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Murriagui
y Toledo, dos comprometidos con la danza
A CuerpoLuz o el encuentro
con el ser interior, los dos coreógrafos y bailarines
están en Quito transmitiendo sus conocimientos.
D. M. Olaya
Una lúgubre luz ilumina
escasamente cuerpos que se balancean de un lado a otro. Se retuercen,
se revuelcan en el piso, parecen poseídos por un extraño
espíritu. La oscuridad y las negras telas que cuelgan
de las paredes de la sala Mariana de Jesús, confabulan
para completar la temeridad del escenario.
Pero no, no se asuste, no es
un cuento de terror y mucho menos una escena de crónica
roja. Es la obra "CuerpoLuz". Conforme se desarrolla
la trama, los movimientos corporales aumentan, los cuerpos se
encienden con su energía interior e iluminan toda la sala.
Es un montaje dancístico que se interesa por el aspecto
místico y ritual del hombre, donde el cuerpo se convierte
en receptor y emisor de energías.
"CuerpoLuz" es dirigido
por Marcelo Murriagui y Bayron Toledo, dos baluartes para el
arte ecuatoriano, no viven en nuestro país, residen en
Francia, pero cada año religiosamente retornan a Ecuador.
Para Marcelo "Venir a nuestro país es como volver
a recargar las energías, porque crean o no, aquí
en nuestro país hay mucha energía, no se si será
porque estamos en el centro del planeta o por que ame mi tierra
y no es nostalgia es amor, pero de que hay, hay una energía
especial".
Luz materia, luz espíritu,
luz espacio. Nosotros, luz en nacimiento, danza luz Montaje de
dos coreógrafos, dos experiencias, dos estilos, dos generaciones,
un propósito: llevar adelante un proyecto y juntar bailarines
de distintas instituciones de la danza del país. Intérpretes:
Terry Araujo, Andrea , Jaramillo, David Guasgua, Cecilia Andrade,
Romel Alencastro, Sofía Calderón, Bayron Paredes
y Marcelo Murriagui, con música de OUM. Kalsum Mugar,
Sipriam de Pompurescu, Tambores del Brons y Carlos. Esta obra
es una reflexión a la luz que nos rodea, a la luz que
llevamos dentro, a la energía que domina el mundo. Es
la posibilidad de abrirnos al mundo, despertar la otra parte
de nuestro cuerpo que permanece anestesiada. Volvamos a vivir
completos, sin mancha en nuestra luz interior.
Para Bayron aunque éstas
son vacaciones, una vez más ha terminado trabajando un
proyecto. Afirma que para él lo interesante es que por
primera vez ha trabajado con Murrriagui para montar una coreografía.
Siempre hemos intercambiado trabajos, pero nunca en conjunto".
Para estos dos coreógrafos
lo más difícil fue unir a bailarines de diferentes
generaciones y puntos de vista en un mismo escenario. Para montar
CuerpoLuz no encontraron apoyo en la empresa privada y menos
de las instituciones públicas, pero sí del Ballet
Ecuatoriano de Cámara y del Frente de Danza Independiente,
que aportan no solo con el espacio físico de la sala sino
con los bailarines para montar el espectáculo.
Una pasión y una
vida
Para ellos Murriagui
y Toledo- la danza es una pasión, es una forma de vida,
y cuando se ama lo que se hace, el trabajo nunca puede ser aburrido.
Murriagui tiene 30 años
de vida en Francia, fue alumno del reconocido bailarín
chileno Germán Silva para luego convertirse en su discípulo
más cercano, tanto así que a la muerte del maestro,
el alumno tomó la posta de los proyectos del profe y continuó
con uno de los sueños más grandes de su maestro
que fue crear el Ballet Germán Silva en Francia, hoy Compañía
Bailando.
No a la migra, sí
al intercambio
Cuando escucha la palabra migrante,
se altera y pide que no se de esa calidad a los artistas. Por
ese motivo apoyan un proyecto de intercambio cultural entre Ecuador
y Francia, ejecutado por la Compañía Bailando.
Se lleva jóvenes, con un sueldo, una beca y además
una gira artística, para que luego regresen al país
fortalecidos con estas experiencias para que puedan compartir
con los demás.
París es un mercado
grande dice Murriagui, donde hay artistas de todo el mundo pero
hay que competir, nunca han tenido problemas de racismo, porque,
por lo contrario su trabajo es muy valorado, por la cultura,
la fuerza, la sensualidad innata de ser latino, que de alguna
manera les ha favorecido siempre. Lo que se necesita es temple,
ganas de trabajar, y mucha fuerza dice Toledo.
Para que un bailarín
entre en el mercado europeo necesita más que técnica,
necesita sensibilidad y ganas de hacerlo, creer en lo que se
esta haciendo.
La técnica clásica es importante como formación
del bailarín es la que le da una posibilidad de subirse
en un escenario y tener una visión del escenario.
Lo contemporáneo es
lo que hace bailar y lo que permite salir del sistema clásico
y hacer otro tipo de cosas, en Francia, ya existen bailarines
integrales donde se les dan técnica vocal para ser cantantes,
actuación para actores, la técnica clásica
y además lo contemporáneo. Lo más importante
para los bailarines, es que se puedan descubrir así mismos,
para poder transmitir esa energía que llevamos por dentro
todos los seres humanos, que por descuido o muchas veces no le
ponemos asunto. La magia de la creación esta en una pequeña
semilla, y esa semilla la tenemos todos en nuestros corazones.
No hay campo para nuevos
bailarines
El espíritu de la danza,
esa gran energía que recorre por nuestros cuerpos cuando
estamos en un escenario, y podemos bailar para el público,
no se ha perdido, porque en estos años se ha visto un
gran despunte del arte dancístico y sobre todo del estilo
contemporáneo; "es por ello que desde que llegué
no he parado un solo instante de observar espectáculos
de danza", expresa Murriagui con una gran satisfacción.
Sin embargo, la sonrisa que
por un momento iluminó su rostro se empaña porque
es grande la cantidad de jóvenes que están saliendo,
muy bien preparados, con mucha creatividad. Se pregunta ¿a
dónde van a ir, qué futuro les espera, no hay líderes
con experiencia para que los puedan guiar, porque aquí
en el país, no hay espacio para el arte. Simplemente debemos
crearlos. Murriagui se inquieta y levanta el tono de su voz,
porque es lamentable que estos jóvenes al no ver ninguna
alternativa salen del país dejando desprovista de buenos
talentos a nuestra tierra.
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