| |
El poder de la voluntad
Todo se doblega ante una
voluntad firme, gracias a la perseverancia la naturaleza revela
a la voluntad humana sus secretos
- Víctor Manuel Guzmán
Villena
- victormanuelguzman@yahoo.com
La voluntad es el poder que
el alma tiene para determinar, con consciencia y reflexión,
a un acto libremente escogido.
Y en esto consiste precisamente
el arte de educar la voluntad: en saber desarrollar la facultad
de dirigir sus actos, restringiendo la esfera del impulso mecánico
y el imperio del capricho, para que el alma sea completamente
dueña y señora de todas las energías. El
humano posee tanta más fuerza de voluntad cuanto mejor
sabe sustraerse al dominio de las fuerzas exteriores y más
perfectamente gobernar los impulsos vitales que brotan del interior
de su ser.
Cosa difícil es hallar
un ser humano completamente dueño de su voluntad. Los
humanos generalmente hablando se dividen en dos grandes grupos:
apáticos y violentos. En los apáticos el impulso
interno es casi nulo; las fuerzas vitales permanecen como sepultadas
en la inacción, y en su actividad tan débil e insuficiente
que no llega casi nunca a ponerse en consonancia con lo que exige
de ellos el deber. Esta languidez de espíritu, este abatimiento
al esfuerzo es la enfermedad de la voluntad más universalmente
extendida y al propio tiempo la más peligrosa.
En los violentos, los que todos
somos en determinadas ocasiones bajo la influencia de la pasión,
el impulso es por el contrario excesivo y desordenado como un
indomable caballo que no obedece al freno. Ni unos ni otros tienen
dominio de su voluntad. Será dueño de su voluntad
pues, aquel que durante horas de apatía sepa despertar
sus energías amortiguadas, utilizando poca fuerza para
determinar el impulso conveniente, y que, en los momentos de
excitación desordenada, apacigüe y refrene sus pasiones,
dirigiendo por el camino del deber las actividades fecundas que
en su alma se desbordan.
La verdadera dignidad
El primer resultado de semejante
dominio será la manifestación y el desarrollo de
la personalidad. Si ha podido afirmarse, con mucha verdad que
apenas existe entre mil humanos, sólo uno que sea persona,
es porque, en efecto, la mayor parte en lugar de tener el alma
en sus manos, se dejan guiar por influencias externas o por las
ciegas exigencias de su sensibilidad. La verdadera dignidad del
humano se funda en lo que es y no en lo que tiene. Los hombres
sin voluntad no son, pues, tales hombres, ya que ni se pertenecen,
ni producen, ni adquieren. Por la voluntad se librarán
de sus explotadores, se harán dueños de sí
mismos, recobrando la libertad, con lo cual llegarán a
ser personas morales, elevándose así del estado
de degradación a la verdadera grandeza.
La conquista de sí mismo exige mayor esfuerzo que la conquista
de los demás -lo que demuestra la historia de casi todos
los grandes hombres-, el desenvolvimiento de la personalidad
entraña el poder de acción y el imperio de la influencia
sobre los demás hombres. Gobernarán el mundo y
poseerán la tierra, pues aquellos que hayan tomado antes
posesión de sí mismos, haciéndose dueños
de sus actos.
Perseverancia
Todo se doblega ante una voluntad
firme, aun los seres inanimados y la misma fuerza bruta. Gracias
a la perseverancia en el trabajo y la tenacidad en los proyectos,
la naturaleza revela a la voluntad humana sus secretos y sus
recursos: por esta razón se ha dicho que el genio es la
paciencia sufrida y perseverante, y es cosa averiguada que la
voluntad no tiene menos parte que el talento en los más
admirables descubrimientos y en las más atrevidas empresas.
El valor intelectual es, generalmente
hablando fruto y resultado de la voluntad. Dos inteligencias
de iguales alcances obtienen frecuentemente muy diferentes resultados,
según sea la voluntad que las dirige: el talento sea el
que fuere, no se desarrolla y vigoriza sino mediante el continuo
ejercicio. Es cosa averiguada que, las más de las veces,
la fecundidad de un sabio depende de la fuerza de atención
del individuo, pues nada produce si se le divide y distrae en
diferentes cosas. Fijo en una sola por la atención, la
penetra y profundiza al par que se enriquece. Pero la atención
es fatigosa; no se consigue sin esfuerzo y sin lucha, y es el
más ventajoso resultado y quizá la más exacta
medida de la fuerza de voluntad.
Nadie ignora que el talento
depende en gran parte del esfuerzo de la voluntad; pero igualmente
el mismo organismo, que guarda la misma subordinación.
Por tanto no puede dudarse que la voluntad es tributaria de la
salud, pero la voluntad influye a su vez en la salud, ya que
regula el organismo, equilibra la alimentación y el desgaste
y templa las excitaciones cuya violencia sería perniciosa;
es aún mayor su alcance, pues su entereza comunica al
organismo todo cierta tonicidad, que justifica, en parte su papel
terapéutico que se ha querido señalar a la voluntad.
|
|