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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Ángel Felicísimo Rojas: el humanismo del hombre

Fausto R. Aguirre T.
Investigador de la UTPL
faaguirre@utpl.edu.ec

El cristianismo, como práctica no de los cristianos, sino de Cristo, sencillamente es humano. No queremos que el mundo humano, a la vuelta y espaldas de las manifestaciones teóricas de fe y humanismo, con todo el sustento de la leguleyada, del trabajo artero sin razón, a espaldas de la realidad, siga conculcando los derechos inalienables del ser humano.
Ángel Felicísimo Rojas, autor de 'Banca', 'El éxodo de Yangana', 'Curipamba', 'El club de los machorros', 'Un idilio bobo', 'El busto de doña Leonor', 'La novela ecuatoriana', 'Correrías casuales por el Ecuador', 'El Ecuador entre Colombia y Perú' y cientos de estudios y ensayos que integran ya, con toda honra, el patrimonio de la cultura universal, ha sostenido a través de las tres mil y más páginas que ha escrito, y ha revelado un pensamiento que es fuerza y orientación.

 
 
 

JUNTO CON LOS GRANDES

Si el ámbito universal de la literatura tiene 'un santo del ateismo' -con el respaldo de la óptica de Charles Moeller, con su enfoque del capítulo del 'silencio de Dios'-, en el autor de 'La caída', 'El extranjero', 'El mito de Sísifo', 'La peste' de Albert Camus, desde Loja para el mundo se suma otro nombre a la galería de los santos del ateismo: Ángel Felicísimo Rojas.
Rojas, también Camus han evidenciado que hay, ante todo, un fariseísmo laico al cual no han cedido jamás. ¿Y por qué lo de fariseo laico? Pues, en uno y otro caso, desde polos geográficos muy distantes, aunque epocalmente contemporáneos: 1909-2003 para Rojas y 1913-1960 para Camus, han tenido observaciones en la misma línea: los dos han aplicado lo de 'fariseo laico' a quien finge creer que el cristianismo es cosa fácil y aparenta exigir del cristiano, en nombre de un cristianismo visto de afuera, más de lo que se exige a sí mismo. El hombre se ha preguntado ¿por qué soy marxista? ¿Ha tomado los tomos de 'El capital' de Marx por los lomos de los libros? ¡Rojas sí lo sabe por qué es hombre de izquierda!

 
 
 

SÍMBOLOS

Como contraparte, ¿se sabe y se responde el ser humano por qué es cristiano? El cristiano tiene muchas obligaciones.
Por otro lado, la persona que es íntegra en pensamiento, como lo es Ángel Felicísimo Rojas, sin sentirse en posesión de ninguna verdad absoluta ni de ningún mensaje, no ha atacado la realidad cristiana, por el contrario ha comprometido su causa como proceso de transformación: recordemos nada más que la realidad de la campana en 'El éxodo de Yangana', si acaso a ella, a la campana, la seguimos viendo como un fiel símbolo de llamada y presencia de la iglesia a través de la iglesia misma, es decir de todo ser humano en tanto él mismo, con su cuerpo y como cuerpo constituye la misma iglesia.
Rojas no ha partido negando la verdad cristiana, tampoco la ha tildado de ilusoria. Ha sido un enfoque desde el ámbito del cual él ha podido ingresar, como pensamiento, en ella.

 
 
 

UNA VIDA

Recordemos dos escenas de la vida de Rojas que en la realidad temporaria, constituyen dos polos: la primera referida a la necesidad, exigencia de mamá Filomena que el chico aprenda la doctrina cristiana, allí en la escuela de La Salle, para que pueda hacer la primera comunión. ¿Y cómo le fue a Rojas? Mal, es su respuesta obvia por las agresiones verbales y los castigos físicos que le propiciaron algunos hermanos lasallanos.
Lo otro, en la última curva de la vida de Rojas: Juan Larrea Olguín, sacerdote, arzobispo que fuera de Guayaquil, abogado, escritor, ensayista, etc. llegó al lecho del descanso, el próximo a la muerte de su amigo Ángel Felicísimo. Se saludaron, conversaron, recordaron la película de la vida. Hacia el final, al término de la visita, le dijo J. Larrea Olguín: "-Dr., ¿lo puedo bendecir?". Él había contestado que sí Se bendijeron mutuamente y cuando se despidieron, se besaron sus manos.

 
 
 

HASTA SIEMPE

Aquí, allí y allá, ayer, hoy y siempre, Rojas no ha hecho ninguna práctica hipócrita. Rojas no ha tratado de modificar nada de lo que piensan y de lo que pensamos los cristianos, ni siquiera de las prácticas y de los ritos que se llevan a cabo en las iglesias como edificio, lugares de culto y oración. ¿Qué nos dice, entonces, Rojas? Apenas, a finales del s. XX, la nueva conflagración capitalista, habla de la globalización -léase norteamericalización-, una mala palabra, una palabra pudibunda, que los mismos niños bien, los hijos, los nietos, sobrinos y más cognados y agnados del Tío Sam ya no la pueden oír, porque les ha ido mal. Los compañeros de 'Banca', los yanganenses todos necesitan conversar, todos necesitan comunicarse. No importa que 'Banca' represente el desbande individual y 'El éxodo de Yangana' constituya el desbande masivo.
No es la dimensión trágica de Yangana cuando todo un pueblo en desbande masivo, desde un horizonte infinito, tal vez tiene que volver su cara y añorar lo que deja: todo el amor y toda la raigambre que los hizo y los vio nacer, apoyado Rojas en lo de 'Fuenteovejuna' de Lope de Vega, tiene que recalcar la esperanza de la cultura, de los pueblos y civilizaciones: la esperanza de ser libres o, al menos, la necesidad de comenzar a construir Palanda, la patria libre a la que tenemos derecho. Rojas tiene y debe ser reconocido.
Comencemos a difundir su literatura, su pensamiento. Rojas ha luchado por la instauración de un trabajo que busca la dicha de los demás, sacrificando todo su ser, a cambio de nada.

 
 
 

UN LIBERTARIO

Hay que combatir la injusticia, producto de lo que hacen los perros, y Rojas, desde su sitial de pensamiento construido, espera que se unan los que no quieren ser perros y están decididos a pagar el precio que hay que pagar para que el hombre sea algo más que un perro.

Desde la óptica de Luis A. Martínez, autor de 'A la costa', o desde la de Ángel F. Rojas, autor de 'El éxodo de Yangana', en Ecuador o en Europa con Gide, A. Huxley, Simone Weil, Graham Green, Julián Green, Bernanos o el mismo John Dos Passos, amigo de Rojas, desde el ámbito de su pensamiento, desde el ángulo de la descripción de sus formas de vida que aparecen siempre como dignos y justos ejemplos, donde la ortodoxia de la ideología no conduce sino a la destrucción del mundo, hay que terminar con las vanas querellas entre los propios hombres, '¿homo hominis lupus est?', de las cuales la primera es la del pesimismo.

 
 
 
 
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