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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

La Banda Mocha: una herencia de identidad

Diego Cazar Baquero

LA ESCLAVITUD

En la cuenca alta y media del río Chota existen muchos asentamientos habitados por poblaciones mestizas y negras, entre los 1200 y 1800 metros sobre el nivel del mar, y en tierras del altiplano pertenecientes a las provincias norteñas de Carchi e Imbabura.
En épocas de esclavitud, y antes de la colonización española, el río Mira, entonces conocido como Coangue, albergó en sus riberas a diversos grupos étnicos de localidades como Pimampiro, Otavalo, Chapi, Urcuquí, entre otras, cuyos medios de subsistencia eran el cultivo de la coca, el algodón, y la sal, y su posterior comercialización en el mundo andino.
Cuando llegaron los españoles a estas tierras, las comunidades indígenas desaparecieron o se dispersaron para ceder terreno a los primeros terratenientes europeos que enseguida se hicieron de mano de obra indígena para desarrollar su producción.
Aunque se detalla en ciertos estudios la presencia de grupos negros en la zona, en calidad de esclavos de los españoles, el incremento poblacional de este grupo humano se dio luego de que se intensificara el maltrato y la casi desaparición de la mayoría de indígenas. Entonces, las principales órdenes religiosas llegadas de España, principalmente los jesuitas, empezaron a recoger a los negros para que les sirvieran de esclavos en sus grandes haciendas productoras de caña de azúcar.
La labor de producción de caña llegó a su apogeo en el siglo XVII, cuando ya la población esclava era verdaderamente numerosa. En 1767 los jesuitas fueron expulsados del Ecuador, y sus propiedades pasaron a ser parte de las Temporalidades del gobierno español, para luego ser vendidas a terratenientes serranos.
Pocos años antes de que se creara el Estado ecuatoriano, en 1830, algunos censos de población afirmaban que los negros en la zona hacendataria de Imbabura sobrepasaban los 2000, todos en calidad de esclavos.
Durante la presidencia del general José María Urbina fue dictada la llamada Ley de Manumisión de Esclavos, en 1852, sin embargo, la esclavitud no fue desterrada del todo sino hasta algunos años después. No obstante, alrededor de las haciendas se conformaron pequeños caseríos en donde se registraron las primeras manifestaciones musicales de la población negra de la Sierra ecuatoriana.
Fue en 1863 que se registró por primera vez la existencia de un baile llamado Bomba, con estructuras similares a las de la música del Africa Occidental, es decir, con un predominio de elementos percusivos, cantos de llamada y respuesta y rasgos musicales que convocaban a la danza.

LA BANDA MOCHA VIRGEN DE LAS NIEVES

Todos en el caserío se conocen, se saludan, se ayudan y sonríen, mostrando una sorpresiva complacencia frente a la vida, aún ante un espacio aparentemente poco generoso. De todos modos, hacia arriba en las montañas, se encuentran los principales sembríos de fréjol, fréjol guandul, caña, maíz, camote, yuca, pepino, plátano, papaya, productos que se comercializan en Ibarra, y algunos de los cuales les sirven para desarrollar además sus actividades artísticas.
No es difícil dar con uno de los símbolos de la cultura negra en el Valle de El Chota. Arturo Landázuri es el actual director de la tradicional Banda Mocha Virgen de las Nieves. Don Arturo cuenta que la tradición de la Banda Mocha es una cuestión hereditaria que se remonta a muchos años atrás, cuando el siglo XIX estaba por terminar. Sus primeras intenciones fueron las de imitar los sonidos emitidos por las interpretaciones de las también tradicionales bandas de pueblo y de las bandas de guerra que, ya por entonces, eran un elemento característico de las academias militares y colegios en las ciudades.
Según algunos investigadores, la denominación de Banda Mocha proviene del hecho de que muchos de los instrumentos usados en esta conformación musical fueron recortados con el propósito de obtener los timbres deseados durante su ejecución. Así mismo, la imposibilidad de acceder a algunos instrumentos occidentales como los platillos, el bombo o los tambores, dieron lugar a que se improvisaran objetos distintos que pudieran parecerse en su ejecución a los instrumentos elaborados, entre ellos, barriles, latones, botes de combustible o artefactos usados en la cocina.
A estos instrumentos fueron añadidos otros, extraídos de la propia naturaleza, como la cabuya, la calabaza o la hoja de mandarino, limonero o naranjo, los primeros relacionados con la costumbre africana de interpretar sonidos conjugados con una emisión vocal que reforzaba el tono. Estos instrumentos, según la clasificación de los estudiosos, son conocidos como instrumentos parlantes.
También se cuenta entre la instrumentación de las bandas mochas a las flautas traversas fabricadas con carrizo, las flautas verticales o pingullos, muy usados en las comunidades indígenas del oriente ecuatoriano, y a cierto tipo de trompetas.
Don Arturo relata que, en el caso de la Banda Mocha Virgen de las Nieves, "se ha compuesto la música con hoja de naranja, penco de cabuya, la mata de puro, y la flauta de carrizo, que se consiguen en el monte", y explica la similitud con la sonoridad emitida por la instrumentación occidental: "El puro hace como bajo, la cabuya como saxo, en lugar del de soplo, la flauta como trompeta, y la hoja también como saxo".
Las bandas mochas, en general, incorporan en su repertorio ritmos tradicionales como el albazo, el pasillo, el sanjuanito, el fox incaico, pero esencialmente la bomba, que son interpretados en celebraciones rituales o festividades paganas consolidadas en estas comunidades negras desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Entre los temas más conocidos y difundidos están El Carpuela y El Puente del Juncal.
"Ya es una banda antigua", dice Don Arturo, quien ha cumplido ya 73 años. "Lo importante es que todo el mundo aprecia a la banda, hemos ido a Quito, Guayaquil, Las Lajas y parte de Colombia. Donde se ha salido siempre nos han tratado muy bien. Tenemos grabados 'cidises' fuera del país que repartimos o vendimos...", asegura.

LAS NUEVAS GENERACIONES Y EL ORGULLO DE LA TRADICIÓN

Los jóvenes de la comunidad negra de El Chota todavía muestran aprecio por La tradición cultural de la Banda Mocha que ha trascendido las fronteras de las zonas rurales. Si bien están al tanto de la producción musical que llega de fuera, y de la cultura occidental en general, los valores de tradición se mantienen, aunque fuese como un motivo de atracción a la actividad turística, aún insipiente en el lugar.
Algunos jóvenes han conformado esporádicamente agrupaciones que interpretan bomba tradicional y ritmos foráneos como la cumbia, pero el referente de identidad que se refleja en la presencia de la Banda Mocha no muere, y más bien se fortalece como un legado para las nuevas generaciones.
"Se piensa en tratar de mejorar este caserío, que todo el mundo se divierta dándole tiempo al cuerpo y divirtiéndose con la música que es parte de la vida de uno", concluye Don Arturo.
En efecto, en la mayoría de presentaciones de la Banda Mocha de Chalguayacu, otra importante formación proveniente de la comunidad que le da su nombre, participan cerca de 15 muchachas adolescentes que interpretan coloridos bailes acompañando a los septuagenarios músicos.
Esta manifestación artística se convirtió en una tradición que, de generación en generación, se mantiene viva y ocupa un lugar importante en los constantes experimentos creativos de algunos músicos de Quito, donde la Banda Mocha de Chalguayacu mostró su talento en la última edición del Concierto de las Culturas Ecuatorianas, en el Teatro Nacional de la Casa de la Cultura.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador