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La danza, fuego del alma
El Comité Internacional
de Danza con el Instituto Internacional de Teatro (ITI-UNESCO),
en el año 1982 designó el día 29 de abril
como fecha para que se celebre anualmente EL Día Internacional
de la Danza.
El hombre comúnmente
baila, que no es otra cosa que mover segmentos corporales específicos,
bajo ciertas pautas rítmicas y diseños formales
establecidos por una época y dentro de regiones geográficas
definidas; esta acción, que en el fondo se motiva en el
espíritu de la danza, no se la puede llamar así,
aunque el bailarín experimenta un disfrute o encuentra
en ella, un sentido de integración grupal.
Parte integral del ser humano
Pretender hablar de la danza
exige hablar del hombre, desde su inicio, hasta su recorrido
a través de la vida y como ser social. Así, si
observamos al hombre, antes de desarrollar la danza, en su primer
contacto vital, vemos que lo hace con aquello que tiene más
cerca de sí: su propio cuerpo.
Este contacto le permite aceptarse a sí mismo como una
entidad íntegra e integrada a un entorno, le posibilita
también comprender que físicamente tiene un volumen,
que existen en sí procesos diferentes y que estos procesos
biológicos se manifiestan inmediatamente en sensaciones
e inquietudes físicas, que, en principio, no presentan
orden ni configuración, controlados por la voluntad ni
por las normas.
En última instancia, son respuestas que se expresan, a
través de la voz y del movimiento, como expresiones corporales
espontáneas únicamente.
Cuando este ser organiza sus manifestaciones y establece acuerdos
con la comunidad, da origen a las destrezas cotidianas, las ceremonias,
los ritos, las praxis de exteriorización de sus estados
anímicos personales y colectivos, con los que se comunican.
Los lenguajes no verbales
Cuando el ser humano descubre
la diferencia entre los movimientos de la vida práctica
y las formas de movimientos que le llevan a la interpretación
de aquellos y realiza una sucesión de poses con su cuerpo
desplazado en el espacio, que representan o simbolizan situaciones
concretas, entonces nacen las artes del movimiento, y entre ellas
la danza.
La danza, en el sentido más general, es la expresión
del ejercicio de las libertades de un individuo que siente, en
un instante determinado, la necesidad de exteriorizar sus estados
internos personales, mediante los movimientos de su cuerpo, desarrollados
en una sucesión de formas posturales en el espacio que
lo rodea y con los que, pretende aclararse y dar respuestas a
la relación que los seres tienen con el mundo.
De lo que, se constata que en la danza se hacen presentes tres
elementos fundamentales: el yo, el espacio y el tiempo. Dicho
de otro modo: ¿Quién soy? ¿Cuál mi
relación (mi, en sentido colectivo) con el aquí
y el ahora?
Multidireccional
Siendo la danza un producto
de cultura, cada comunidad ha encontrado y desarrollado formas
características de expresar esta relación, así,
para los pueblos andinos por ejemplo, se dice que el factor más
importante que se destaca en su danza es el contacto pies-tierra,
el que, desde la visión de la expresión corporal,
corresponde a la relación voluntad-realidad: "el
yo" que decide afirmar su estabilidad, consolidar su pertenencia,
proyectar su continuidad en el aquí (donde pisa) y el
ahora (en el momento que lo hace). En "el ahora" que
pasa de instante en instante. En ese presente que no permite
distanciar la reacción emocional de la elucubración
racional.
El contacto pie-tierra, que revive la relación del hombre
con su medio y que se resuelve en la dedicación agrícola,
lo que le permite concebir explicaciones, concepciones y mitos
acerca de la fecundidad, la reproducción, la maternidad
y el protectorado de la tierra.
La danza andina
En la danza andina, esta voluntad
se hace presente cada vez que el danzante la ejecuta y la decisión
de actualizarla está siempre latente, porque representa
la decisión colectiva, ya que, como todo ser tiende a
la exploración de su libertad, y como la danza es una
forma cultural, también quien observa, capta el sentido
de la expresión, se identifica con él y encuentra
que la libertad del ejecutante y los estados personales que él
expresa, son también suyos.
La danza de un pueblo, pone en actualidad, cada vez que se la
ejecuta, las nociones y concepciones que tienen los colectivos
humanos acerca de sí mismos, de lo que son, de lo que
tienen en común y de la misión que creen tener
en la existencia, desde sus orígenes hasta la proyección
más lejana en el tiempo futuro, por lo que se asocia con
la inmortalidad y "supervive" en un permanente retorno,
como un obstinado rítmico. La danza, aunque concluye el
momento mismo en que termina el acto "dancístico",
no muere, sino que continúa latente hasta el próximo
momento venidero.
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