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Prolongaciones del dominio
humano
Toda vida humana constituye
en sí misma un ciclo análogo al de la humanidad
tomada en su conjunto, y el tiempo se "contrae" en
cierto modo para cada ser a medida que agota las posibilidades
del estado corporal.
- Víctor Manuel Guzmán
Villena
- victormanuelguzman@yahoo.com
s común observar que,
a medida que el hombre avanza en edad, los años parecen
correr cada vez más rápidamente para él,
lo que significa que la duración que realmente tiene va
disminuyendo progresivamente. Debe entonces necesariamente llegará
un momento en que estará reducido a un punto, y entonces
el ser no encontrará literalmente en este mundo ninguna
duración en la cual le sea posible vivir, de manera que
no habrá para él otra salida que la de pasar a
otro estado, sometido a diferentes condiciones a las de su existencia
corporal, incluso aunque ese estado no sea todavía, en
realidad, sino alguna de las modalidades extracorporales del
dominio individual humano.
Grandes misterios
Esto nos conduce a considerar
los demás sentidos de la "longevidad", que efectivamente
se refieren a posibilidades distintas a las del estado corporal;
pero, para comprender lo que es exactamente, es preciso señalar
la diferencia que existe entre la transmutación y la transformación.
Tomamos siempre la palabra transformación en su acepción
estrictamente etimológica, que es la de "paso más
allá de la forma"; en consecuencia, el ser no podrá
ser llamado "transformado" más que si efectivamente
ha pasado a un estado supraindividual (puesto que todo estado
individual, sea cual sea, es por ello mismo formal); se trata
entonces aquí de algo cuya realización pertenece
al dominio de los "grandes misterios".
Tranformación
En cuanto al cuerpo, su "transformación"
no puede ser sino su transposición en modo principal;
en otras palabras, aquello a lo cual puede llamarse el cuerpo
"transformado" es propiamente la posibilidad corporal
liberada de las condiciones limitativas a las que está
sometida en cuanto a su existencia en modo individual (y que
por otra parte tiene, como toda limitación, más
que un carácter puramente negativo), y reuniéndose
necesariamente, en su rango y al mismo título que todas
las demás posibilidades, en la realización total
del ser.
Este es el sentido superior
de la "resurrección" y del "cuerpo glorioso",
aunque estos términos puedan a veces ser empleados para
designar algo que, de hecho, se sitúa únicamente
en las prolongaciones del estado humano, pero que se corresponde
en cierto modo con estas realidades de orden principal y es como
un reflejo, lo que especialmente es el caso de ciertas posibilidades
inherentes al "Estado Primordial". Es evidente que
hay aquí algo que supera toda posible concepción
de "longevidad", pues ésta, por definición,
implica forzosamente una duración y no puede en consecuencia
ir más allá de la "perpetuidad" o de
la indefinidad cíclica.
Transmutación
Mientras que la transmutación,
por el contrario, perteneciendo al orden principal, responde
por ello a la eternidad, que es uno de sus atributos esenciales;
con la transformación se está, entonces, más
allá de toda duración y no en una duración
cualquiera, por indefinidamente prolongada que se la puede suponer.
La transmutación es
un cambio de estado en el interior del dominio formal que comprende
a todo el conjunto de los estados individuales, o incluso, aún
un cambio de modalidad en el interior del dominio individual
que por perfección del estado humano le permite acceder
directamente a los estados supra-individuales, y aquí
se pueden hacer otras distinciones, según se trate de
las extensiones de la individualidad humana o de su perfección
en el "Estado Primordial". Para comenzar por las posibilidades
del orden menos elevado diremos en principio que es concebible
que, en ciertos casos y mediante ciertos procedimientos especiales
que dependen del hermetismo, que es conocido en particular en
las tradiciones hindúes, los elementos que constituyen
el cuerpo puedan ser "transmutados" y utilizados en
forma de ser transferidos a una modalidad extracorporal, donde
el ser podrá desde entonces existir en condiciones menos
estrechamente limitadas en relación con las del dominio
corporal, especialmente bajo aspectos de duración. No
es necesario por otra parte ver en ello nada trascendental en
el verdadero sentido de la palabra, puesto que no se trata sino
de posibilidades humanas, cuya realización, además,
no puede tener interés mas que para un ser al que ésta
torne capaz de desempeñar alguna misión especial,
aparte de este caso, ello no sería en suma sino una disgregación
en el curso del proceso iniciático, y una demora más
o menos prolongada sobre la vía que debe normalmente conducir
a la restauración del "Estado Primordial".
<b>Estado Primordial</b>
Es preciso hablar del "Estado
Primordial", puesto que el ser que alcanzado está
virtualmente liberado, es decir "transformado", por
supuesto su antes, y su transformación no puede ser efectiva,
ya que todavía no ha salido del estado humano, del cual
solamente ha realizado integralmente la perfección; pero
las posibilidades adquiridas desde ese momento reflejan y prefiguran,
en cierto modo, a las del ser verdaderamente transformado, puesto
que es en efecto, en el centro del estado humano, donde directamente
se reflejan los estados superiores. El ser establecido en este
punto ocupa una posición realmente central con respecto
a todas las condiciones del estado humano, de manera que, sin
haber pasado más allá, las domina no obstante de
una cierta forma, en lugar de estar por el contrario por ellas
como es el caso del hombre ordinario; y esto es cierto, especialmente
en lo que concierne a la condición temporal como a la
espacial.
En esa condición podrá
entonces, si quiere, y es seguro que, por el grado espiritual
alcanzado, no lo querrá jamás sin razón
alguna muy profunda, transportarse a un momento cualquiera del
tiempo, así como a un lugar cualquiera del espacio. Esta
posibilidad , referida al espacio, es lo que se designa con el
nombre de "ubicuidad" que es un reflejo de la "omnipresencia"
principal, al igual que la posibilidad correspondiente en lo
que concierne al tiempo es un reflejo de la eternidad y de la
absoluta simultaneidad que ésta implica.
Esta posibilidad puede, por
lo demás, en el curso ordinario de las cosas, no manifestarse
al exterior en modo alguno; pero el ser que la adquiere la posee
desde de una manera permanente e inmutable, y nada podrá
hacerle perder; le basta con retirarse del mundo exterior y entrar
en sí mismo, todas las veces que le convenga hacerlo,
para encontrar siempre, en el centro de su propio ser, la verdadera
fuente de la inmortalidad
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