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La Banda Mocha: una herencia
de identidad
Diego Cazar Baquero
LA ESCLAVITUD
En la cuenca alta y media del
río Chota existen muchos asentamientos habitados por poblaciones
mestizas y negras, entre los 1200 y 1800 metros sobre el nivel
del mar, y en tierras del altiplano pertenecientes a las provincias
norteñas de Carchi e Imbabura.
En épocas de esclavitud, y antes de la colonización
española, el río Mira, entonces conocido como Coangue,
albergó en sus riberas a diversos grupos étnicos
de localidades como Pimampiro, Otavalo, Chapi, Urcuquí,
entre otras, cuyos medios de subsistencia eran el cultivo de
la coca, el algodón, y la sal, y su posterior comercialización
en el mundo andino.
Cuando llegaron los españoles a estas tierras, las comunidades
indígenas desaparecieron o se dispersaron para ceder terreno
a los primeros terratenientes europeos que enseguida se hicieron
de mano de obra indígena para desarrollar su producción.
Aunque se detalla en ciertos estudios la presencia de grupos
negros en la zona, en calidad de esclavos de los españoles,
el incremento poblacional de este grupo humano se dio luego de
que se intensificara el maltrato y la casi desaparición
de la mayoría de indígenas. Entonces, las principales
órdenes religiosas llegadas de España, principalmente
los jesuitas, empezaron a recoger a los negros para que les sirvieran
de esclavos en sus grandes haciendas productoras de caña
de azúcar.
La labor de producción de caña llegó a su
apogeo en el siglo XVII, cuando ya la población esclava
era verdaderamente numerosa. En 1767 los jesuitas fueron expulsados
del Ecuador, y sus propiedades pasaron a ser parte de las Temporalidades
del gobierno español, para luego ser vendidas a terratenientes
serranos.
Pocos años antes de que se creara el Estado ecuatoriano,
en 1830, algunos censos de población afirmaban que los
negros en la zona hacendataria de Imbabura sobrepasaban los 2000,
todos en calidad de esclavos.
Durante la presidencia del general José María Urbina
fue dictada la llamada Ley de Manumisión de Esclavos,
en 1852, sin embargo, la esclavitud no fue desterrada del todo
sino hasta algunos años después. No obstante, alrededor
de las haciendas se conformaron pequeños caseríos
en donde se registraron las primeras manifestaciones musicales
de la población negra de la Sierra ecuatoriana.
Fue en 1863 que se registró por primera vez la existencia
de un baile llamado Bomba, con estructuras similares a las de
la música del Africa Occidental, es decir, con un predominio
de elementos percusivos, cantos de llamada y respuesta y rasgos
musicales que convocaban a la danza.
LA BANDA MOCHA VIRGEN DE
LAS NIEVES
Todos en el caserío
se conocen, se saludan, se ayudan y sonríen, mostrando
una sorpresiva complacencia frente a la vida, aún ante
un espacio aparentemente poco generoso. De todos modos, hacia
arriba en las montañas, se encuentran los principales
sembríos de fréjol, fréjol guandul, caña,
maíz, camote, yuca, pepino, plátano, papaya, productos
que se comercializan en Ibarra, y algunos de los cuales les sirven
para desarrollar además sus actividades artísticas.
No es difícil dar con uno de los símbolos de la
cultura negra en el Valle de El Chota. Arturo Landázuri
es el actual director de la tradicional Banda Mocha Virgen de
las Nieves. Don Arturo cuenta que la tradición de la Banda
Mocha es una cuestión hereditaria que se remonta a muchos
años atrás, cuando el siglo XIX estaba por terminar.
Sus primeras intenciones fueron las de imitar los sonidos emitidos
por las interpretaciones de las también tradicionales
bandas de pueblo y de las bandas de guerra que, ya por entonces,
eran un elemento característico de las academias militares
y colegios en las ciudades.
Según algunos investigadores, la denominación de
Banda Mocha proviene del hecho de que muchos de los instrumentos
usados en esta conformación musical fueron recortados
con el propósito de obtener los timbres deseados durante
su ejecución. Así mismo, la imposibilidad de acceder
a algunos instrumentos occidentales como los platillos, el bombo
o los tambores, dieron lugar a que se improvisaran objetos distintos
que pudieran parecerse en su ejecución a los instrumentos
elaborados, entre ellos, barriles, latones, botes de combustible
o artefactos usados en la cocina.
A estos instrumentos fueron añadidos otros, extraídos
de la propia naturaleza, como la cabuya, la calabaza o la hoja
de mandarino, limonero o naranjo, los primeros relacionados con
la costumbre africana de interpretar sonidos conjugados con una
emisión vocal que reforzaba el tono. Estos instrumentos,
según la clasificación de los estudiosos, son conocidos
como instrumentos parlantes.
También se cuenta entre la instrumentación de las
bandas mochas a las flautas traversas fabricadas con carrizo,
las flautas verticales o pingullos, muy usados en las comunidades
indígenas del oriente ecuatoriano, y a cierto tipo de
trompetas.
Don Arturo relata que, en el caso de la Banda Mocha Virgen de
las Nieves, "se ha compuesto la música con hoja de
naranja, penco de cabuya, la mata de puro, y la flauta de carrizo,
que se consiguen en el monte", y explica la similitud con
la sonoridad emitida por la instrumentación occidental:
"El puro hace como bajo, la cabuya como saxo, en lugar del
de soplo, la flauta como trompeta, y la hoja también como
saxo".
Las bandas mochas, en general, incorporan en su repertorio ritmos
tradicionales como el albazo, el pasillo, el sanjuanito, el fox
incaico, pero esencialmente la bomba, que son interpretados en
celebraciones rituales o festividades paganas consolidadas en
estas comunidades negras desde finales del siglo XIX y principios
del siglo XX. Entre los temas más conocidos y difundidos
están El Carpuela y El Puente del Juncal.
"Ya es una banda antigua", dice Don Arturo, quien ha
cumplido ya 73 años. "Lo importante es que todo el
mundo aprecia a la banda, hemos ido a Quito, Guayaquil, Las Lajas
y parte de Colombia. Donde se ha salido siempre nos han tratado
muy bien. Tenemos grabados 'cidises' fuera del país que
repartimos o vendimos...", asegura.
LAS NUEVAS GENERACIONES
Y EL ORGULLO DE LA TRADICIÓN
Los jóvenes de la comunidad
negra de El Chota todavía muestran aprecio por La tradición
cultural de la Banda Mocha que ha trascendido las fronteras de
las zonas rurales. Si bien están al tanto de la producción
musical que llega de fuera, y de la cultura occidental en general,
los valores de tradición se mantienen, aunque fuese como
un motivo de atracción a la actividad turística,
aún insipiente en el lugar.
Algunos jóvenes han conformado esporádicamente
agrupaciones que interpretan bomba tradicional y ritmos foráneos
como la cumbia, pero el referente de identidad que se refleja
en la presencia de la Banda Mocha no muere, y más bien
se fortalece como un legado para las nuevas generaciones.
"Se piensa en tratar de mejorar este caserío, que
todo el mundo se divierta dándole tiempo al cuerpo y divirtiéndose
con la música que es parte de la vida de uno", concluye
Don Arturo.
En efecto, en la mayoría de presentaciones de la Banda
Mocha de Chalguayacu, otra importante formación proveniente
de la comunidad que le da su nombre, participan cerca de 15 muchachas
adolescentes que interpretan coloridos bailes acompañando
a los septuagenarios músicos.
Esta manifestación artística se convirtió
en una tradición que, de generación en generación,
se mantiene viva y ocupa un lugar importante en los constantes
experimentos creativos de algunos músicos de Quito, donde
la Banda Mocha de Chalguayacu mostró su talento en la
última edición del Concierto de las Culturas Ecuatorianas,
en el Teatro Nacional de la Casa de la Cultura.
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