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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Una locura más de Almodóvar

CÉSAR ULLOA TAPIA
cesarulloa77@hotmail.com

LA GENIALIDAD EN EL GUIÓN

Antes de sumergirse en la película de Almodóvar una suerte de expectativa inunda el ambiente, ya que este español se caracteriza por inyectar fuertes dosis de atrevimiento, denuncia social y temas inusuales en sus filmes a diferencia de los ya conocidos y desgastados «hollywodenses». Estas historias son pobladas por una serie de antihéroes para la sociedad, porque delatan situaciones que nadie quiere reconocer por miedo a desnudar sus instintos, complejos y prejuicios.  Ayer fue «Todo sobre mi madre» y «Hablé con ella», entre otras. Ahora, la pantalla gigante abre el telón con «La mala educación», cinta que para muchos es la más controversial del famoso director. 

Esta historia se deja vivir con intensidad, porque no responde a un manejo lineal. En ese sentido, escapa a lo que nos han tenido acostumbrados las empresas del celuloide norteamericano. Tampoco hay finales felices, pues algunas situaciones cotidianas son más desgarradoras que la misma fantasía. Aquí, la realidad es la única actriz con todos sus matices, perfiles y ángulos. Incluso, se podría decir que la última película de Almodóvar es un ensamblaje de tres narraciones en una, mediante un manejo que va de presente a pasado o flash back. Algo así como un intento «cortazariano». Desde ese punto de vista, la vida no es mirada como una suma de circunstancias y causalidades, pero sí de conexiones, relaciones, nudos y vínculos.

"La Mala educación" es contada desde tres voces, sin que cada actor pierda su peso protagónico y se salga de la trama. Todo surge cuando un homosexual travestido (Ignacio) pone a descubierto sus dotes de escritor y empieza a construir un guión para cine, donde devela sus más mínimas experiencias, debilidades y deseos. En este juego relata su iniciación sexual, denunciando los abusos que sufrió por parte de un cura, el padre Manolo, quien era su profesor de Literatura y luego director de la escuela donde estudiaba. Desde niño tuvo que soportar los chantajes sexuales del agresor para que no sea un chivo expiatorio. 

La aspiración de Ignacio era que el guión llegue a manos de Enrique, viejo amor de escuela, el cual se había convertido en un aclamado director de cine y que no veía desde hace 15 años. A medida que consumía drogas y las llevaba a su cuerpo por medio de jeringuillas, el travestido pensaba en dejar la adicción a la heroína cuando pusiera punto final a su narración y chantajear al cura, ahora convertido en editor, para que pague su tratamiento. Mientras el espectador observa el rodaje de «La visita», guión de Ignacio, aprehende la segunda ficha. Dos personajes claves saltan al escenario para ir completando el rompecabezas.  

UNA SEGUNDA VOZ

«La visita» llega a manos de Enrique. El guión trabajado en una vieja máquina de escribir es entregado por Juan, hermano de Ignacio, quien suplanta la identidad del travestido y dice ser actor de teatro. En el primer encuentro, Juan le comenta a Enrique sobre las ilusiones que tiene de llevar el documento a la pantalla grande. Además, pone de manifiesto su deseo de interpretar al homosexual que baila, realiza comedia e imita a Sara Montiel. El cineasta no ofrece nada, pero es atrapado por la lectura del guión, mientras recuerda los encuentros sexuales con su amor de escuela. Desde ese instante, el director de cine comienza una lucha interna por revivir aquellos años.  

Enrique, en la soledad de su casa, pone imaginariamente el guión en escena con unas pequeñas adaptaciones. Al mismo tiempo, arma una estrategia para reconquistar a Ignacio, pero esta intención se ve desbocada en la primera salida, pues conoce a otro, a ese otro que nunca fue Ignacio, a ese otro que le dijo que ya no «mamaba las pollas a nadie». Sin embargo, el impostor supo meterse en la vida del cineasta y aceptar todas las condiciones para actuar en el filme. Enrique y Juan terminaron como amantes hasta el final de la película.

Uno de los detalles más importantes es la manera en que Juan es descubierto como impostor, pero no delatado en su momento. Bastó un descuido: él había olvidado una fosforera en la casa de Enrique, donde constaba la dirección de un bar en otra ciudad. El director de cine llegó hasta allí y comenzó a indagar sobre la vida de su compañero. Enseguida, supo que Ignacio había fallecido hace tres años por una sobredosis de heroína y que Juan era su hermano menor, según relató la madre de estos personajes, quien siempre miró a sus hijos con ojos de madre. También se enteró que el cura agresor estaba vivo y era editor. Hace años había dejado los votos, estaba casado y tenía un hijo.    

UNA TERCERA VOZ

La voz del cura Manolo sale a flote en la lectura del guión de Ignacio y en el rodaje de la película, pero de manera directa cuando va en busca de Juan a los estudios donde se grababa «La visita». Juan había sido su amante Almodóvar explica la causalidad de los hechos, argumentando desde el séptimo arte que las circunstancias no existen. Bajo esta óptica, la vida es entendida como una atadura de cabos que aparentemente están sueltos y que se unen a futuro para dejar grandes conclusiones en los momentos menos esperados. Por otra parte, el uso de los recursos de imagen es muy creativo, pues grafica las interioridades de los sujetos a través de metáforas como la fragmentación de un cerebro para dividir en dos la identidad de una persona. Asimismo, congela algunas escenas para demostrar que hay experiencias que perviven en la retina.  

Almodóvar demuestra que hay múltiples formas de contar, que la linealidad se agota porque la realidad no es una sucesión de puntos en una sola dirección, que no hay «submundos» ni «subculturas», sino concreciones desconocidas y en peligro de ser mal interpretadas, que la denuncia social no es, únicamente, la quema de palos, tira de piedras y destrucción de bienes puede ser una declaratoria de cambio desde el arte, sea cual sea, la manifestación escogida. En cuanto a la banda sonora, el español escoge canciones apegadas a la trama, al mensaje de los protagonistas, al contexto donde ocurren los acontecimientos Es decir, no desconoce la importancia de este recurso, pues la música es algo más que palabra y sonido es también una actitud. Si se habla de maquillaje y vestuario, los dos son un acierto, pues la caracterización de los travestidos se aproxima a lo cotidiano.

PERSONAJES  

«La mala educación» es enriquecida por un elenco relevante. Gael García Berna quien actuó en «Los amores perros» y «El crimen del padre Amaro» personifica a Juan, mientras que Fele Martínez hace las veces de Enrique. La cinta dura aproximadamente 90 minutos de expectativa continua, pues nada es implícito y se va de adelante hacia atrás. De ahí que la trama se enriquezca por la falta de previsión al final. La amenidad en el lenguaje es otro de los puntos más rescatables, ya que crea proximidad y diferencia psicológicamente el papel de los personajes. Amén.     

VARIACIONES

"Almodóvar inyecta fuertes dosis de atrevimiento, denuncia social y temas inusuales en sus filmes".

"La última película de Almodóvar es un ensamblaje de tres narraciones en unamediante un manejo que va de presente a pasado".

"El cineasta español explica la causalidad, argumentando desde el séptimo arte que las circunstancias no existen".

 
 
 
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