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Una locura más de Almodóvar
CÉSAR ULLOA TAPIA
cesarulloa77@hotmail.com
LA GENIALIDAD EN EL GUIÓN
Antes de sumergirse en la película
de Almodóvar una suerte de expectativa inunda el ambiente,
ya que este español se caracteriza por inyectar fuertes
dosis de atrevimiento, denuncia social y temas inusuales en sus
filmes a diferencia de los ya conocidos y desgastados «hollywodenses».
Estas historias son pobladas por una serie de antihéroes
para la sociedad, porque delatan situaciones que nadie quiere
reconocer por miedo a desnudar sus instintos, complejos y prejuicios.
Ayer fue «Todo sobre mi madre» y «Hablé
con ella», entre otras. Ahora, la pantalla gigante abre
el telón con «La mala educación», cinta
que para muchos es la más controversial del famoso director.
Esta historia se deja vivir
con intensidad, porque no responde a un manejo lineal. En ese
sentido, escapa a lo que nos han tenido acostumbrados las empresas
del celuloide norteamericano. Tampoco hay finales felices, pues
algunas situaciones cotidianas son más desgarradoras que
la misma fantasía. Aquí, la realidad es la única
actriz con todos sus matices, perfiles y ángulos. Incluso,
se podría decir que la última película de
Almodóvar es un ensamblaje de tres narraciones en una,
mediante un manejo que va de presente a pasado o flash back.
Algo así como un intento «cortazariano». Desde
ese punto de vista, la vida no es mirada como una suma de circunstancias
y causalidades, pero sí de conexiones, relaciones, nudos
y vínculos.
"La Mala educación"
es contada desde tres voces, sin que cada actor pierda su peso
protagónico y se salga de la trama. Todo surge cuando
un homosexual travestido (Ignacio) pone a descubierto sus dotes
de escritor y empieza a construir un guión para cine,
donde devela sus más mínimas experiencias, debilidades
y deseos. En este juego relata su iniciación sexual, denunciando
los abusos que sufrió por parte de un cura, el padre Manolo,
quien era su profesor de Literatura y luego director de la escuela
donde estudiaba. Desde niño tuvo que soportar los chantajes
sexuales del agresor para que no sea un chivo expiatorio.
La aspiración de Ignacio
era que el guión llegue a manos de Enrique, viejo amor
de escuela, el cual se había convertido en un aclamado
director de cine y que no veía desde hace 15 años.
A medida que consumía drogas y las llevaba a su cuerpo
por medio de jeringuillas, el travestido pensaba en dejar la
adicción a la heroína cuando pusiera punto final
a su narración y chantajear al cura, ahora convertido
en editor, para que pague su tratamiento. Mientras el espectador
observa el rodaje de «La visita», guión de
Ignacio, aprehende la segunda ficha. Dos personajes claves saltan
al escenario para ir completando el rompecabezas.
UNA SEGUNDA VOZ
«La visita» llega
a manos de Enrique. El guión trabajado en una vieja máquina
de escribir es entregado por Juan, hermano de Ignacio, quien
suplanta la identidad del travestido y dice ser actor de teatro.
En el primer encuentro, Juan le comenta a Enrique sobre las ilusiones
que tiene de llevar el documento a la pantalla grande. Además,
pone de manifiesto su deseo de interpretar al homosexual que
baila, realiza comedia e imita a Sara Montiel. El cineasta no
ofrece nada, pero es atrapado por la lectura del guión,
mientras recuerda los encuentros sexuales con su amor de escuela.
Desde ese instante, el director de cine comienza una lucha interna
por revivir aquellos años.
Enrique, en la soledad de su
casa, pone imaginariamente el guión en escena con unas
pequeñas adaptaciones. Al mismo tiempo, arma una estrategia
para reconquistar a Ignacio, pero esta intención se ve
desbocada en la primera salida, pues conoce a otro, a ese otro
que nunca fue Ignacio, a ese otro que le dijo que ya no «mamaba
las pollas a nadie». Sin embargo, el impostor supo meterse
en la vida del cineasta y aceptar todas las condiciones para
actuar en el filme. Enrique y Juan terminaron como amantes hasta
el final de la película.
Uno de los detalles más
importantes es la manera en que Juan es descubierto como impostor,
pero no delatado en su momento. Bastó un descuido: él
había olvidado una fosforera en la casa de Enrique, donde
constaba la dirección de un bar en otra ciudad. El director
de cine llegó hasta allí y comenzó a indagar
sobre la vida de su compañero. Enseguida, supo que Ignacio
había fallecido hace tres años por una sobredosis
de heroína y que Juan era su hermano menor, según
relató la madre de estos personajes, quien siempre miró
a sus hijos con ojos de madre. También se enteró
que el cura agresor estaba vivo y era editor. Hace años
había dejado los votos, estaba casado y tenía un
hijo.
UNA TERCERA VOZ
La voz del cura Manolo sale
a flote en la lectura del guión de Ignacio y en el rodaje
de la película, pero de manera directa cuando va en busca
de Juan a los estudios donde se grababa «La visita».
Juan había sido su amante Almodóvar explica la
causalidad de los hechos, argumentando desde el séptimo
arte que las circunstancias no existen. Bajo esta óptica,
la vida es entendida como una atadura de cabos que aparentemente
están sueltos y que se unen a futuro para dejar grandes
conclusiones en los momentos menos esperados. Por otra parte,
el uso de los recursos de imagen es muy creativo, pues grafica
las interioridades de los sujetos a través de metáforas
como la fragmentación de un cerebro para dividir en dos
la identidad de una persona. Asimismo, congela algunas escenas
para demostrar que hay experiencias que perviven en la retina.
Almodóvar demuestra
que hay múltiples formas de contar, que la linealidad
se agota porque la realidad no es una sucesión de puntos
en una sola dirección, que no hay «submundos»
ni «subculturas», sino concreciones desconocidas
y en peligro de ser mal interpretadas, que la denuncia social
no es, únicamente, la quema de palos, tira de piedras
y destrucción de bienes puede ser una declaratoria de
cambio desde el arte, sea cual sea, la manifestación escogida.
En cuanto a la banda sonora, el español escoge canciones
apegadas a la trama, al mensaje de los protagonistas, al contexto
donde ocurren los acontecimientos Es decir, no desconoce la importancia
de este recurso, pues la música es algo más que
palabra y sonido es también una actitud. Si se habla de
maquillaje y vestuario, los dos son un acierto, pues la caracterización
de los travestidos se aproxima a lo cotidiano.
PERSONAJES
«La mala educación»
es enriquecida por un elenco relevante. Gael García Berna
quien actuó en «Los amores perros» y «El
crimen del padre Amaro» personifica a Juan, mientras que
Fele Martínez hace las veces de Enrique. La cinta dura
aproximadamente 90 minutos de expectativa continua, pues nada
es implícito y se va de adelante hacia atrás. De
ahí que la trama se enriquezca por la falta de previsión
al final. La amenidad en el lenguaje es otro de los puntos más
rescatables, ya que crea proximidad y diferencia psicológicamente
el papel de los personajes. Amén.
VARIACIONES
"Almodóvar inyecta
fuertes dosis de atrevimiento, denuncia social y temas inusuales
en sus filmes".
"La última película
de Almodóvar es un ensamblaje de tres narraciones en unamediante
un manejo que va de presente a pasado".
"El cineasta español
explica la causalidad, argumentando desde el séptimo arte
que las circunstancias no existen".
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