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Estados de existencia alquímicos
- Víctor Manuel Guzmán
Villena
- victormanuelguzman56@yahoo.com
El primero es considerado como
un principio activo o masculino, el segundo como un principio
pasivo o femenino; en cuanto a la sal, es neutra en cierto modo,
como corresponde al producto de los dos complementarios, en el
cual se equilibran las tendencias inversas inherentes a sus naturalezas
respectivas.
Se puede decir que el azufre,
cuyo carácter activo hace que se le asimile al de la actividad
interna, que se considera que se irradia a partir del centro
mismo del ser.
En el hombre, o por semejanza
con éste, tal fuerza interna suele identificarse en cierta
forma con el poder de la voluntad; esto, por otra parte, sólo
es exacto a condición de entender la voluntad en un sentido
mucho más profundo que en el sentido psicológico
corriente, y de análoga manera a aquella en que se puede
hablar, por ejemplo, de "voluntad divina", o según
la terminología extremo-oriental, la "voluntad del
cielo", puesto que su origen es propiamente central, mientras
que todo cuanto la psicología considera es simplemente
periférico" y no corresponde sino a modificaciones
superficiales del ser.
Además si mencionamos
aquí la "voluntad de cielo" es a propósito,
pues el azufre, por su interioridad pertenece a la categoría
de las influencias celestiales; y en lo que concierne a su identificación
con la voluntad, se puede decir que, si bien no es verdaderamente
aplicable al caso del hombre corriente (que la psicología
toma exclusivamente como objeto de estudio), está plenamente
justificada, por el contrario, en el hombre verdadero, que se
sitúa en el centro del todo y cuya voluntad como consecuencia,
está necesariamente unida a la "voluntad del cielo".
Mercurio = pasividad
En cuanto al mercurio, su pasividad
le hace ser considerado como principio húmedo. y se considera
que reacciona desde el exterior, de suerte que en este aspecto
desempeña el papel de fuerza centrípeta y comprensiva,
que se opone a la acción centrifuga y expansiva del azufre
y en cierta manera la limita.
Por todos estos caracteres
respectivamente complementarios: actividad y pasividad; interioridad
y exterioridad; expansión y comprensión, en relación
al lenguaje extremo-oriental, el azufre es yang y el mercurio
yin; y que, si al primero se lo relaciona con el orden de las
influencias celestiales, al segundo se lo ha de relacionar con
el de las influencias terrenales. No obstante, hay que fijarse
bien que en el mercurio no se sitúa en la esfera corporal,
sino en la esfera sutil o "anímica"; en razón
de su exterioridad, se puede considerar que representa el "ambiente",
debiendo concebirse este último como el constituido por
el conjunto de las corrientes de la doble fuerza cósmica.
Influencias opuestas
De la acción interior
del azufre y la reacción exterior del mercurio resulta
una especie de cristalización que determina un límite
común al interior y exterior, o una zona neutra en la
que se encuentran y se estabilizan las influencias opuestas que
proceden respectivamente de uno y otro; el producto de esa cristalización
es la sal que se representa por el cubo, en cuanto éste
es a la vez el tipo de la forma cristalina y el símbolo
de la estabilidad.
Precisamente porque, en cuanto
a la manifestación individual de un ser, señala
la separación del interior y el exterior, este tercer
término constituye para ese ser como una envoltura por
la que a la vez está en contacto con el ambiente en cierto
aspecto y aislado de éste en otro aspecto; en esto corresponde
al cuerpo, que efectivamente desempeña este papel "terminante"
en un caso como el de la individualidad humana.
Relación espíritu
y alma
Por otra parte es evidente
la relación del azufre con el espíritu y del mercurio
con el alma; y la sal en cuanto es, no diremos idéntica,
pero su alma menos comparable con el cuerpo, ocupa la misma posición
extrema que al ámbito de la manifestación grosera;
pero, en otro aspecto, la situación respectiva de estos
dos términos aparece como inversa de aquella, es decir
la sal se convierte en término medio.
Este último punto de
vista es el más característico de la concepción
específicamente hermética del ternario que se trata,
a causa del papel simétrico que da al azufre y mercurio:
la sal es entonces intermedia entre ellos, en primer lugar porque
es como un resultante, y luego se sitúa en el propio límite
de los dos ámbitos "interior" y "exterior"
a los que respectivamente corresponden; es "terminante"
en este sentido, podríamos decir, aún más
que con respecto al proceso de la manifestación, aunque
en realidad lo sea a la vez en ambas formas.
Esto ha permitido comprender
por qué no podemos identificar sin reservas la sal con
el cuerpo sólo se puede decir, para ser exactos que el
cuerpo corresponde a la sal en cierto aspecto o en una aplicación
particular del ternario alquímico.
En otra aplicación limitada,
lo que corresponde a la sal es la individualidad entera; entonces
el azufre sigue siendo el principio interno del ser y el mercurio
es el ambiente sutil de un determinado mundo o estado de existencia;
la individualidad (suponiendo naturalmente que se trata de un
estado de manifestación formal, como el estado humano)
es la resultante del encuentro del principio interno con el ambiente;
y se puede decir que el ser, en cuanto manifestado en ese estado
está como envuelto en esa individualidad de manera análoga
a como, en otro nivel la individualidad misma está envuelta
en el cuerpo. Para decirlo con un simbolismo, el azufre es comparable
con el rayo luminoso, el mercurio con su plano de reflexión
y la sal es el producto del primero con el segundo.
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