Secreto iniciático
egipcio
Víctor Manuel Guzmán
Villena
victormanuelguzman@yahoo.com
Escritores consagrados de la
antigüedad clásica como Herodoto, considerado el
padre de la historia; Plutarco, el maestro de la semblanza y
la biografía y Pitágoras, del misterio de los números,
nos hablan de Egipto como una cultura altamente adelantada, sabia
y profundamente iniciática en el estricto esoterismo.
Y en el medio del cual como esencia o sustratum estaba el mundo
insospechado de la magia sagrada ritualística y que no
era otra cosa que el proceso intuitivo que conducía a
las diferentes ciencias y que partía de un enunciado fundamental
donde se reconocía en el ser humano cuatro niveles existenciales:
el cuerpo animal, el cuerpo intelectual, el cuerpo astral o sublimado
y la esencia vital.
Antiguo Egipto
La historia del antiguo Egipto
puede dividirse en tres períodos: Imperio Antiguo, Imperio
Medio y el Imperio Nuevo. Para darse cuenta de su importancia
histórica e iniciática el Imperio Antiguo se remonta
a 5 mil años antes de Nuestra Era y tuvo como centro espiritual
la sagrada ciudad de Menfis. El Imperio Medio tuvo su centro
espiritual en la ciudad de Tebas y va desde la XI dinastía
hasta la XXI, abarcando 25 siglos y fue destruida por las ordas
de nómadas de los famosos Hititas. El Nuevo Imperio tuvo
su centro de espiritualidad en Saís, la famosa ciudad
de las palmeras, donde sobresale la personalidad del faraón
Ramsés II y la dinastía de los faraones Sesostris,
quienes reconstruyeron y construyeron el poderío egipcio
que perdura a través del tiempo en sus grandes monumentos
ubicados en las márgenes del Nilo. Luego vino la decadencia
definitiva con la ocupación de Alejandro Magno y funda
la ciudad de Alejandría. Tras la muerte de Cleopatra,
última reina de Egipto (XXXI dinastía), el país
fue dominado completamente por Roma.
Profundos conocimientos
La civilización egipcia
no fue construida al azar y sin arquetipos alguno; muy al contrario
todos estos monumentos sagrados atestiguan profundos conocimientos
de la geometría plana, geometría cónica
espacial, física angular y una conciencia superior metafísica.
Los antiguos egipcios fueron
una raza superior donde se desarrollaba poderes que ahora damos
en llamarlos supranormales y que es el sello indiscutible de
quien lleva la estrella flamígera de una conciencia superior;
y para dar exacto ejemplo tenemos las pirámides, cuya
construcción solo pudieron hacer aquellos que conocieron
y dominaron el poder psíquico, que llegaron a conocer
la desmaterialización íntimamente vinculada a la
geometría cónica de un espacio no lineal sino esférico.
Y la misma disposición en la construcción de los
ejes de dichas pirámides atestigua en forma irreprochable
a más de todo, un conocimiento profundo de la astronomía
semejante a la ciencia avanzada de los Mayas .
El pasaje de la entrada a las
cámaras funerarias de las pirámides miraban o estaban
orientadas hacia la estrella polar que ocupaba - por aquel tiempo-
un sitio muy diferente al actual, y de ser así se impone
aceptar que debieron conocer el movimiento retrógrado
de los equinoccios que implica el que la Estrella Polar vuelva
a coincidir con la misma ubicación luego de un período
de 25.796 años, duración exacta de aquellas culturas
que conocemos con el nombre de Atlántida y Lemuria y que
dividían al globo de aquel entonces en dos únicos
hemisferios y donde a su vez se nos dice - en los famosos relatos
de Platón, cuyos contenidos están cargados de misticismos
y revelaciones ocultistas como son los Diálogos de Timeo-
que nuestro planeta estaba acompañado de dos lunas, fenómeno
éste que tuvo que ver mucho con los dilatados períodos
de tiempo en que se presentaron la raza de los gigantes y de
lo cuales la misma Biblia hace referencia a Sansón, Goliat,
Holofernes y cuantos otros más.
Los egipcios personificaron
todas las fuerzas de la naturaleza. La gente instruida en la
ciencia iniciática o la revelación teosófica
adoraban al dios Ra, o de la fuerza solar y que ameritaba conocer
de antemano la oración esotérica a Isis. Amón
significaba en su ideografía el sol que traía a
la mente la idea del círculo sin principio ni fin y que
dio más tarde principios para los enunciados filosóficos
del eterno retorno, idea filosófica del pensador alemán
Friedrich Nietzsche.
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