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Sepulcro al mundo profano
- Víctor Manuel Guzmán
Villena
- victormanuelguzman@yahoo.com
Se trata en esencia de un segundo
nacimiento" y de un "tercer nacimiento", distinción
que en suma corresponde a la de la iniciación en los "pequeños
misterios" y en los "grandes misterios"; si el
"tercer nacimiento" se representa también como
cumplido en la caverna, ¿de qué modo se adaptará
a él el simbolismo de ésta?
El segundo nacimiento, que
es propiamente lo que puede llamarse la regeneración psíquica,
se opera en el domicilio de las posibilidades sutiles de la individualidad
humana; el "tercer nacimiento", al contrario, al efectuarse
directamente en el orden espiritual, y no ya en el psíquico,
es el acceso al dominio de las posibilidades supraindividuales.
El uno es, pues, propiamente un nacimiento en el cosmos (proceso
al cual corresponde, en el orden macrocósmico, el nacimiento
del avatara) y por consiguiente es lógico que se lo figure
como ocurrido integralmente en el interior de la caverna, pero
el otro es un "nacimiento fuera del cosmos: y a esta salida
del cosmos, según la expresión de Hermes, debe
corresponder para que el simbolismo sea completo, una salida
final de la caverna, la cual contiene solamente las posibilidades
incluidas en el "cosmos", las que el iniciado debe
precisamente sobrepasar en esta nueva fase del desarrollo de
su ser, del cual el segundo nacimiento no era en realidad sino
el punto de partida.
Aquí la caverna vuelve
a ser un "sepulcro", ya no esta vez en razón
exclusivamente de su situación subterránea, sino
porque el cosmos integro es en cierto modo el "sepulcro"
del cual el ser debe salir ahora' el "tercer nacimiento"
está precedido necesariamente de la "segunda muerte";
que no es ya la muerte al mundo profano, sino verdaderamente
la "muerte al cosmos" (ya también en el cosmos),
y por eso el nacimiento "extracósmico" se asimila
siempre a una "resurrección". Para que pueda
ocurrir tal "resurrección", que es al mismo
tiempo la salida de la caverna es necesario que sea retirada
la piedra que cierra la abertura del "sepulcro" (es
decir, de la caverna misma); veremos en seguida cómo puede
traducirse esto en ciertos casos en el simbolismo ritual.
Cuando lo que está fuera
de la caverna representaba solamente el mundo profano o las "tinieblas
exteriores", la caverna aparecía como el único
lugar iluminado, y, por lo demás, iluminado forzosamente
desde el interior; ninguna luz, en efecto, podía entonces
venirle de afuera. Ahora, puesto que hay que tener en cuenta
las posibilidades "extracósmicas", la caverna,
pese a tal iluminación, se hace relativamente oscura,
con relación, no diremos a lo que está simplemente
fuera de ella, sino más precisamente a lo que está
sobre ella, allende su bóveda, pues esto es lo que representa
al dominio "extracósmico". Podría entonces,
según este nuevo punto de vista, considerarse la iluminación
interior como el mero reflejo de una luz que penetra a través
del "techo del mundo", por la "puerta solar",
que es el "ojo" de la bóveda cósmica
o la abertura superior de la caverna. En el orden microcósmico,
esta abertura corresponde al séptimo chakra, es decir,
al punto de contacto del individuo con el "séptimo
rayo del sol espiritual", punto cuya "localización"
según las correspondencias orgánicas se encuentra
en la coronilla, y que se figura también por la abertura
superior del athanor hermético.
El Sol inteligible
Cabe observar que con esa iluminación
refleja, tenemos la imagen de la caverna de Platón, en
la cual no se ven sino sombras, gracias a una luz que viene de
fuera , y esta luz es ciertamente "extracósmica",
ya que su fuente es el "sol inteligible". La liberación
de los prisioneros y su salida de la caverna es una salida al
día, por la cual pueden contemplar directamente; la realidad
de que hasta entonces no habían percibido sino un simple
reflejo; esa realidad son los "arquetipos" eternos,
las posibilidades contenidas en la "permanente actualidad"
de la esencia inmutable.
Por último importa señalar
que los dos nacimientos de que hemos hablado, siendo dos fases
sucesivas de la iniciación completa, son también,
por eso mismo, dos etapas de una misma vía, y que esta
vía esencialmente "axial", como lo es igualmente,
en su simbolismo, el "rayo solar" al cual nos referíamos
poco antes, el cual señala la "dirección espiritual
que el ser debe seguir, elevándose constantemente para
finalmente llegar a su verdadero centro" . En los límites
del microcosmos, esta dirección "axial" es la
de una arteria sutil, que se extiende hasta la coronilla, a partir
de la cual se prolonga "extraindividualmente" podría
decirse, en el "rayo solar" mismo, recorrido remontándose
hacia su fuente; a lo largo del sendero se encuentran los chakras,
centros sutiles de la individualidad, a algunos de los cuales
corresponden las diferentes posiciones de lûz o "núcleo
de inmortalidad", de modo que esas posiciones mismas, o
el "despertar" sucesivo de los correspondientes chakras,
son siempre asimilables igualmente a etapas situadas en la misma
vía axial.
Eje del mundo
Por otra parte, como el "eje
del mundo" se identifica naturalmente con la dirección
vertical, que corresponde muy bien a la idea de vía ascendente,
la abertura superior, que corresponde al "microcósmos",
según lo hemos dicho, a la coronilla, deberá situarse
normalmente, a este respecto, en el cenit de la caverna, es decir,
en la sumidad de la bóveda. Empero, la cuestión
presenta de hecho algunas complicaciones, debido a que pueden
intervenir dos modalidades diferentes del simbolismo, una "polar"
y otra "solar"; por eso, en lo que concierne a la salida
de la caverna, cabe aportar aún otras precisiones, que
darán a la vez un ejemplo de las relaciones que pueden
mantener entre sí esas dos modalidades, cuyo predomino
respectivo se refiere originalmente a períodos cíclicos
diferentes, pero que ulteriormente se han asociado y combinado
a menudo de múltiples maneras.
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