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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

La danza, fuego del alma

El Comité Internacional de Danza con el Instituto Internacional de Teatro (ITI-UNESCO), en el año 1982 designó el día 29 de abril como fecha para que se celebre anualmente EL Día Internacional de la Danza.

El hombre comúnmente baila, que no es otra cosa que mover segmentos corporales específicos, bajo ciertas pautas rítmicas y diseños formales establecidos por una época y dentro de regiones geográficas definidas; esta acción, que en el fondo se motiva en el espíritu de la danza, no se la puede llamar así, aunque el bailarín experimenta un disfrute o encuentra en ella, un sentido de integración grupal.

Parte integral del ser humano

Pretender hablar de la danza exige hablar del hombre, desde su inicio, hasta su recorrido a través de la vida y como ser social. Así, si observamos al hombre, antes de desarrollar la danza, en su primer contacto vital, vemos que lo hace con aquello que tiene más cerca de sí: su propio cuerpo.


Este contacto le permite aceptarse a sí mismo como una entidad íntegra e integrada a un entorno, le posibilita también comprender que físicamente tiene un volumen, que existen en sí procesos diferentes y que estos procesos biológicos se manifiestan inmediatamente en sensaciones e inquietudes físicas, que, en principio, no presentan orden ni configuración, controlados por la voluntad ni por las normas.


En última instancia, son respuestas que se expresan, a través de la voz y del movimiento, como expresiones corporales espontáneas únicamente.
Cuando este ser organiza sus manifestaciones y establece acuerdos con la comunidad, da origen a las destrezas cotidianas, las ceremonias, los ritos, las praxis de exteriorización de sus estados anímicos personales y colectivos, con los que se comunican.

Los lenguajes no verbales

Cuando el ser humano descubre la diferencia entre los movimientos de la vida práctica y las formas de movimientos que le llevan a la interpretación de aquellos y realiza una sucesión de poses con su cuerpo desplazado en el espacio, que representan o simbolizan situaciones concretas, entonces nacen las artes del movimiento, y entre ellas la danza.


La danza, en el sentido más general, es la expresión del ejercicio de las libertades de un individuo que siente, en un instante determinado, la necesidad de exteriorizar sus estados internos personales, mediante los movimientos de su cuerpo, desarrollados en una sucesión de formas posturales en el espacio que lo rodea y con los que, pretende aclararse y dar respuestas a la relación que los seres tienen con el mundo.


De lo que, se constata que en la danza se hacen presentes tres elementos fundamentales: el yo, el espacio y el tiempo. Dicho de otro modo: ¿Quién soy? ¿Cuál mi relación (mi, en sentido colectivo) con el aquí y el ahora?

Multidireccional

Siendo la danza un producto de cultura, cada comunidad ha encontrado y desarrollado formas características de expresar esta relación, así, para los pueblos andinos por ejemplo, se dice que el factor más importante que se destaca en su danza es el contacto pies-tierra, el que, desde la visión de la expresión corporal, corresponde a la relación voluntad-realidad: "el yo" que decide afirmar su estabilidad, consolidar su pertenencia, proyectar su continuidad en el aquí (donde pisa) y el ahora (en el momento que lo hace). En "el ahora" que pasa de instante en instante. En ese presente que no permite distanciar la reacción emocional de la elucubración racional.


El contacto pie-tierra, que revive la relación del hombre con su medio y que se resuelve en la dedicación agrícola, lo que le permite concebir explicaciones, concepciones y mitos acerca de la fecundidad, la reproducción, la maternidad y el protectorado de la tierra.

La danza andina

En la danza andina, esta voluntad se hace presente cada vez que el danzante la ejecuta y la decisión de actualizarla está siempre latente, porque representa la decisión colectiva, ya que, como todo ser tiende a la exploración de su libertad, y como la danza es una forma cultural, también quien observa, capta el sentido de la expresión, se identifica con él y encuentra que la libertad del ejecutante y los estados personales que él expresa, son también suyos.


La danza de un pueblo, pone en actualidad, cada vez que se la ejecuta, las nociones y concepciones que tienen los colectivos humanos acerca de sí mismos, de lo que son, de lo que tienen en común y de la misión que creen tener en la existencia, desde sus orígenes hasta la proyección más lejana en el tiempo futuro, por lo que se asocia con la inmortalidad y "supervive" en un permanente retorno, como un obstinado rítmico. La danza, aunque concluye el momento mismo en que termina el acto "dancístico", no muere, sino que continúa latente hasta el próximo momento venidero.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador