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El poder de la alquimia mental
Víctor Manuel Guzmán
Villena
El hombre es guiado en la vida,
más que por la inteligencia, sobre todo, por sentimientos
de los que deriva su carácter. ¿Cómo puede
gobernarse una nación, una ciudad, dirigir ejércitos
o una modesta fábrica o liderar un grupo, si se ignora
el arte de manejar los sentimientos y las pasiones de los humanos?
¿Cómo podrá un hombre manejar los sentimientos
ajenos si desconoce el arte de manejar los suyos propios?
Desde el momento de nuestro
despertar a la vida, asistimos a la contemplación de sus
fenómenos y a la experimentación de lo que ocurre
dentro de nuestro propio Yo y fuera de él. El arte de
manejar los sentimientos nos lo enseña la vida; nuestro
primer aprendizaje es enteramente experimental y a menudo doloroso.
El niño que atraído por el brillo de una llama
trata de tocarla y siente el dolor vivo de la quemadura, aprende
por sí mismo a gobernar sus impulsos, a dominar sus sentimientos.
La contemplación y experimentación
de los fenómenos de la vida van grabando los caracteres
psicológicos del Yo y traduciéndose en hábitos
que, si asimilan lo bueno e imitan lo perfecto, donde quiera
que estén, van despojando al ser interior de deformaciones
innatas y de accesorios primitivos como de lastre inútil
y van contorneando la personalidad con rasgos adaptables al mejor
cumplimiento de un destino en la vida y al logro de la felicidad,
supremo móvil de todos los actos humanos.
Pasado y presente
El fenómeno fisiológico
actual, es decir, el Yo físico con sus órganos
en función, con el aliento de la vida, con la facultad
de movimiento y de percepción por los sentidos; el fenómeno
psicológico, o sea, el alma en operación, con la
facultad de conocimiento, raciocinio e imaginación , con
la facultad de amar, desear y rechazar; el momento de relación
entre el mundo interior y sus dominios y el mundo exterior y
sus realidades, constituye el presente, lo absoluto de la vida,
en el tiempo.
El presente no está
sujeto a medida, es una continuidad, un enlace perenne entre
lo que fue y lo que será, entre lo que acaeció
y lo que vendrá; tiene el valor de la vida misma, y por
esto es lo único que en verdad interesa al humano en el
tiempo. El pasado no existe, el porvenir es una secuencia del
presente.
Si el momento actual vale lo
que la vida y es lo único que interesa, es lo que ahora
piensas, es lo que ahora haces, lo que importa. Ya estudies,
trabajes, descanses, ya te recrees, cada una de tus ocupaciones,
atienda a tu espíritu o a tu cuerpo, debe determinar una
feliz solución al presente. La solución feliz del
instante demanda un acopio de fuerzas para enfocar con vigor
las facultades en el vivir momentáneo.
La solución feliz del
presente es el preludio de un futuro victorioso. si estás
seguro de que dar al presente cuanto eres capaz de dar, no temas
el porvenir, espéralo confiado y optimista. Pero no vuelvas
al pretérito, si no es para aplicar en favor del presente
las experiencias que te dejó. No vuelvas a las cosas ingratas
del pasado, ellas están sepultadas definitivamente en
la nada. No obstruyas el curso del vivir momentáneo, no
impidas la posible felicidad actual, viviendo el ayer, lamentando
los errores y extravíos que cometiste, apesadumbrándote
por lo que pudo ser y no fue, por lo que pudiste hacer y no hiciste.
Si te alimentas con el pasado, tu rostro se tornará lúgubre,
tu carácter huraño y reservado, no inspirarás
simpatía, no podrás ganar amigos ni prosperar en
la vida.
El cambio
Luego de eliminar los recuerdos
del pasado y los temores del mañana, la mente por medio
de la facultad de la imaginación es más poderosa
que la voluntad. probemos el aserto: En el insomnio, mientras
mayor es el esfuerzo por conciliar el sueño, mayor es
la excitación y el desvelo. En la risa, cuanto más
violenta la voluntad el atacado de risa más incontenible
se vuelve. En el miedo, el ciclista novel, por ejemplo, cuanto
más procura evadir un peligro que se le presenta más
derechamente va hacia él. Pero si el individuo que está
desvelado, abandona su imaginación a ideas de sueño,
pronto se queda dormido. Si es atacado de risa, piensa en un
suceso triste, al punto domina la risa. Si el ciclista que ve
acercarse el peligro, imagina que lo vence, seguramente recobra
la sangre fría necesaria para salvarlo. La imaginación
consigue lo que no el esfuerzo de la voluntad.
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