¿Nuestro país
a la zaga de la creación coreográfica?
Patricio Jhayya
El teatro Bolívar, con
aparente estilo arquitectónico postmodernista -mitad ruinas,
mitad barroco-, del 8 al 17 de marzo de 2.005, fue vitrina de
procesos coreográficos del mundo, pues en su escenario
se ha desarrollado el 'III Festival Internacional de Danza-Encuentro
de Mujeres de Danza'.
El evento dejó constatar
que aún hay creadores danzarios ecuatorianos que no se
atreven a ejecutar conceptos artísticos acordes con el
siglo 21, época de rupturas, de fusión de estilos,
del uso de textos y signos escénicos fuertes, incluidos
el desnudo y multimedia.
SUSANA
Pero no toda esperanza de avanzar
esta perdida. Aunque sean contados, algunos intérpretes
dancísticos se colocan en la vanguardia nacional de este
arte. Entre las innovadoras está Susana Reyes, promotora
de este evento, junto a Motti Deren.
La bailarina -que ha cumplido
25 años de vida artística- durante el Festival
estrenó un ritual prehispánico, titulado: 'Días
de agua, maíz y luna', elementos importantes en la cosmovisión
andina, y cuya interrelación propicia la vida humana y
su continuidad espiritual después de la muerte.
La coreocomposición
tiene tres actos que describen el tránsito del hombre
desde su génesis terrestre, hasta cuando su alma (simbolizada
en un pañuelo blanco) trasciende a niveles cósmicos
superiores. Y del cielo, este espíritu se precipita en
forma de lluvia. (purificado). Para el mundo de los andes, la
vida es circular.
La propuesta de la ecuatoriana
deslumbró por el uso de movimientos corporales misteriosos
que, al decir de ella, son impulsos internos. "No sabía
que al crear mis últimas coreografías, me había
introducido en la danza Butho", afirma Susana Reyes.
LA PERLAS DE ECUADOR
Los ecuatorianos - con la excepción
anotada- no han brillado en el Festival, pero si cabe destacar
el esfuerzo que realizan algunos creadores o bailarines como
Marcos Pizarro del Teatro Centro de Arte de Guayaquil.
En calidad de solista, Pizarro
reeditó la coreografía 'El Bolero de Ravel', del
francés Maurice Béjart, sobre la obsesión
de repetir algo, pero a la vez cambiarlo todo. Si bien Pizarro
no es bailarín de grandes virtudes, encima de la mesa
de una taberna, ejecuta una pieza dancística que embruja.
Mención especial se
merece el ecuatoriano Klever Viera, quien con técnica
contemporánea presenta 'El prioste o el Cristo que ríe',
fusión de elementos indígenas con la religión
hispana. Baile sincrético que expresa la crisis de identidad
étnica - cultural.
La Compañía Nacional
de Danza presentó 'Pajaros en la cabeza', de Isabel Bustos,
coreógrafa ecuatoriana radicada en Cuba. Los bailarines
representan el conflicto emocional que causa la migración,
pero su lenguaje corporal no logra conmover al auditorio.
Otros grupos nacionales, en
el Festival Internacional, han demostrado haberse quedado a la
zaga de la creación coreográfica. Todavía
bailan al ritmo de la música mestiza y se enajenan a patrones
de la sociedad de consumo que a la cultura le convierten en mercancía.
LA DANZA BUTHO
"Este lenguaje corporal
o Butho emerge de la tierra y se expresa por el inconsciente
del intérprete", corrobora el bailarín mexicano,
José Bravo, quien señala que comulga con Susana
en el propósito artístico de transmitir cultos
ancestrales.
La danza Butho es una expresión
del cuerpo surgida en el Japón de la postguerra y se amalgama
con raíces de danza moderna, originaria de occidente.
El mexicano José Bravo,
de 38 años, con danza Butho representa la vida del hombre
de maíz, de aquel ser creado de una mazorca del grano
divino en Mesoamérica. En el rito de apertura de su danza,
traza cortes en su cuerpo cubierto de barro.
Al auditorio se le transmite
la sensación que de su cabeza, brazos, tronco y piernas
brota sangre, signo de sacrificio. Su coreografía se desenvuelve
al sonido de objetos sencillos: madera, metal y piedra, utilizados
por el hombre prehispánico. "Es regresar a lo esencial
de la música", señala José Navarro,
el intérprete musical que acompaña a Bravo en el
escenario.
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