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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Prolongaciones del dominio humano

Toda vida humana constituye en sí misma un ciclo análogo al de la humanidad tomada en su conjunto, y el tiempo se "contrae" en cierto modo para cada ser a medida que agota las posibilidades del estado corporal.

Víctor Manuel Guzmán Villena
victormanuelguzman@yahoo.com

s común observar que, a medida que el hombre avanza en edad, los años parecen correr cada vez más rápidamente para él, lo que significa que la duración que realmente tiene va disminuyendo progresivamente. Debe entonces necesariamente llegará un momento en que estará reducido a un punto, y entonces el ser no encontrará literalmente en este mundo ninguna duración en la cual le sea posible vivir, de manera que no habrá para él otra salida que la de pasar a otro estado, sometido a diferentes condiciones a las de su existencia corporal, incluso aunque ese estado no sea todavía, en realidad, sino alguna de las modalidades extracorporales del dominio individual humano.

Grandes misterios

Esto nos conduce a considerar los demás sentidos de la "longevidad", que efectivamente se refieren a posibilidades distintas a las del estado corporal; pero, para comprender lo que es exactamente, es preciso señalar la diferencia que existe entre la transmutación y la transformación.
Tomamos siempre la palabra transformación en su acepción estrictamente etimológica, que es la de "paso más allá de la forma"; en consecuencia, el ser no podrá ser llamado "transformado" más que si efectivamente ha pasado a un estado supraindividual (puesto que todo estado individual, sea cual sea, es por ello mismo formal); se trata entonces aquí de algo cuya realización pertenece al dominio de los "grandes misterios".

Tranformación

En cuanto al cuerpo, su "transformación" no puede ser sino su transposición en modo principal; en otras palabras, aquello a lo cual puede llamarse el cuerpo "transformado" es propiamente la posibilidad corporal liberada de las condiciones limitativas a las que está sometida en cuanto a su existencia en modo individual (y que por otra parte tiene, como toda limitación, más que un carácter puramente negativo), y reuniéndose necesariamente, en su rango y al mismo título que todas las demás posibilidades, en la realización total del ser.

Este es el sentido superior de la "resurrección" y del "cuerpo glorioso", aunque estos términos puedan a veces ser empleados para designar algo que, de hecho, se sitúa únicamente en las prolongaciones del estado humano, pero que se corresponde en cierto modo con estas realidades de orden principal y es como un reflejo, lo que especialmente es el caso de ciertas posibilidades inherentes al "Estado Primordial". Es evidente que hay aquí algo que supera toda posible concepción de "longevidad", pues ésta, por definición, implica forzosamente una duración y no puede en consecuencia ir más allá de la "perpetuidad" o de la indefinidad cíclica.

Transmutación

Mientras que la transmutación, por el contrario, perteneciendo al orden principal, responde por ello a la eternidad, que es uno de sus atributos esenciales; con la transformación se está, entonces, más allá de toda duración y no en una duración cualquiera, por indefinidamente prolongada que se la puede suponer.

La transmutación es un cambio de estado en el interior del dominio formal que comprende a todo el conjunto de los estados individuales, o incluso, aún un cambio de modalidad en el interior del dominio individual que por perfección del estado humano le permite acceder directamente a los estados supra-individuales, y aquí se pueden hacer otras distinciones, según se trate de las extensiones de la individualidad humana o de su perfección en el "Estado Primordial". Para comenzar por las posibilidades del orden menos elevado diremos en principio que es concebible que, en ciertos casos y mediante ciertos procedimientos especiales que dependen del hermetismo, que es conocido en particular en las tradiciones hindúes, los elementos que constituyen el cuerpo puedan ser "transmutados" y utilizados en forma de ser transferidos a una modalidad extracorporal, donde el ser podrá desde entonces existir en condiciones menos estrechamente limitadas en relación con las del dominio corporal, especialmente bajo aspectos de duración. No es necesario por otra parte ver en ello nada trascendental en el verdadero sentido de la palabra, puesto que no se trata sino de posibilidades humanas, cuya realización, además, no puede tener interés mas que para un ser al que ésta torne capaz de desempeñar alguna misión especial, aparte de este caso, ello no sería en suma sino una disgregación en el curso del proceso iniciático, y una demora más o menos prolongada sobre la vía que debe normalmente conducir a la restauración del "Estado Primordial".

<b>Estado Primordial</b>

Es preciso hablar del "Estado Primordial", puesto que el ser que alcanzado está virtualmente liberado, es decir "transformado", por supuesto su antes, y su transformación no puede ser efectiva, ya que todavía no ha salido del estado humano, del cual solamente ha realizado integralmente la perfección; pero las posibilidades adquiridas desde ese momento reflejan y prefiguran, en cierto modo, a las del ser verdaderamente transformado, puesto que es en efecto, en el centro del estado humano, donde directamente se reflejan los estados superiores. El ser establecido en este punto ocupa una posición realmente central con respecto a todas las condiciones del estado humano, de manera que, sin haber pasado más allá, las domina no obstante de una cierta forma, en lugar de estar por el contrario por ellas como es el caso del hombre ordinario; y esto es cierto, especialmente en lo que concierne a la condición temporal como a la espacial.

En esa condición podrá entonces, si quiere, y es seguro que, por el grado espiritual alcanzado, no lo querrá jamás sin razón alguna muy profunda, transportarse a un momento cualquiera del tiempo, así como a un lugar cualquiera del espacio. Esta posibilidad , referida al espacio, es lo que se designa con el nombre de "ubicuidad" que es un reflejo de la "omnipresencia" principal, al igual que la posibilidad correspondiente en lo que concierne al tiempo es un reflejo de la eternidad y de la absoluta simultaneidad que ésta implica.

Esta posibilidad puede, por lo demás, en el curso ordinario de las cosas, no manifestarse al exterior en modo alguno; pero el ser que la adquiere la posee desde de una manera permanente e inmutable, y nada podrá hacerle perder; le basta con retirarse del mundo exterior y entrar en sí mismo, todas las veces que le convenga hacerlo, para encontrar siempre, en el centro de su propio ser, la verdadera fuente de la inmortalidad

 
 
 
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