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Batalla de Iñaquito
CÉSAR AUGUSTO ALARCÓN
COSTTA
PIZARRO Y ALMAGRO
Muy temprano surgieron las
disputas entre los conquistadores Francisco Pizarro y Diego de
Almagro, quienes habiendo recibido del Rey de España sendas
gobernaciones, no tenían claro a cual de las dos jurisdicciones
pertenecía el Cusco, lo que les llevó a enfrentarse
violentamente en una cruenta batalla por el dominio de esa ciudad,
la misma que finalmente fue tomada por Almagro, a costa de numerosos
muertos y prisioneros entre quienes figuraban los hermanos Hernando
y Gonzalo Pizarro.
Equivocadamente, Almagro creyó
que perdonándoles la vida retornaría la paz. La
realidad fue diametralmente opuesta, tan pronto como estuvieron
libres, conspiraron y apresaron a Almagro para acto seguido ordenar
su ejecución. En venganza los almagristas asesinaron a
Francisco Pizarro en Lima y proclamaron como nuevo gobernante
al hijo de Almagro. Con esto se desató una espantosa y
sanguinaria confrontación entre los partidarios de los
conquistadores.
Frente a los desórdenes
Carlos V, designó a Cristóbal Vaca de Castro como
nuevo Gobernador del Perú, quien el 26 de septiembre de
1541 pasó por Quito y presentó su nombramiento
ante el Cabildo de la ciudad, al tiempo que asumió sus
funciones, ordenó la estructuración de las fuerzas
militares para someter al usurpador Almagro, a quien derrotó
y apresó en la batalla de Chupas. Poco después
el prisionero fue ejecutado en el mismo sitio que tiempo atrás
su padre perdió la vida.
Mientras esto sucedía,
Gonzalo Pizarro, que andaba en su expedición al "país
de la canela" oi "dorado", retornó a Quito
a inicios de junio de 1543, y poco después se radicó
temporalmente en Charcas, actual Bolivia.
EL VIRREINATO
Carlos V, con el propósito
de organizar la administración de las colonias, dispuso
la creación del Virreinato de Perú y nombró
como titular de ese cargo a Blasco Núñez de Vela,
anciano de carácter fuerte e intransigente voluntad, decidido
a imponer el mandato real sin miramientos ni contemplaciones,
para lo cual nunca dudó mandar a ejecutar a quienes mostraban
cualquier indicio de resistencia o indisciplina.
La creación del Virreinato
y la rigidez de funcionario, generaron inmediata resistencia
de los colonizadores que veían peligrar sus privilegios
y concluir su tiempo de arbitrariedades y tropelías, razón
por la cual forjaron una reacción que empezando por descontento
e insatisfacción, llegó incluso a plantearse la
independencia de España. A la cabeza de esta reacción
estuvo Gonzalo Pizarro que fue nombrado por los sediciosos como
nuevo Gobernador.
GONZALO PIZARRO
Poco después de su llegada,
el Virrey Núñez de Vela fue apresado en Lima y
deportado, sin embargo, su propio custodio lo liberó frente
a Tumbes, desde donde marchó a Quito para organizar un
ejército, el mismo que salió en marzo de 1545 con
rumbo a Piura, ciudad desde la cual fue perseguido por Pizarro,
viéndose forzado a regresar a Quito y desde allí
continuar viaje a Pasto y Popayán.
Habiendo organizado un ejército
de algo más de trescientos soldados y contando en su bando
con veteranos como Sebastián de Benalcázar, regresó
a Quito decidido hacer la guerra. los de Pizarro estaban acampando
en la orilla izquierda del Guayllabamba y los del Virrey armaron
su campamento al frente, pero aprovechando la oscuridad de la
noche avanzaron en silencio y entraron en Quito que prácticamente
estaba abandonada.
LA BATALLA
El Virrey no quiso oír
consejos de nadie para buscar acuerdos, su empeño en la
guerra era ciego y su decisión inquebrantable. Pizarro
tan pronto como descubrió que sus adversarios habían
tomado la iniciativa, también movilizó sus tropas.
Los dos bandos acamparon al norte de la ciudad, en lo que en
ese entonces se llamaba Iñaquito y que ahora corresponde
al lado occidental de la Alameda y El Ejido. Era la tarde del
lunes 18 de enero de 1546, día de Santa Prisca. La batalla
fue feroz y sangrienta, los de Pizarro que doblaban en número
y armamento gritaban "libertad", los del virrey respondían
"lealtad".
En medio de la lucha cayó
el virrey mal herido. De inmediato los vencedores le rodearon,
y entre ellos estuvo Suárez de Carvajal, sobrino Illán
Suárez, tiempo atrás ejecutado en Lima por orden
del virrey; sediento de venganza Carvajal quiso degollarlo en
el acto, pero por consejo de Pedro de Puelles, ordenó
a un esclavo negro que cortase la cabeza del vencido, la misma
que fue exhibida como trofeo y atada a una picota por varias
horas, antes de ser sepultada al día siguiente junto al
destrozado cuerpo. Tan pronto como terminó el combate
llegaron los desafueros, el odio y la venganza cobró más
víctimas que la acción de armas. Así terminó
en Quito la vida del primer Virrey del Perú. El vencedor
Pizarro fue objeto de adulos y no pocos le pedían proclamarse
rey. Permaneció en Quito hasta inicios de julio y luego
se dirigió a Lima.
Frente a la rebelión,
la corona designó al sacerdote Pedro de La Gasca como
nuevo Presidente, quien asumió su misión con la
clara determinación de imponer la autoridad de España.
Luego vinieron nuevos enfrentamientos entre las fuerzas reales
y las rebeldes hasta el 9 de abril de 1548, cuando en Jaquijaguana,
en medio de masivas deserciones, Gonzalo Pizarro fue apresado
y ejecutado.
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