La piedra, sagrada
Víctor Manuel Guzmán
Villena
victormanuelguzman@yahoo.com
Sabemos que las piedras tuvieron
un significado muy simbólico en las sociedades antiguas
y primitivas. Se creía con frecuencia que las piedras
bastas y naturales eran la morada de los dioses y se utilizaron
como lápidas sepulcrales, amojonamientos u objetos de
veneración religiosa.
Para la primitiva humanidad todas las divinidades entrañaban
el sexo femenino.
Su empleo puede considerarse
como una forma primitiva de escultura y como un primer intento
de investir a la piedra con un poder más expresivo que
el que podrían darla la casualidad y la naturaleza.
En este sentido la animación de la piedra tiene que explicarse
como la proyección de un contenido más o menos
claro del inconsciente.
Materia prima
Mientras el ser humano fue
nómada la piedra bruta era consustancial a él.
Cuando se hizo nómada necesitó la piedra talladas.
La explicación de la diferencia simbólica es que
la piedra bruta representa la "materia prima" indiferenciada
o el "caos" con todas las correspondencias tanto microcósmicas
como macrocósmicas, mientras que, al contrario, la piedra
completamente talladas en todas sus caras representa el cumplimiento
o perfección de la obra.
Esa diferencia corresponde
a un doble aspecto de la "materia prima" según
que ésta se considere como la "virgen universal"
o como el "caos" que está en el origen de toda
manifestación.
En la tradición hindú
sucede igualmente que Prákrti al mismo tiempo que es la
pura potencialidad que está literalmente por debajo de
toda existencia, es también un aspecto de la Cacti, o
sea de la "madre divina"; y, por supuesto ambos puntos
de vista no son en modo alguno excluyentes, lo cual por lo demás
justifica la coexistencia de los altares de piedra bruta en edificios
de piedra tallada.
El símbolo
La piedra bruta dice Gherbrantd
y Chevalier, es andrógina, como el estado primordial,
y es también la materia pasiva, ambivalente.
Juan Eduardo Cirlot indica
que la piedra es "un símbolo del ser, de la cohesión
y la conformidad consigo mismo; simbolizó la vanidad y
la fuerza siendo entera y rota en muchos fragmentos, el desmembramiento,
la disgregación psíquica, la enfermedad, la muerte
y la derrota; es la música petrificada de la creación.
En cuanto a la Piedra Filosofal
de la Alquimia representa la unidad de los contrarios, la integración
del yo consciente con su parte femenina o inconsciente y, en
consecuencia, es símbolo de totalidad", como así
lo viera Jung "La piedra parece pues constituir un antiquísimo
símbolo de lo eterno, lo perenne en el hombre, a partir
de lo cual toma su fuerza vital.
victormanuelguzman@yahoo.com
Hermes y la piedra filosofal
El culto, incluso intelectual
a la piedra, se evidencia en la búsqueda alquímica
de la piedra filosofal que ampara el Hermes-Mercurio de los alquimistas
y en el mundo actual todos los monumentos, esculturas y edificaciones
hechas con piedra.
Teodoro Rubio asocia este rito
con las Piedras Hermai: "El Hermes trajeron los pueblos
invasores influidos por las civilizaciones egipcia y griega que
después los romanos tradujeron en Mercurio, era reverenciado
en piedras colocadas al borde de los caminos, piedras faliformes
al principio, después pequeñas columnas rematadas
con el busto del dios y luego la columna sola, bien con el caduceo
esculpido o bien lisa.
En torno de ella el caminante
dejaba una piedra y una súplica verbal al mensajero de
los dioses para que lo protegiese en su viaje". Una derivación
moderna es tirar monedas en algunos estanques, pozos o fuentes.
La ambivalencia de la piedra,
el carácter andrógino fue percibido por Diana-Hecate,
que en sus orígenes fue una diosa funeraria. Era divinidad
fecundadora, cuidaba de los rebaños, multiplicaba los
frutos, guiaba a los transeúntes; dios que era rey de
la muerte, amontonaba las almas y las llevaba a la región
de las sombras. Mercurio, por consiguiente, se reduce a una Diana
masculina. No es más que la Master Magna convertida en
Pater.
Meteoros, religión
y 'fálicos'
En el Tratado de Historia de
las Religioness, Mircea Eliade afirma que "para la conciencia
religiosa arcaica, la piedra bruta evocaba la presencia divina
de manera más directa que las esculturas de Praxiteles
a sus contemporáneos".
Por su indestructibilidad aporta
la idea de la eternidad, según Olivier Beigbeder, quien
ha escrito que "en el ámbito mesopotámico,
mediterráneo y occidental, la piedra ha podido ser elevada
a la dignidad de centro del Mundo, como el kudurni mesopotámico,
el Bet- El de Jacob, o incluso el Onphalos de Delfos".
El antroólogo Mircea
Eliade afirma que los meteoritos han sido las piedras más
veneradas como habitáculos divinos, como la Kaaba de La
Meca, si bien estima que por lo común la piedra es simplemente
un símbolo de fecundidad, por lo cual no ha de extrañar
que numerosos pueblos erigan piedras fálicas (obeliscos),
siendo el falo el símbolo de la duración de la
existencia, de la potencia. Igualmente nos recuerda que la piedra
negra siempre ha simbolizado a la Gran Madre.
En numerosos pueblos, en especial
de Medio Oriente, Asia y Europa existe el ritual de arrojamiento
de piedras. en los templos, margenes de los caminos, en las ermitas.
Las piedras lanzadas por cientos
de feligreses conforman montículos nada despreciables.
Igualmente han podido observar los que han hecho el iniciático
Camino de Santiago, a pie, donde hay lugares con un hecho similar,
destacando sobre todos en los enclaves.
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