Los procesos de cambio
Víctor Manuel Guzmán
Villena
victormanuelguzman@yahoo.com
El aprendizaje y la educación
son los dos primeros pasos que hay que desarrollar para producir
cambios positivos en nuestras vidas y esta convicción
ha de cultivarse para convertirla en determinación.
Al margen del comportamiento
que se intente cambiar, del objetivo hacia el que se dirija los
esfuerzos, se necesita desarrollar una fuerte voluntad o deseo
de hacerlo. Se necesita gran entusiasmo.
En este aspecto el sentido
de urgencia es un factor clave que ayuda a superar los problemas.
Por ejemplo, el conocimiento que se tiene sobre los graves efectos
del SIDA ha creado en muchas personas la necesidad perentoria
de modificar su comportamiento sexual.
Con frecuencia, una vez que
se ha obtenido la información adecuada, surge la seriedad
y el compromiso.
Descubrir el potencial
Hay que descubrir el potencial
que tenemos dentro de nuestro cuerpo, de los buenos propósitos
a los que puede servir, de los beneficios y ventajas de tener
una forma humana, etc.
Por tanto debemos dejar la
apatía que tanto nos afecta, la misma que obedece a factores
biológicos, por tanto hay que cambiar el estilo de vida.
Así, por ejemplo, dormir lo suficiente, seguir una dieta
saludable, desviarse de los vicios, y esto nos ayuda a mantener
una mente más alerta. Pero también hay otra clase
de apatía o pereza, la que surge de la debilidad de la
mente.
Para superar esta apatía
y generar compromiso y entusiasmo que permitan cambiar comportamientos
o estados mentales negativos, creo que el método más
efectivo y quizás la única solución es ser
siempre consciente de los efectos destructivos del comportamiento
negativo.
El verdadero cambio
Al familiarizarnos constantemente
con nuevas pautas de comportamiento, podemos establecerlas de
modo definitivo. Por ejemplo, si una persona esta acostumbrada
a levantarse a determinada hora y luego por necesidad tiene que
dormir una hora menos.
Al principio necesitará
esfuerzo para acostumbrarse, con el transcurrir del tiempo lo
hará sin ningún esfuerzo, ello se debe al poder
de la costumbre.
He mencionado la necesidad
de un alto nivel de entusiasmo y determinación para transformar
la mente, para efectuar cambios positivos.
Al mismo tiempo, sin embargo,
reconocemos que el verdadero cambio solo se produce con lentitud
y puede exigir mucho tiempo, aquí empleamos la virtud
de la templanza para lograr los objetivos y no abandonarlos.
La educación
Reafirmo que la educación
es el primer paso para producir transformación interna.
Aunque casi todo el mundo reconoce, menos los políticos,
la importancia de la educación, solemos pasar por alto
su papel como factor vital para alcanzar la felicidad.
Investigaciones demuestran
que hasta la educación puramente académica contribuyen
a la felicidad y se ha puesto de manifiesto que los niveles superiores
de educación tienen eco beneficioso en la salud y hasta
protege la depresión.
Al tratar de determinar las
razones de estos efectos, los científicos han sugerido
que las personas mejor educadas están mejor capacitadas
para adoptar medidas que favorezcan e incrementen la autoestima,
tienen mayores posibilidades para solucionar problemas y disponen
de estrategias más efectivas para afrontar las situaciones.
El siguiente paso es generar decisión y entusiasmo.
El talento natural
El psicólogo educativo
Benjamín Bloom estudió la vida de algunos artistas,
atletas y científicos de los Estados Unidos más
destacados y descubrió que el impulso y la decisión
y no el talento natural, fue lo que les permitió triunfar.
por tanto, cabe concluir que también son factores determinantes.
Otro paso es la motivación
humana. Se identifica tres clases principales. La primera es
la motivación primaria, impulso basado en las necesidades
de sobrevivir. Incluye las necesidades de alimento, agua, aire,
etc.
La segunda agrupa necesidades
de estímulo e información, que para algunos investigadores
son innatas e intervienen en la maduración y el funcionamiento
del sistema nervioso.
Por último, tenemos
las motivaciones secundarias, derivadas de necesidades e impulsos
adquiridos. Muchas de ellas están relacionadas con la
necesidad de éxito y poder, influidas por fuerzas sociales
y configuradas por el aprendizaje.
Crecimiento espiritual
El impulso y la decisión
no se deben utilizar únicamente para buscar el éxito
en el mundo profano, sino que se desarrollan a medida que se
obtiene una comprensión más clara de los factores
que conducen a la verdadera felicidad y se utilizan en la búsqueda
de objetivos superiores, como la compasión y el crecimiento
espiritual.
El esfuerzo es el último factor de cambio y constituye
un elemento necesario para establecer un nuevo condicionamiento.
La idea de que podemos cambiar nuestros comportamientos y pensamientos
negativos mediante un nuevo condicionamiento no sólo es
compartida por psicólogos, sino que constituye el fundamento
de la psicología conductista: las personas han aprendido
a ser como son. De modo que adoptando nuevos condicionamientos
se puede resolver una amplia gama de problemas.
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