El Sufismo, y la eliminación
del ego
Víctor Manuel Guzmán
Villena
victormanuelguzman@yahoo.com
El misticismo es darse cuenta
del ser o Dios. ¿Cómo? Como un ser interno más
verdadero en sí mismo que el yo manifiesto de alguien.
Las religiones orientales son
místicas, mientras que las tres religiones que han tenido
origen en el Cercano Oriente -judaísmo, cristianismo e
islamismo- no los son por su creencia de que Dios se encuentra
"fuera" en algún lugar infinitamente más
allá del hombre.
Existen muchos misticismos
dentro de estas tres religiones y el de los sufis uno de esos
grupos dentro del Islam.
Ascetas
Los sufis datan de los siglos
VIII y IX a.c. Se rebelaron contra el lujo suntuoso y el poder
corrupto que se suscitó en la época que siguió
a la muerte del profeta Mahoma y se convirtieron en errantes
ascetas del desierto, que vestían ropas hechas de lana
burda, llamada suf en Arabia, de donde proviene su nombre.
Se les describe como viajeros
y extranjeros por sus caminatas por el desierto y llevaban una
vida de abnegación, silencio y renunciación.
Los sufis se originaron principalmente en Persia, donde ambas
religiones, hinduismo y budismo habían penetrado profundamente.
Los sufis eran musulmanes y no les interesaba crear una religión
nueva. "Porque la verdad no pertenece a ninguna religión
sino que las trasciende a todas".
Fueron los más rígidos
seguidores de Mahoma y su idea mística trasciende el dogma
musulmán.
El camino
El progreso del discípulo
ocurría en siete etapas, cada etapa realizada por su propio
esfuerzo.
La meta final del discípulo
tenía varios sentidos: consumirse en el fuego del amor
de Dios; ver a Dios en su develada perfección, o abandonarse
él mismo y llenarse de la gloria de Dios.
Esta última meta -el
deleite del abandono- con frecuencia era llamada intoxicación,
que constituye la muerte del yo: "Dios debe causar la muerte
de tí mismo y la vida de él".
A la jornada mística
le interesaba descartar el yo, dejando al discípulo su
voluntad del deseo y purificando su voluntad. Debía aprender
el abandono del yo para así doblegarse en las manos de
Dios.
Gnosis
Al conocimiento místico
de los sufis se le llama Gnosis. Esta es la luz de Dios, una
iluminación tan penetrante que, como espada corta los
sentimientos del discípulo del <yo> para siempre
y desde ahí él no es él, sino Dios. Los
sufis creen que el hombre no puede saber nada hasta que está
con él mismo.
Para sus creyentes gnosis es
el darse cuenta de que no existe otro en el mundo que la unidad
de Dios. Lo otro es una ilusión. Manifestándose
que Dios es conocido con un nombre y aspecto particular.
En uno de estos aspectos se
dice que está en el cielo, en otro que en la tierra, la
realidad es lo mismo en un todo. El verdadero gnostic (conocedor)
es aquel que ve todo con adoración por ser una manifestación
de Dios; de ahí que cada cosa adorada reciba el nombre
de Ilah (Dios) aunque su propio nombre sea piedra, árbol,
animal, planta, hombre, etc.
Gnosis y amor, espiritualmente lo mismo para los sufis era la
meta más grande, y el camino hacia ellas era una alta
percepción y una profunda gracia mística.
Como en otras religiones, existen
pasos a seguir para ayudar al discípulo a alcanzar dichas
metas. Estas prácticas era todas importantes para la experiencia
sufi, sin ellas no se avanzaba por la senda.
Esencia
Esencia es lo que los budistas
llaman lo-tal y los hindúes lo-aquello. Es la realidad
interior, el ser, la cosa en sí misma que solo se puede
ver cuando todos los conceptos acerca de él han sido arrojados.
La búsqueda de los sufis
ha sido descubrir su propia esencia -su propia realidad- lo que
es en sí mismo. Los sufis creen que la esencia del hombre
se ha escondido de él tras velos hechos por él
mismo, como deseos, hipocresía, gula, y por eso el ejercicio
práctico se usa para remover esos velos para que así
su esencia pueda brillar a toda luz en el discípulo.
El derviche
Derviche era el nombre dado
al discípulo sufi, y los grandes maestros sufis del pasado
tenían sus propias escuelas, fundadas en órdenes
de derviches. Cuando el discípulo había sido aceptado
por el maestro de una orden derviche, tenía que empezar
su entrenamiento para estar preparado a las nuevas experiencias,
las cuales con su mente ordinaria no hubiera sido capaz de entender.
Estas nuevas experiencias toman
forma de despertador de cinco centros de iluminación,
llamados lataif. El método es concentrar su conciencia
en algún lugar de la cabeza y el cuerpo, cada lugar unido
con una latifa.
Mientras la concentración
penetra en esa área, la latifa se activa y produce un
cambio en la conciencia y una expansión de la mente hacia
la esencia.
El "yo"
Es preciso aprender la difícil
verdad, punto central de las religiones, de que sus sentimientos
del "yo" no se basan en una entidad real sino en un
mar cambiante de sensaciones y pensamientos que lo acompañan
de un movimiento rápido que es imperceptible para la mente
consciente, como la secuencia en movimiento de silencios de la
que está compuesta una película indistinguibles
para el hombre que ve dicha película, y como el movimiento
perpetuo de los átomos comprimidos en un solo cuerpo no
pueden ser vistos por un ojo desnudo.
El tiene que aprender que no
era una sola persona sino muchas. Sus estados de origen e imaginaciones
han creado todos sus velos. El maestro le ayuda a ver estos aspectos
de él mismo en pos de la iluminación del lataif,
para que la misma iluminación se refuerce y se integre
con los cambios suscitados en él.
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