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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

La piedra, sagrada

Víctor Manuel Guzmán Villena
victormanuelguzman@yahoo.com

Sabemos que las piedras tuvieron un significado muy simbólico en las sociedades antiguas y primitivas. Se creía con frecuencia que las piedras bastas y naturales eran la morada de los dioses y se utilizaron como lápidas sepulcrales, amojonamientos u objetos de veneración religiosa.
Para la primitiva humanidad todas las divinidades entrañaban el sexo femenino.

Su empleo puede considerarse como una forma primitiva de escultura y como un primer intento de investir a la piedra con un poder más expresivo que el que podrían darla la casualidad y la naturaleza.
En este sentido la animación de la piedra tiene que explicarse como la proyección de un contenido más o menos claro del inconsciente.

Materia prima

Mientras el ser humano fue nómada la piedra bruta era consustancial a él. Cuando se hizo nómada necesitó la piedra talladas. La explicación de la diferencia simbólica es que la piedra bruta representa la "materia prima" indiferenciada o el "caos" con todas las correspondencias tanto microcósmicas como macrocósmicas, mientras que, al contrario, la piedra completamente talladas en todas sus caras representa el cumplimiento o perfección de la obra.

Esa diferencia corresponde a un doble aspecto de la "materia prima" según que ésta se considere como la "virgen universal" o como el "caos" que está en el origen de toda manifestación.

En la tradición hindú sucede igualmente que Prákrti al mismo tiempo que es la pura potencialidad que está literalmente por debajo de toda existencia, es también un aspecto de la Cacti, o sea de la "madre divina"; y, por supuesto ambos puntos de vista no son en modo alguno excluyentes, lo cual por lo demás justifica la coexistencia de los altares de piedra bruta en edificios de piedra tallada.

El símbolo

La piedra bruta dice Gherbrantd y Chevalier, es andrógina, como el estado primordial, y es también la materia pasiva, ambivalente.

Juan Eduardo Cirlot indica que la piedra es "un símbolo del ser, de la cohesión y la conformidad consigo mismo; simbolizó la vanidad y la fuerza siendo entera y rota en muchos fragmentos, el desmembramiento, la disgregación psíquica, la enfermedad, la muerte y la derrota; es la música petrificada de la creación.

En cuanto a la Piedra Filosofal de la Alquimia representa la unidad de los contrarios, la integración del yo consciente con su parte femenina o inconsciente y, en consecuencia, es símbolo de totalidad", como así lo viera Jung "La piedra parece pues constituir un antiquísimo símbolo de lo eterno, lo perenne en el hombre, a partir de lo cual toma su fuerza vital.
victormanuelguzman@yahoo.com

Hermes y la piedra filosofal

El culto, incluso intelectual a la piedra, se evidencia en la búsqueda alquímica de la piedra filosofal que ampara el Hermes-Mercurio de los alquimistas y en el mundo actual todos los monumentos, esculturas y edificaciones hechas con piedra.

Teodoro Rubio asocia este rito con las Piedras Hermai: "El Hermes trajeron los pueblos invasores influidos por las civilizaciones egipcia y griega que después los romanos tradujeron en Mercurio, era reverenciado en piedras colocadas al borde de los caminos, piedras faliformes al principio, después pequeñas columnas rematadas con el busto del dios y luego la columna sola, bien con el caduceo esculpido o bien lisa.

En torno de ella el caminante dejaba una piedra y una súplica verbal al mensajero de los dioses para que lo protegiese en su viaje". Una derivación moderna es tirar monedas en algunos estanques, pozos o fuentes.

La ambivalencia de la piedra, el carácter andrógino fue percibido por Diana-Hecate, que en sus orígenes fue una diosa funeraria. Era divinidad fecundadora, cuidaba de los rebaños, multiplicaba los frutos, guiaba a los transeúntes; dios que era rey de la muerte, amontonaba las almas y las llevaba a la región de las sombras. Mercurio, por consiguiente, se reduce a una Diana masculina. No es más que la Master Magna convertida en Pater.

Meteoros, religión y 'fálicos'

En el Tratado de Historia de las Religioness, Mircea Eliade afirma que "para la conciencia religiosa arcaica, la piedra bruta evocaba la presencia divina de manera más directa que las esculturas de Praxiteles a sus contemporáneos".

Por su indestructibilidad aporta la idea de la eternidad, según Olivier Beigbeder, quien ha escrito que "en el ámbito mesopotámico, mediterráneo y occidental, la piedra ha podido ser elevada a la dignidad de centro del Mundo, como el kudurni mesopotámico, el Bet- El de Jacob, o incluso el Onphalos de Delfos".

El antroólogo Mircea Eliade afirma que los meteoritos han sido las piedras más veneradas como habitáculos divinos, como la Kaaba de La Meca, si bien estima que por lo común la piedra es simplemente un símbolo de fecundidad, por lo cual no ha de extrañar que numerosos pueblos erigan piedras fálicas (obeliscos), siendo el falo el símbolo de la duración de la existencia, de la potencia. Igualmente nos recuerda que la piedra negra siempre ha simbolizado a la Gran Madre.

En numerosos pueblos, en especial de Medio Oriente, Asia y Europa existe el ritual de arrojamiento de piedras. en los templos, margenes de los caminos, en las ermitas.

Las piedras lanzadas por cientos de feligreses conforman montículos nada despreciables. Igualmente han podido observar los que han hecho el iniciático Camino de Santiago, a pie, donde hay lugares con un hecho similar, destacando sobre todos en los enclaves.

 
 
 
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