y es lógico.
Esa belleza cautivó y ha cautivado a millones de espectadores
en el mundo entero.
UNA DIOSA, MÁS QUE
GRAN ACTRIZ
Eso pude comprobar en sus películas,
sobre todo en las primeras. Pero no es tanto sus interpretaciones
sino los personajes a los que tocó darle vida. Realmente
esta actriz fue enfrascada en papeles de poca monta, sin mucha
profundidad. En esas realizaciones era una mujer aventurera,
seductora y, en muchas (o casi todas)fatal. Se simplificaba el
estilo burgués de la época, donde una mujer era
el centro de atención por su belleza, que con una sonrisa
podía convertir a los hombres en sus esclavos o destrozarlos
con una sola mirada.
Es que sus facciones estaban dominadas por unos grandes ojos,
intensos y animados por una luz interior de gran intensidad que
parecían hablar aun cuando ella no pronunciase palabra
alguna, limitándose a observar y responder con la luz
siempre cambiante de su mirada.
Las expresiones de su rostro, siempre variables, se complementaban
con ese don de ser inolvidable, que se debía a su urgente
vitalidad: un entusiasmo salvaje, infantil, que parecía
fluir de su propia piel.
Pero esta misma belleza se interponía constantemente en
el camino de su talento de actriz, puesto que el espectador rara
vez tenía en cuenta las diferentes emociones que debía
expresar en los numerosos filmes que protagonizó. Es por
ello que Greta Garbo no era una actriz sino una diosa.
PROPIEDAD DE HOLLYWOOD
Su cuerpo era largo y flexible;
de pechos pequeños y de caderas llenas; sus manos eran
delgadas y bellamente formadas. Sin embargo eso no le importaba
mucho a su público. Lo que le hacía era su rostro.
Ni su talento y ganas para actuar bien importaban. Después
de su fugaz paso como intérprete en su natal Suecia junto
a Mauritz Stiller pasó a ser un producto de Hollywood
que cautivaba y convocaba a muchos espectadores a las salas de
cine. Solo existía su rostro y presencia. Que lástima.
En el fondo la figura de ella con sus expresiones proyectadas,
hacía que viéramos, a los más observadores,
que a su alrededor abundaban las ambigüedades. Se mostraba
al mismo tiempo remota o inusitadamente cercana. La veíamos
representando el rol de 'Femme Fatale', seductora y tentadora,
y sin embargo sabíamos que no era ninguna de las dos cosas.
Esto nos invita a preguntarnos ¿qué hubiera ocurrido
si le hubieran confiado papeles dignos de ella? Casi en el ocaso
de su carrera se pudo saber, pero era un poco tarde. Lamentablemente
la encasillaron.
Sin embargo, ya entrados los años 30, más bien
a finales, logró obtener ciertos papeles por los que fue
reconocida, entre ellos 'Mata Hari', 'Reina Cristina', 'La Dama
de las Camelias', 'Margarita Gautier' y 'Ninotchka'.
Ganó un Oscar en 1939 por 'Margarita Gautier' y otro más,
en su honor, en 1954. Lastimosamente, antes de ello, en 1941
dejó definitivamente el cine para ser una mujer anónima.
A Greta también le siguieron los escándalos, uno
de ellos: que le gustaban las mujeres. Muchos romances con lindas
féminas se le atribuyeron, aunque ninguna de ellas se
le asemejó en belleza. Jamás osaron ser tan hermosa
como ella, pero la tenían.
La Gran Garbo, después de una larga vida en el anonimato,
murió de neumonía en su casa de Nueva York, en
1990.
|
|