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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

El Sufismo, y la eliminación del ego

Víctor Manuel Guzmán Villena
victormanuelguzman@yahoo.com

El misticismo es darse cuenta del ser o Dios. ¿Cómo? Como un ser interno más verdadero en sí mismo que el yo manifiesto de alguien.

Las religiones orientales son místicas, mientras que las tres religiones que han tenido origen en el Cercano Oriente -judaísmo, cristianismo e islamismo- no los son por su creencia de que Dios se encuentra "fuera" en algún lugar infinitamente más allá del hombre.

Existen muchos misticismos dentro de estas tres religiones y el de los sufis uno de esos grupos dentro del Islam.

Ascetas

Los sufis datan de los siglos VIII y IX a.c. Se rebelaron contra el lujo suntuoso y el poder corrupto que se suscitó en la época que siguió a la muerte del profeta Mahoma y se convirtieron en errantes ascetas del desierto, que vestían ropas hechas de lana burda, llamada suf en Arabia, de donde proviene su nombre.

Se les describe como viajeros y extranjeros por sus caminatas por el desierto y llevaban una vida de abnegación, silencio y renunciación.
Los sufis se originaron principalmente en Persia, donde ambas religiones, hinduismo y budismo habían penetrado profundamente.
Los sufis eran musulmanes y no les interesaba crear una religión nueva. "Porque la verdad no pertenece a ninguna religión sino que las trasciende a todas".

Fueron los más rígidos seguidores de Mahoma y su idea mística trasciende el dogma musulmán.

El camino

El progreso del discípulo ocurría en siete etapas, cada etapa realizada por su propio esfuerzo.

La meta final del discípulo tenía varios sentidos: consumirse en el fuego del amor de Dios; ver a Dios en su develada perfección, o abandonarse él mismo y llenarse de la gloria de Dios.

Esta última meta -el deleite del abandono- con frecuencia era llamada intoxicación, que constituye la muerte del yo: "Dios debe causar la muerte de tí mismo y la vida de él".

A la jornada mística le interesaba descartar el yo, dejando al discípulo su voluntad del deseo y purificando su voluntad. Debía aprender el abandono del yo para así doblegarse en las manos de Dios.

Gnosis

Al conocimiento místico de los sufis se le llama Gnosis. Esta es la luz de Dios, una iluminación tan penetrante que, como espada corta los sentimientos del discípulo del <yo> para siempre y desde ahí él no es él, sino Dios. Los sufis creen que el hombre no puede saber nada hasta que está con él mismo.

Para sus creyentes gnosis es el darse cuenta de que no existe otro en el mundo que la unidad de Dios. Lo otro es una ilusión. Manifestándose que Dios es conocido con un nombre y aspecto particular.

En uno de estos aspectos se dice que está en el cielo, en otro que en la tierra, la realidad es lo mismo en un todo. El verdadero gnostic (conocedor) es aquel que ve todo con adoración por ser una manifestación de Dios; de ahí que cada cosa adorada reciba el nombre de Ilah (Dios) aunque su propio nombre sea piedra, árbol, animal, planta, hombre, etc.
Gnosis y amor, espiritualmente lo mismo para los sufis era la meta más grande, y el camino hacia ellas era una alta percepción y una profunda gracia mística.

Como en otras religiones, existen pasos a seguir para ayudar al discípulo a alcanzar dichas metas. Estas prácticas era todas importantes para la experiencia sufi, sin ellas no se avanzaba por la senda.

Esencia

Esencia es lo que los budistas llaman lo-tal y los hindúes lo-aquello. Es la realidad interior, el ser, la cosa en sí misma que solo se puede ver cuando todos los conceptos acerca de él han sido arrojados.

La búsqueda de los sufis ha sido descubrir su propia esencia -su propia realidad- lo que es en sí mismo. Los sufis creen que la esencia del hombre se ha escondido de él tras velos hechos por él mismo, como deseos, hipocresía, gula, y por eso el ejercicio práctico se usa para remover esos velos para que así su esencia pueda brillar a toda luz en el discípulo.

El derviche

Derviche era el nombre dado al discípulo sufi, y los grandes maestros sufis del pasado tenían sus propias escuelas, fundadas en órdenes de derviches. Cuando el discípulo había sido aceptado por el maestro de una orden derviche, tenía que empezar su entrenamiento para estar preparado a las nuevas experiencias, las cuales con su mente ordinaria no hubiera sido capaz de entender.

Estas nuevas experiencias toman forma de despertador de cinco centros de iluminación, llamados lataif. El método es concentrar su conciencia en algún lugar de la cabeza y el cuerpo, cada lugar unido con una latifa.

Mientras la concentración penetra en esa área, la latifa se activa y produce un cambio en la conciencia y una expansión de la mente hacia la esencia.

El "yo"

Es preciso aprender la difícil verdad, punto central de las religiones, de que sus sentimientos del "yo" no se basan en una entidad real sino en un mar cambiante de sensaciones y pensamientos que lo acompañan de un movimiento rápido que es imperceptible para la mente consciente, como la secuencia en movimiento de silencios de la que está compuesta una película indistinguibles para el hombre que ve dicha película, y como el movimiento perpetuo de los átomos comprimidos en un solo cuerpo no pueden ser vistos por un ojo desnudo.

El tiene que aprender que no era una sola persona sino muchas. Sus estados de origen e imaginaciones han creado todos sus velos. El maestro le ayuda a ver estos aspectos de él mismo en pos de la iluminación del lataif, para que la misma iluminación se refuerce y se integre con los cambios suscitados en él.

 
 
 
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