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La paradoja de la vida
- Víctor Manuel Guzmán
Villena
- victormanuelguzman@yahoo.com
El conocimiento y la inteligencia
se apoyan sobre este funcionamiento binario: justo-falso, abierto-cerrado,
vivo-muerto, líquido-sólido, Y a partir de aquí
se puede definir que lo particular podría ser definido
según sus relaciones con aquél; del cual, cada
cosa sería percibida como intermediaria de otra cosa.
Por lo que exige una nueva estructura mental, capaz de percibir
como reales los estados intermedios entre el sí y el no,
entre lo positivo y lo negativo. Es decir un razonamiento por
encima del binario. En cierto modo, un tercer ojo de la inteligencia.
Para expresar la visión de este tercer ojo, el lenguaje,
que es un producto binario (una conjuración, una limitación
organizada), es insuficiente, se necesita pues, utilizar adjetivos
de dos caras: real-irreal, inmaterial-material, soluble-insoluble.
Basta citar dos diagramas:
el mosaico blanco y negro utilizado en muchas escuelas iniciáticas
o el yin y yang, símbolo de la dualidad ampliamente utilizados
en el taoísmo como en el confucionismo. El primero, representa
el emblema de la variedad del suelo terrestre, formado por piedras
blancas y negras unidas por un mismo cemento, simboliza la unión
a pesar de las diferencias de razas, opiniones políticas,
religiosas y sociales; en una imagen que representa los contrapuestos
que está sembrado el camino de nuestras existencias. Esta
oposición es la representación de nuestras vidas,
donde tenemos circunstancias y momentos blancos pero también
negros, y que por lo tanto debemos estar preparados para sentir
los beneficios del triunfo, pero también aprender las
lecciones que nos ofrecen aquellos momentos de los fracasos y
las derrotas, contrariedades, sufrimientos. Esta situación
nos plantea la vigencia del principio de polaridad que se manifiesta
en el Kibalión: "Todo es doble, todo tiene dos polos;
todo, su par de opuestos; los semejantes y los antagónicos
son lo mismo; los idénticos son opuestos en naturaleza,
pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las paradojas
pueden reconciliarse".
Los opuestos
El segundo diagrama está
representada las dos fuerzas del mundo: negativo y positivo,
femenino y masculino- se representan en un completo equilibrio
e igualdad, con su naturaleza manifestándose en todo lo
que existe. Debido a que no están divididos estadísticamente
(o el mundo llegaría a su fin) sino siempre actúan
recíprocamente, la semilla de uno se muestra contenida
en su opuesto, un punto negro en lo blanco y un blanco en lo
negro. Aunque se denomina opuestos, su acción es siempre
de cooperación para lograr un equilibrio correcto (por
ejemplo una persona fuertemente intelectual debe dar la bienvenida
a un poco intuitiva y suave yin para que esté bien integrado).
Esto nos permite comprender
una de las condiciones básicas de la vida: En ellas encontramos
de todo, en un proceso en el que podemos identificar condiciones
duales, ya sea en términos de secuencias, como en la relación
causa-efecto, o en la calificación de lo circunstancial
para nuestra percepción, así, no es comprensible
una cualidad si no va acompañada de la noción de
su contraria, por ejemplo, no podemos comprender el concepto:
bueno si no lo asociamos de alguna manera al concepto malo; positivo
con negativo; alto con bajo; alegría con sufrimiento;
riqueza con pobreza; esclavitud con libertad; vida y muerte,
y se puede enumerar así una infinidad de estos ejemplos.
No todo es blanco ni negro
Ciertamente adentrándonos
en nuestras experiencias, no todo es blanco y negro, todo tiene
sus matices, inclusive los mismos colores blanco y negro, se
ven unidos en la distancia como tonalidades de gris, sin que
puedan identificarse límites insuperables para nada, pero
ello no resta validez al concepto, pues si para un efecto concurren
varias, muchas causas, y para una causa pueden concurrir varios,
muchos efectos, ello no niega la relación dual causa-efecto,
sino por el contrario, la perfecciona, pues le otorga el muy
necesario factor de relatividad que nos permite en ocasiones
ver un bosque donde otros solo pueden ver un conjunto de árboles.
La representación contraria
del negro y el blanco nos hace comprender que la vida es una
sola y que de ella debemos esforzarnos en comprender las relaciones
de causa y efecto, para lo cual uno de los principales ejercicios
metodológicos es polarizar, tratar de ponerlo todo en
blanco y negro, aunque después encontremos que ellos sean
todavía tonalidades de gris. Un ejemplo interesante se
presenta al analizar el término vida con su opuesto muerte.
No se puede entender la vida sin la muerte, todo lo que nace
necesariamente tiene que morir, pero es necesario despejar algunas
incognitas: ¿puede morir algo que aún no nace?
¿es necesario que para que algo sea considerado vivo,
haya nacido previamente? ¿tiene vida algo que ya ha muerto?
¿puede morir la vida?
Vida y muerte
Empecemos por lo último,
entiendo a la vida como un complejo cósmico que como tal,
parece no tener principio ni fin, de manera que no nos es posible
comprender un "primer" ser vivo, pues cualquiera que
sea éste, debió nacer de alguna manera y por lo
tanto, sus componentes vitales debieron ser pretéritos:
siempre debió haber alguien antes del primero, por lo
que este calificativo resulta algo equívoco.
La vida, por tanto, no nace
ni tampoco muere, quienes tienen ese ciclo son los seres vivos,
en tanto que individuos, como grupo, razas o especies, que nacen
cuando se han producido las condiciones para su surgimiento,
como lo demuestra la reflexión sobre qué fue primero
<el huevo o la gallina>, evidentemente, el huevo, pues
es el organismo que surge mutante, diferente cualitativamente
de sus ancestros, preparado evolutivamente para enfrentar con
más solvencia los retos del entorno, o morir, desaparecer
como especie si sus características de reproducción
no son ambientalmente coherentes y no son capaces de enfrentar
los retos circunstanciales de la existencia.
victormanuelguzman@yahoo.com
Muerte o desaparición
La muerte, por su parte se
presenta singular, se individualiza en cada ser u organismo,
inclusive, en cada parte de los organismos, por lo que podemos
constatar que la vida de un individuo tiene dos contenidos: uno,
su integralidad que le permite presentarse como tal individuo,
lo que personaliza y se extingue cuando morimos, y otro, el que
corresponde a cada una de las partes del conjunto orgánico
del cuerpo que nos contiene, que sigue viviendo más allá
de la declaración como clínicamente muerto de cada
individuo o de que sea separado del organismo original, lo que
ha permitido a la medicina incursionar en el campo de los transplantes
de órganos para prolongar o al menos mejorar la calidad
de vida de quienes han sufrido lesiones en sus órganos,
mediante procedimientos que pueden realizarse mientras los procesos
de descomposición orgánica no hayan destruido irremediablemente
la paredes de los tejidos celulares.
Gran paradoja ésta de
que la vida se nutre de la muerte, pero la verificamos a diario,
pues para existir debemos consumir (y por lo tanto matar) seres
vivos o al menos recientemente muertos y por lo tanto, con una
vida latente evidente, que se prolonga a través de una
cadena biológica de predadores y depredadores.
Queda por resolver si ese ser
individual que fallece, simplemente desaparece, o su energía
se integra a un sistema cósmico vital, como la gota de
agua que en una lluvia cae en la inmensidad de los océanos,
logrando eventualmente ciertas polémicas manifestaciones
post morten, pero que ya no corresponden al cuerpo originario,
muerto, sino a otras formas de energía que lo que podemos
llamar: alma, espíritu o energía.
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