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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

La paradoja de la vida

Víctor Manuel Guzmán Villena
victormanuelguzman@yahoo.com

El conocimiento y la inteligencia se apoyan sobre este funcionamiento binario: justo-falso, abierto-cerrado, vivo-muerto, líquido-sólido, Y a partir de aquí se puede definir que lo particular podría ser definido según sus relaciones con aquél; del cual, cada cosa sería percibida como intermediaria de otra cosa. Por lo que exige una nueva estructura mental, capaz de percibir como reales los estados intermedios entre el sí y el no, entre lo positivo y lo negativo. Es decir un razonamiento por encima del binario. En cierto modo, un tercer ojo de la inteligencia. Para expresar la visión de este tercer ojo, el lenguaje, que es un producto binario (una conjuración, una limitación organizada), es insuficiente, se necesita pues, utilizar adjetivos de dos caras: real-irreal, inmaterial-material, soluble-insoluble.

Basta citar dos diagramas: el mosaico blanco y negro utilizado en muchas escuelas iniciáticas o el yin y yang, símbolo de la dualidad ampliamente utilizados en el taoísmo como en el confucionismo. El primero, representa el emblema de la variedad del suelo terrestre, formado por piedras blancas y negras unidas por un mismo cemento, simboliza la unión a pesar de las diferencias de razas, opiniones políticas, religiosas y sociales; en una imagen que representa los contrapuestos que está sembrado el camino de nuestras existencias. Esta oposición es la representación de nuestras vidas, donde tenemos circunstancias y momentos blancos pero también negros, y que por lo tanto debemos estar preparados para sentir los beneficios del triunfo, pero también aprender las lecciones que nos ofrecen aquellos momentos de los fracasos y las derrotas, contrariedades, sufrimientos. Esta situación nos plantea la vigencia del principio de polaridad que se manifiesta en el Kibalión: "Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos; los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los idénticos son opuestos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las paradojas pueden reconciliarse".

Los opuestos

El segundo diagrama está representada las dos fuerzas del mundo: negativo y positivo, femenino y masculino- se representan en un completo equilibrio e igualdad, con su naturaleza manifestándose en todo lo que existe. Debido a que no están divididos estadísticamente (o el mundo llegaría a su fin) sino siempre actúan recíprocamente, la semilla de uno se muestra contenida en su opuesto, un punto negro en lo blanco y un blanco en lo negro. Aunque se denomina opuestos, su acción es siempre de cooperación para lograr un equilibrio correcto (por ejemplo una persona fuertemente intelectual debe dar la bienvenida a un poco intuitiva y suave yin para que esté bien integrado).

Esto nos permite comprender una de las condiciones básicas de la vida: En ellas encontramos de todo, en un proceso en el que podemos identificar condiciones duales, ya sea en términos de secuencias, como en la relación causa-efecto, o en la calificación de lo circunstancial para nuestra percepción, así, no es comprensible una cualidad si no va acompañada de la noción de su contraria, por ejemplo, no podemos comprender el concepto: bueno si no lo asociamos de alguna manera al concepto malo; positivo con negativo; alto con bajo; alegría con sufrimiento; riqueza con pobreza; esclavitud con libertad; vida y muerte, y se puede enumerar así una infinidad de estos ejemplos.

No todo es blanco ni negro

Ciertamente adentrándonos en nuestras experiencias, no todo es blanco y negro, todo tiene sus matices, inclusive los mismos colores blanco y negro, se ven unidos en la distancia como tonalidades de gris, sin que puedan identificarse límites insuperables para nada, pero ello no resta validez al concepto, pues si para un efecto concurren varias, muchas causas, y para una causa pueden concurrir varios, muchos efectos, ello no niega la relación dual causa-efecto, sino por el contrario, la perfecciona, pues le otorga el muy necesario factor de relatividad que nos permite en ocasiones ver un bosque donde otros solo pueden ver un conjunto de árboles.

La representación contraria del negro y el blanco nos hace comprender que la vida es una sola y que de ella debemos esforzarnos en comprender las relaciones de causa y efecto, para lo cual uno de los principales ejercicios metodológicos es polarizar, tratar de ponerlo todo en blanco y negro, aunque después encontremos que ellos sean todavía tonalidades de gris. Un ejemplo interesante se presenta al analizar el término vida con su opuesto muerte. No se puede entender la vida sin la muerte, todo lo que nace necesariamente tiene que morir, pero es necesario despejar algunas incognitas: ¿puede morir algo que aún no nace? ¿es necesario que para que algo sea considerado vivo, haya nacido previamente? ¿tiene vida algo que ya ha muerto? ¿puede morir la vida?

Vida y muerte

Empecemos por lo último, entiendo a la vida como un complejo cósmico que como tal, parece no tener principio ni fin, de manera que no nos es posible comprender un "primer" ser vivo, pues cualquiera que sea éste, debió nacer de alguna manera y por lo tanto, sus componentes vitales debieron ser pretéritos: siempre debió haber alguien antes del primero, por lo que este calificativo resulta algo equívoco.

La vida, por tanto, no nace ni tampoco muere, quienes tienen ese ciclo son los seres vivos, en tanto que individuos, como grupo, razas o especies, que nacen cuando se han producido las condiciones para su surgimiento, como lo demuestra la reflexión sobre qué fue primero <el huevo o la gallina>, evidentemente, el huevo, pues es el organismo que surge mutante, diferente cualitativamente de sus ancestros, preparado evolutivamente para enfrentar con más solvencia los retos del entorno, o morir, desaparecer como especie si sus características de reproducción no son ambientalmente coherentes y no son capaces de enfrentar los retos circunstanciales de la existencia.
victormanuelguzman@yahoo.com

Muerte o desaparición

La muerte, por su parte se presenta singular, se individualiza en cada ser u organismo, inclusive, en cada parte de los organismos, por lo que podemos constatar que la vida de un individuo tiene dos contenidos: uno, su integralidad que le permite presentarse como tal individuo, lo que personaliza y se extingue cuando morimos, y otro, el que corresponde a cada una de las partes del conjunto orgánico del cuerpo que nos contiene, que sigue viviendo más allá de la declaración como clínicamente muerto de cada individuo o de que sea separado del organismo original, lo que ha permitido a la medicina incursionar en el campo de los transplantes de órganos para prolongar o al menos mejorar la calidad de vida de quienes han sufrido lesiones en sus órganos, mediante procedimientos que pueden realizarse mientras los procesos de descomposición orgánica no hayan destruido irremediablemente la paredes de los tejidos celulares.

Gran paradoja ésta de que la vida se nutre de la muerte, pero la verificamos a diario, pues para existir debemos consumir (y por lo tanto matar) seres vivos o al menos recientemente muertos y por lo tanto, con una vida latente evidente, que se prolonga a través de una cadena biológica de predadores y depredadores.

Queda por resolver si ese ser individual que fallece, simplemente desaparece, o su energía se integra a un sistema cósmico vital, como la gota de agua que en una lluvia cae en la inmensidad de los océanos, logrando eventualmente ciertas polémicas manifestaciones post morten, pero que ya no corresponden al cuerpo originario, muerto, sino a otras formas de energía que lo que podemos llamar: alma, espíritu o energía.

 
 
 
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