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Mar adentro
César Ulloa Tapia
cesarulloa77@hotmail.com
¿Se puede hablar de
dignidad cuando una persona depende de otra para un acto tan
sencillo como el de llevarse una cucharada de sopa a sus labios?
¿Se puede hablar de libertad cuando la vida transcurre
en una cama, mientras el tiempo se hace eterno? ¿Se puede
hablar de plenitud cuando hay total conciencia de que una planta
puede más? ¿Se puede permitir que haya millares
de humanos conectados de manera artificial aun en contra de su
voluntad y sabiendo que la muerte les coquetea? ¿Se puede
prolongar la vida de un moribundo, jugando a dioses sin ninguna
atribución válida que la de una compasión
dañina para el enfermo? ¿Cuál es la línea
entre la vida y la muerte, entre la libertad y la dignidad?
Preguntas complejas, si se
toma en cuenta que cada uno de nosotros es un laberinto de razones,
sensibilidades y creencias. Para salir de cada callejón
no solo vasta conocimiento, sino una cierta dosis de intuición,
pero ante la pregunta mayor nadie tiene una respuesta concreta.
De ahí que algunos filósofos como Fernando Savater
hayan dicho que la interrogante más compleja de la vida
es la muerte. Este intelectual en su último libro, "Los
diez mandamientos en el siglo XXI", analiza este tema cuando
se refiere al mandamiento que dice "no matarás",
el cual tiene que ver con múltiples hechos como la guerra,
el aborto, el homicidio, el suicidio y la eutanasia.
De esta última situación
nos vamos a referir. El cineasta español Alejandro Amenábar
abre el debate sobre la eutanasia en toda la comunidad, a partir
de la entrega de uno de los mejores filmes de los últimos
tiempos. "Mar adentro" hace visible la problemática
de millones de personas que en total atributo de sus facultades
deciden renunciar a la vida, porque no consideran digna su presencia
por falta de posibilidades para valerse por sí mismas,
porque están concientes y miran a diario como se mueren,
porque sienten el dolor que causan a sus cercanos, porque no
creen en aquella justicia que se convierte en un mecenazgo eterno,
porque han pasado en una cama mientras alguien les cambia de
posición cada tres horas, porque no se aguantan
a sí, porque la vida pasó sin dejarles un as en
la manga.
LA FIDELIDAD DEL DRAMA
Ramón Sampedro, personaje
principal de la película, es tetrapléjico. No puede
mover sus articulaciones desde el cuello hacia bajo. Ha estado
en la cama durante 25 años, desde los 19. Su estado físico
obedece a un accidente de juventud, donde el espíritu
de marinero le llevó a desafiar al océano. Y a
pesar de que era un experto nadador, intentó un clavado
en un lugar con marea baja. Lamentablemente, no calculó
la resaca y cayó de cabeza sobre la arena. La fuerza del
impacto hizo que flote inconscientemente durante unos minutos
hasta que alguien le rescató. Al igual que en algunos
testimonios, Ramón cuenta que vio pasar su vida en segundos
como si estuviera frente a una máquina que rueda secuencias
muy rápidas y fotográficas. Los pasajes más
importantes de su existencia pasaron en un santiamén.
La muerte, en ese primer acercamiento, no fue un sendero hacia
ningún túnel, puerta o luz blanquecina, sino un
álbum de fotos casi virtual.
El mar es el eje referencial
del filme. Azul y profundo es el sosiego que espera el personaje
principal ante dos décadas de inmovilidad. Las olas que
van y vienen, le recuerdan su pasado, porque fue marinero. Antes
del accidente era mecánico de barcos. Recorrió
el mundo sin dinero, de lo cual se alegra. "Para viajar
sin dinero, hay que ser marinero". De su paso por varios
lugares, le queda una estela de imágenes inolvidables
y vagabundas en su retina. Parece que la experiencia fue una
anécdota lejana. No hay pasado vivo, ni futuro cercano,
solo un presente repetitivo para el protagonista. Por esa causa
exige su libertad, entendida como el acto de decidir sobre su
vida...
Después de un cuarto
de siglo en cama, el tetrapléjico arma una batalla contra
la función judicial de su país. No cree que nadie
esté en la facultad, derecho y obligación de decidir
sobre la vida de los demás. Mucho menos, si no sienten
en carne propia la inmovilidad, dependencia y crisis de inercia
de muchos moribundos, enfermos incurables y con una infinidad
de males. Este llamado social tendrá en la Iglesia una
detractora crucial. Al punto de que varios curas condenan la
postura de Ramón, porque la vida está en manos
de Dios, como un sacerdote menciona en la película. Sin
embargo, no hay dogma que le detenga al marinero. En ese sentido,
se enfrentan convicciones y creencias en el ámbito cinematográfico.
Un punto invalorable de Amenábar, pues no se queda solo
en el mostrar.
TRAMA EN TRES ÁNGULOS
Mar adentro es una suerte de
madeja que se entreteje por tres historias a guisa de triángulo.
Una abogada, una locutora de radio aficionada y una psicóloga
enriquecen las lecturas paralelas. Julia es la defensora de Ramón,
a quien le une algo común: una enfermedad incurable que
le va mermando el uso de sus sentidos. Rosa es una locutora
que se acerca al protagonista, porque le vio en televisión
motivándola a brindarle ánimos, mientras que la
psicóloga es la profesional que pasó al plano de
amiga durante el proceso de lucha contra la función judicial.
Ella encabeza una organización que apoya la eutanasia.
Como se puede notar, el papel de la mujer es decidor en la película.
Ramón es el punto donde
confluye la vida de las actrices. Con cada una lleva una relación
particular. Para Rosa es un soporte moral y anímico,
ya que ha visto en él una dosis alta de madurez, ternura
y humor incomparable en relación con los padres de sus
hijos pequeños. Para la psicóloga, el marinero
es una muestra viva de dignidad, lucha, coraje y defensa de principios,
mientras que para Julia es un caso a defender por complicidad,
sentido de pertenencia y luego por un amor castrado por la muerte
lenta. A Ramón y Julia les ata la similitud de su presente,
pero también el descubrimiento de que el amor no conoce
deficiencias, que el amor no solo es el encuentro de los sexos,
que el amor puede comenzar y continuar con una mínima
caricia, pero con enorme fuerza.
APRENDIZAJES
Amenábar construye un
personaje que abre el debate sobre la libertad y su sentido de
práctica, pensamiento y principio universal. A lo largo
de la trama, nos muestra la crudeza de un caso real, que puede
ser el de miles de personas. Uno de los hechos más plausibles
y relevantes del filme es que nunca cae en el discurso del lamento,
la clemencia o la pena, sino más bien que nos invita a
la reflexión, pues a través de su personaje nos
grita que el conocimiento de la muerte, nos posibilita ser mejores:
"todo en vida". Por otro lado, el personaje nos mantiene
atentos por la fuerte dosis de humor que inyecta como por sus
criterios sobre la vida, aunque -contradictoriamente- luche por
la muerte. Asimismo, nos manifiesta que a pesar de las deficiencias
hay miles de maneras de salir a flote. Ramón escribía
con la ayuda de sus labios.
A pesar de la fuerza del argumento,
la película no cae en el morbo ni en la polémica
gratuita y sin sustento. En cada escena nos envuelve el olor
a mar, la valentía y defensa por la dignidad. Cabría
preguntarse, ¿por qué ahora que se habla tanto
del amor al prójimo, la eutanasia ha quedado en el rincón
de las escobas? ¿La prolongación de la vida no
será acaso la prolongación del dolor del enfermo
y la de sus familiares y más cercanos? ¿Hasta dónde
llega el amor por alguien, si se le mantiene inerte o como un
objeto? ¿Por qué irse en contra de la voluntad
de alguien si prefiere morir antes que vivir sin vivir? ¿Por
qué dejar que la vida sea una muerte lenta en vida? Amén.
Variaciones
"El cineasta español,
Alejandro Amenábar, abre el debate sobre la eutanasia
en toda la comunidad, a partir de la entrega de uno de los mejores
filmes de los últimos tiempos: Mar adentro".
"El tetrapléjico,
Ramón Sampedro, arma una batalla contra la función
judicial de su país, porque cree que nadie está
en la facultad, derecho y obligación de decidir sobre
la vida de los demás".
"La película nos
enseña aquello de que el amor no conoce deficiencias,
que no solo es el encuentro de los sexos, que puede comenzar
y continuar con una mínima caricia".
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