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El I
festival y encuentro mujeres de la danza, un tributo de amor
y de vida
Maytté Gavilanes Martínez
Quito, en tiempos de guerra
fue la sede, durante 8 días, de un canto de paz nacido
de la esencia profunda de las mujeres hacedoras de la danza;
un canto a favor de la construcción de un nuevo tiempo,
de un tiempo de paz, de unidad, de identidad. Un nuevo tiempo
a favor de la vida y desde la danza.
Para celebrar el 25 aniversario
de Quito, Patrimonio Cultural de la Humanidad, y del Día
Internacional de la Mujer, se dio inicio al "I. Festival
Nacional y Encuentro Mujeres en la Danza". El Festival
marcó un hito en la historia de la danza del Ecuador y
recogió por primera vez la importancia de la presencia
de la mujer en más de medio siglo de historia de la danza
en el país.
La noche del sábado
8 de marzo, en el tradicional y querido Teatro Bolívar,
no hubo ni una butaca libre, eran las 19h00 y el público,
amante de la danza, esperaba con paciencia y expectativa a que
el Festival se iniciara.
El público se puso de
pie, y aplaudió muchas veces para recibir y dar la bienvenida
a las Mujeres de la Danza, que en el primer día del Festival
recibieron un sentido y cálido homenaje por su labor artística.
Subieron al escenario, con garbo y elegancia las pioneras
de la danza: Patricia Aulestia, Noralma Vera, las hermanas Eljuri;
seguidas de las consagradas en la danza como: Isabel Bustos,
Ma. Luisa González, Camila Guarderas.
No faltó el reconocimiento
a las maestras: Laura Alvear, Edith Chiriboga, Guadalupe Chávez,
Luisa Cecilia González, Carolina Vásconez, Virginia
Rosero, y a la mujeres de tradición Petita Palma y Lola
Males, entre otras.
Este I. Festival "Mujeres
en la Danza" acogió la generosa respuesta de más
de 11 provincias del país y contó con la participación
de 48 coreógrafas locales , 7 residentes en el extranjero
y más de 250 artistas en escena. Se presentaron alrededor
de 60 obras de los más diversos géneros que mostraron
el abanico de expresiones que conforman la danza en nuestro país,
muchas de ellas aún en estado embrionario y otras ya consagradas.
El milenario centro histórico
fue la cuna de este importante Festival. Del 8 al 16 de marzo,
el Teatro Bolívar, Centro Cultural Metropolitano, Museo
de la Ciudad y las plazas de la Independencia, San Francisco
y Santo Domingo fueron los escenarios en donde las mujeres, a
través de sus cuerpos, narraron historias propias y de
otros; las hacedoras de la danza bailaron sus sueños,
nos regalaron un pedazo de su cielo y compartieron con el público,
sus temores, sus ambiciones y sus expectativas.
El Festival combinó
la presentación de muestras coreográficas, con
la realización de talleres para bailarines y coreógrafos,
conferencias y mesas redondas, encuentros de críticos
y coreógrafas, exposición fotográfica y
el lanzamiento de un catálogo que recopiló poéticamente
el espíritu de las obras de las participantes.
La acogida del público
al festival fue impresionante. No hubo ni un espacio vacío
en ninguno de los escenarios, muchos de los asistentes se quedaron
de pie y otros buscaron un espacio en el suelo con tal de no
perderse ninguna de las obras anunciadas en el programa.
El Festival pretendió
ser, y a mi criterio lo logró a pesar de las dificultades,
una plataforma en la que la danza nacional se catapulte, busque
y conquiste nuevos horizontes, en pro de un enriquecimiento colectivo
humano y respetuoso en beneficio de este arte y de la cultura
del país.
En las obras, muchas de ellas estrenos, se representaron imaginarios
urbanos vinculados con la migración, la problemática
de la ciudad, los conflictos bélicos, la soledad, el dolor,
el amor, las frustraciones, los sueños, la rutina, la
cotidianidad, la interiorización del ser, la búsqueda
del sentido en la vida, la muerte, la esencia de la mujer, los
ritos ancestrales, las danzas étnicas y las costumbres
de nuestro pueblo.
Nos faltaría espacio
y tiempo para comentar todo sobre el Festival. Sin embargo no
puedo dejar de mencionar que este evento significó para
los artistas de la danza un espacio - anhelado desde hace tiempo
- un espacio abierto, de construcción, de búsquedas,
aprendizajes, de encuentros y reflexiones sobre la danza. El
festival desarrolló una dinámica interesante de
trabajo que posibilitó la interrelación de las
jóvenes creadoras con las maestras y las distintas personalidades
de la danza.
Para la maestra Susana Reyes,
directora del Festival, la danza no solo que es una pasión,
una obsesión, sino sobre todo un camino de recuperación,
de sanación , la danza es capaz de conmover, de elevar
la autoestima de un pueblo y del espíritu humano, a través
del cual se puede recobrar la identidad individual y colectiva.
La danza, como arte, como expresión
humana, posibilita el encuentro profundo con el espíritu
del hombre y es desde este objetivo que el Festival ha sido forjado,
como un acto unitivo, aglutinante y respetuoso por la construcción
de un nuevo tiempo y una nueva patria. Y porque en la danza
apenas se ha empezado a preparar el terreno para la siembra
y porque hay muchas semillas que esperan su momento, este Festival
se entrega a la ciudad de Quito, como un tributo de amor y gracias
al apoyo y a la voluntad política de la doctora Ximena
Bohórquez, primera dama de la nación, y del alcalde
de la ciudad general Paco Moncayo, el Festival "Mujeres
en la Danza" abrirá nuevamente sus puertas en el
mes de marzo para que las jóvenes coreógrafas desplieguen
sus alas y sus sueños. ¡Que viva la danza de nuestro
país! ¡Que viva el Festival Nacional y Encuentro
"Mujeres en la Danza" ¡
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