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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

La Garbo, más que una estrella absoluta

David Almeida G.

Recuerdo que una tarde, cuando tenía 8 años de edad, me disponía a jugar fútbol con unos amigos. Esa misma tarde miré en un canal de televisión local que anunciaba un festival dedicado a una actriz que hizo época en los inicios del cine, sobre todo comercial. Se trataba de Greta Garbo.
Aquella imagen en blanco, negro y grises de una mujer de cuello largo, cabello oscuro (se veía negro) y de mirada profunda y cautivante se impregnaron en mi mente. Mientras jugaba con amigos a la pelota se me venían como destellos esas imágenes, junto a memorables actores donde ella, sin duda, los deslucía o anulaba. Aquellos destellos de su rostro en mi cabeza me provocaban preguntar a los otros niños si habían escuchado o visto a Greta Garbo. Todos me decían que no.
Pasaron algunos años y ya no le volvieron a dedicar, en un canal local por lo menos, un nuevo homenaje. Sin embargo, hace pocos años en una señal de cable hablaron de ella, sobre todo de su vida, logros, anhelos, frustraciones y muerte. Sin duda, lo que vi de esa mujer en aquel especial periodístico me incitó a empaparme de sus películas, lamentablemente no de todas, pero las que miré fueron lo suficiente para quedarme encantado por su rostro y sus expresiones.

Y SIGUE ENAMORANDO

Robert Payne en su libro 'La Gran Garbo', mencionaba que las nuevas generaciones que surgen son atraídas, encantadas y embrujadas por ella. "La gran Garbo fue y sigue siendo la estrella absoluta, verdadera y única 'diosa' en la historia de la cinematografía". Sobre todo encanta a los amantes del buen cine y de toda su historia.
Es que entre las mujeres de su época, solo ella ha perdurado como una auténtica leyenda, sin desmerecer a otras que a mi gusto solo han llegado a ser divas. Greta Garbo no pronunciaba discursos, no conducía movimientos ni nada por el estilo. No fue una gran actriz. Su vida fue desprovista de grandes acontecimientos. Pero su leyenda creció y se alimentó de su gran belleza. Durante muchas generaciones se seguirá hablando de la perfección de su rostro.
Payne, demostrando su admiración hacia la Garbo decía que su rostro podía hacer envidiar a los mismos dioses: "era un rostro del más exquisito refinamiento, cincelado en el más frío de los aceros, purificado por los fuegos más ardientes, suave como los guijarros de los arroyos, y tan hermoso que daba miedo en la intensidad de su belleza".
Es que lo suyo era la divina hermosura de la que siempre habló Platón y sueñan los poetas. Y es lógico. Esa belleza cautivó y ha cautivado a millones de espectadores en el mundo entero.

UNA DIOSA, MÁS QUE GRAN ACTRIZ

Eso pude comprobar en sus películas, sobre todo en las primeras. Pero no es tanto sus interpretaciones sino los personajes a los que tocó darle vida. Realmente esta actriz fue enfrascada en papeles de poca monta, sin mucha profundidad. En esas realizaciones era una mujer aventurera, seductora y, en muchas (o casi todas)fatal. Se simplificaba el estilo burgués de la época, donde una mujer era el centro de atención por su belleza, que con una sonrisa podía convertir a los hombres en sus esclavos o destrozarlos con una sola mirada.
Es que sus facciones estaban dominadas por unos grandes ojos, intensos y animados por una luz interior de gran intensidad que parecían hablar aun cuando ella no pronunciase palabra alguna, limitándose a observar y responder con la luz siempre cambiante de su mirada.
Las expresiones de su rostro, siempre variables, se complementaban con ese don de ser inolvidable, que se debía a su urgente vitalidad: un entusiasmo salvaje, infantil, que parecía fluir de su propia piel.
Pero esta misma belleza se interponía constantemente en el camino de su talento de actriz, puesto que el espectador rara vez tenía en cuenta las diferentes emociones que debía expresar en los numerosos filmes que protagonizó. Es por ello que Greta Garbo no era una actriz sino una diosa.

PROPIEDAD DE HOLLYWOOD

Su cuerpo era largo y flexible; de pechos pequeños y de caderas llenas; sus manos eran delgadas y bellamente formadas. Sin embargo eso no le importaba mucho a su público. Lo que le hacía era su rostro. Ni su talento y ganas para actuar bien importaban. Después de su fugaz paso como intérprete en su natal Suecia junto a Mauritz Stiller pasó a ser un producto de Hollywood que cautivaba y convocaba a muchos espectadores a las salas de cine. Solo existía su rostro y presencia. Que lástima.
En el fondo la figura de ella con sus expresiones proyectadas, hacía que viéramos, a los más observadores, que a su alrededor abundaban las ambigüedades. Se mostraba al mismo tiempo remota o inusitadamente cercana. La veíamos representando el rol de 'Femme Fatale', seductora y tentadora, y sin embargo sabíamos que no era ninguna de las dos cosas.
Esto nos invita a preguntarnos ¿qué hubiera ocurrido si le hubieran confiado papeles dignos de ella? Casi en el ocaso de su carrera se pudo saber, pero era un poco tarde. Lamentablemente la encasillaron.
Sin embargo, ya entrados los años 30, más bien a finales, logró obtener ciertos papeles por los que fue reconocida, entre ellos 'Mata Hari', 'Reina Cristina', 'La Dama de las Camelias', 'Margarita Gautier' y 'Ninotchka'.
Ganó un Oscar en 1939 por 'Margarita Gautier' y otro más, en su honor, en 1954. Lastimosamente, antes de ello, en 1941 dejó definitivamente el cine para ser una mujer anónima.
A Greta también le siguieron los escándalos, uno de ellos: que le gustaban las mujeres. Muchos romances con lindas féminas se le atribuyeron, aunque ninguna de ellas se le asemejó en belleza. Jamás osaron ser tan hermosa como ella, pero la tenían.
La Gran Garbo, después de una larga vida en el anonimato, murió de neumonía en su casa de Nueva York, en 1990.

 
 
 
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