Secciones

Nacional
Local
Cultural
Economía
Mundo
Farándula
Artículos de Opinión
Portadas Impresas

Vida Social
Obituarios
Caricatura del Día
Todos los Titulares
Avisos Judiciales

 Revistas

Judicial
Artes
Humor Político
Chasqui
Ecuador DEBATE
Ciencia y Tecnología
Autos y Velocidad
Autonomías
La Descentralización
en Ecuador
Cuadernos sobre Descentralización
Quito Capital de
la Cultura
Especial de Aniversario
Todo Manabí
en el mismo sitio

 Pasatiempos

Cocina
Horóscopo
Horóscopo Sexual
Cines y Carteleras
Cine por TvCable
Guía de Televisión
Lotería Nacional
Embrujos y Hechizos

 Cultura

Cultura del Ecuador
Historia del Ecuador
Palabra e Imagen
Pintores del Ecuador
Galería virtual de Arte
Lectura, literatura y educación
Clásicos de la Poesía

 Servicios

Diarios del Mundo
Museos del Mundo
Webs del Ecuador
Universidades
Bibliotecas
Becas Estudiantiles
Idioma Gratis
Entidades
Financieras
Licitaciones
Recupere su
Vehículo
Turismo
Un país para todos
Ayuda a Migrantes
Ayuda con un click
Consultas Médicas
Consultas
Oftalmólogicas
Buscadores
Consulta Padrón Electoral - TSE

MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Cine del Ecuador: entre el delirio y la incertidumbre

Juan Pablo Castro Rodas

El 2004 fue un año peculiar en la más reciente historia de cine ecuatoriano. Se estrenaron dos largometrajes de singular importancia. El primero Mientras llega el día de Camilo Luzuriaga, de corte histórico. El segundo Crónicas de Sebastián Cordero, primera super producción. La producción de cortos aumentó compitiendo con la sabiduría de los conejos. Además, los festivales de cine de Cuenca, de Quito (el Cero latitud, particularmente) apuntan un paso a la consolidación. También el MACC en Guayaquil crece con las aguas cercanas de la ría.
Ha sido un tiempo nuevo para el cine. Los ojos ávidos de los espectadores acudieron al encuentro con la oscuridad y la fascinación. Las historias proyectadas en la pantalla generaron palabras, ideas, emociones encontradas. Pero como suele ser en nuestro país del delirio pasamos a la incertidumbre. En ese tránsito nos distanciamos de lo que vimos, de lo que sentimos. La euforia que supone el acercamiento a las películas se desvanece por las sombras que siempre llegan. Así somos. A ello acudimos.

Los largometrajes

Nuestro cine, en crecimiento indudable, exige responsabilidad. Son pocas las películas que se estrenan por año. Son pocos los cineastas que trabajan permanentemente. Debido a esto sus películas deben soportar todo el peso de la crítica. No solo de aquella que busca descifrar los signos que están más allá de lo evidente. Si no, y sobre todo, la del gran público. Ese colectivo de miradas que buscan en las historias encontrarse con algo de lo que supone esta simulación llamada nación. De ahí que Mientras llega el día haya resultado un desencuentro, una versión apurada de un pedazo de nuestra historia. La sensación de vacío, de malestar no pudo disimularse ni con la espléndida construcción de los escenarios. Aunque se mantuvo durante varias semanas en cartelera (siempre importante, desde luego) hubo una generalizada, y a veces descarnada, demanda a los creadores.
En el caso de Crónicas el nacimiento de una relación con productoras internacionales, así como su participación en Cannes como la primera cinta ecuatoriana, constituyen puntos a destacarse. Esta, para nosotros todavía, superproducción marcó gran expectativa. La llegada de los actores Damián Alcázar y Jhon Legízamo supuso una creciente emoción en una país acostumbrado a una débil y apenas llamativa farándula. Sin embargo el encuentro con un universo violento, mediatizado por el sensacionalismo, así como una pobreza convertida en el gran motivo estético apenas resultó sorprendente. Así vivimos en el día a día. Los noticieros de toda Latinoamérica están plagados de historias similares. Los marginales y sus desdichas sensualizadas en la lente se hallan en cada barrio. El poder, el cinismo nos patean a todos. Esta película es otra más. Quizás la menos ecuatoriana de los últimos años.

Los cortometrajes

Desde hace algunos años este es un país de cortos. La creación de carreras universitarias ha impulsado a un grupo de jóvenes realizadores. Decenas de producciones se han podido mirar en los distintos foros. Pero no necesariamente esta superpoblación de imágenes determina en encuentro con la alegría. Llama la atención en este sentido que el festival de cine de Cuenca haya declarado desierto el premio en esta categoría.
En el caso del festival Cero Latitud también tuvimos que enfrentarnos a trabajos de desafortunada presencia. La mayoría (no cabe nombrarlos) se encuentran en una evidente fase de formalismo. Las historias se subordinan a la puesta en escena, a la construcción del discurso narrativo. Es como si importase cómo se cuentan, nada más. Las tazas, los zapatos, los árboles como motivos estéticos no logran converger en un todo organizado y armónico. La impresión de frases edulcoradas, cursis, sobre escenarios andinos resulta casi insoportable. En el otro caso están las historias que acuden a los lugares comunes como los atavismos a las drogas, a la seducción, al engaño. Historias inverosímiles, que rompen al instante la fascinación del cine, apretadas en una puesta en escena desaliñada, con una sintaxis ofensiva. ¿Hay curadores exigentes que potencien el desarrollo de los cortometrajes nacionales sin importar el consabido y patético impulso al talento nacional? ¿Los jóvenes cineastas conciben a su ejercicio como una búsqueda de una estética propia, alejada de lo obvio, singular, íntima? Talvez sea el momento de mirar lo que estamos produciendo. Alejarnos de la solvencia técnica y enfrentarnos a las preguntas.

Los festivales

El de Cuenca, entre ríos. Todavía distante del egocéntrico afán quiteño. Pero necesario precisamente porque retoma y justifica la tan venida a menos idea de una ciudad de cultura. Este año pasado con un mini escándalo por la decisión del jurado de declarar desierto el premio para los cortometrajes. De eso se tratan los festivales: de mover las aguas empantanadas. Las decisiones casi siempre están en contra de lo que opinan los públicos. Ahí está la gracia. Las palabras surgen entonces para cuestionar lo que los otros miran. Los descontentos permiten que el mundo se mueva.
Los festivales de Quito, entre montañas. Quito T Muestra, eficiente y frío. La selección de películas resulta siempre atractiva. Demasiado próximo al Cero Latitud.Los espectadores demandan una organización que conlleva apoyo mutuo.
El segundo año del Cero Latitud caminó hacia delante. La organización mejoró, aunque el tema de la prensa todavía les resultó complicado de manejar. La creación de un jurado de la crítica y la prensa resultó un enunciado. En la práctica se perdió en los vericuetos. La selección de los cortos se mostró excesivamente generosa, apenas exigente. La de las películas en competencia debe también repensar hacia dónde quiere que vaya el festival. Las muestras paralelas fueron abundantes y persuasivas. El cambio de sede principal constituyó un acierto. La presencia de un centro acogedor y cercano al mundo de los espectadores permitió mantener un flujo constante de cinéfilos. Aunque la noche inicial el encanto se derrumbó, por una inconcebible falla técnica, con el paso de los días el festival fluyó. Claro lo que nos interesa ver son las películas. Lo que está atrás de las cámaras es apenas anecdótico.
La película ganadora La espera nos lleva a preguntarnos qué cine estamos haciendo en este lado del mundo. No solamente en Uruguay, de donde proviene esta cinta, sino en Perú, en Venezuela, en Brasil, en México, en Chile. Las historiasnos someten a un permanente dolor, a una suerte de universos devastados de los cuales casi no es posible escapar. La esperanza aparece como un muñeco tirado a la basura. ¿Eso es lo que somos? ¿Este es un continente así, en el abismo, en el desconcierto, en la agonía? ¿Realmente nuestro cine nos retrata o hace de nosotros un imaginario? ¿Qué le interesa proyectar a este festival, qué miran los jurados? Este festival debe generar mesas de discusión más amplias que superen el hecho cinematográfico y trasciendan a un compromiso político.

Las preguntas que lanzamos tienen la intención de generar una mirada aguda de lo que somos, de los que pretendemos ser. El arte, el cine, permiten la construcción de un mundo. A través del lenguaje es posible reorganizar las estructuras de la sociedad. Al menos mientras la película se proyecta. En cada uno de los cuadros cabe la posibilidad del sueño, de la fantasía, de la sorpresa. No queremos un cine que nos mienta, que invente historias con hadas y superhéroes, con divas salvajes y finales felices. No queremos un cine que nos enajene, que nos alucine, que nos invada. Pero tampoco queremos un cine que nos apuñale, que nos haga sangrar, que nos acerque al gozo perverso de lo que no queremos ser. Queremos un cine que nos mire de frente, que nos abrace, que nos someta, pero que nos haga creer que otro mundo es posible.

 
 
 
 Temas
Arquitectura
Caleidoscopio
Ciencia
Cine
Danza
Escaparates
Filosofía
Historia
Música
Museos
Talentos
Teatro
Plástica
Plumas
Variaciones
 
 
 
 

La Hora 2002
- Quito - Ecuador