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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Sepulcro al mundo profano

Víctor Manuel Guzmán Villena
victormanuelguzman@yahoo.com

Se trata en esencia de un segundo nacimiento" y de un "tercer nacimiento", distinción que en suma corresponde a la de la iniciación en los "pequeños misterios" y en los "grandes misterios"; si el "tercer nacimiento" se representa también como cumplido en la caverna, ¿de qué modo se adaptará a él el simbolismo de ésta?

El segundo nacimiento, que es propiamente lo que puede llamarse la regeneración psíquica, se opera en el domicilio de las posibilidades sutiles de la individualidad humana; el "tercer nacimiento", al contrario, al efectuarse directamente en el orden espiritual, y no ya en el psíquico, es el acceso al dominio de las posibilidades supraindividuales. El uno es, pues, propiamente un nacimiento en el cosmos (proceso al cual corresponde, en el orden macrocósmico, el nacimiento del avatara) y por consiguiente es lógico que se lo figure como ocurrido integralmente en el interior de la caverna, pero el otro es un "nacimiento fuera del cosmos: y a esta salida del cosmos, según la expresión de Hermes, debe corresponder para que el simbolismo sea completo, una salida final de la caverna, la cual contiene solamente las posibilidades incluidas en el "cosmos", las que el iniciado debe precisamente sobrepasar en esta nueva fase del desarrollo de su ser, del cual el segundo nacimiento no era en realidad sino el punto de partida.

Aquí la caverna vuelve a ser un "sepulcro", ya no esta vez en razón exclusivamente de su situación subterránea, sino porque el cosmos integro es en cierto modo el "sepulcro" del cual el ser debe salir ahora' el "tercer nacimiento" está precedido necesariamente de la "segunda muerte"; que no es ya la muerte al mundo profano, sino verdaderamente la "muerte al cosmos" (ya también en el cosmos), y por eso el nacimiento "extracósmico" se asimila siempre a una "resurrección". Para que pueda ocurrir tal "resurrección", que es al mismo tiempo la salida de la caverna es necesario que sea retirada la piedra que cierra la abertura del "sepulcro" (es decir, de la caverna misma); veremos en seguida cómo puede traducirse esto en ciertos casos en el simbolismo ritual.

Cuando lo que está fuera de la caverna representaba solamente el mundo profano o las "tinieblas exteriores", la caverna aparecía como el único lugar iluminado, y, por lo demás, iluminado forzosamente desde el interior; ninguna luz, en efecto, podía entonces venirle de afuera. Ahora, puesto que hay que tener en cuenta las posibilidades "extracósmicas", la caverna, pese a tal iluminación, se hace relativamente oscura, con relación, no diremos a lo que está simplemente fuera de ella, sino más precisamente a lo que está sobre ella, allende su bóveda, pues esto es lo que representa al dominio "extracósmico". Podría entonces, según este nuevo punto de vista, considerarse la iluminación interior como el mero reflejo de una luz que penetra a través del "techo del mundo", por la "puerta solar", que es el "ojo" de la bóveda cósmica o la abertura superior de la caverna. En el orden microcósmico, esta abertura corresponde al séptimo chakra, es decir, al punto de contacto del individuo con el "séptimo rayo del sol espiritual", punto cuya "localización" según las correspondencias orgánicas se encuentra en la coronilla, y que se figura también por la abertura superior del athanor hermético.

El Sol inteligible

Cabe observar que con esa iluminación refleja, tenemos la imagen de la caverna de Platón, en la cual no se ven sino sombras, gracias a una luz que viene de fuera , y esta luz es ciertamente "extracósmica", ya que su fuente es el "sol inteligible". La liberación de los prisioneros y su salida de la caverna es una salida al día, por la cual pueden contemplar directamente; la realidad de que hasta entonces no habían percibido sino un simple reflejo; esa realidad son los "arquetipos" eternos, las posibilidades contenidas en la "permanente actualidad" de la esencia inmutable.

Por último importa señalar que los dos nacimientos de que hemos hablado, siendo dos fases sucesivas de la iniciación completa, son también, por eso mismo, dos etapas de una misma vía, y que esta vía esencialmente "axial", como lo es igualmente, en su simbolismo, el "rayo solar" al cual nos referíamos poco antes, el cual señala la "dirección espiritual que el ser debe seguir, elevándose constantemente para finalmente llegar a su verdadero centro" . En los límites del microcosmos, esta dirección "axial" es la de una arteria sutil, que se extiende hasta la coronilla, a partir de la cual se prolonga "extraindividualmente" podría decirse, en el "rayo solar" mismo, recorrido remontándose hacia su fuente; a lo largo del sendero se encuentran los chakras, centros sutiles de la individualidad, a algunos de los cuales corresponden las diferentes posiciones de lûz o "núcleo de inmortalidad", de modo que esas posiciones mismas, o el "despertar" sucesivo de los correspondientes chakras, son siempre asimilables igualmente a etapas situadas en la misma vía axial.

Eje del mundo

Por otra parte, como el "eje del mundo" se identifica naturalmente con la dirección vertical, que corresponde muy bien a la idea de vía ascendente, la abertura superior, que corresponde al "microcósmos", según lo hemos dicho, a la coronilla, deberá situarse normalmente, a este respecto, en el cenit de la caverna, es decir, en la sumidad de la bóveda. Empero, la cuestión presenta de hecho algunas complicaciones, debido a que pueden intervenir dos modalidades diferentes del simbolismo, una "polar" y otra "solar"; por eso, en lo que concierne a la salida de la caverna, cabe aportar aún otras precisiones, que darán a la vez un ejemplo de las relaciones que pueden mantener entre sí esas dos modalidades, cuyo predomino respectivo se refiere originalmente a períodos cíclicos diferentes, pero que ulteriormente se han asociado y combinado a menudo de múltiples maneras.

 
 
 
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