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Juana la Loca edificó
su propia leyenda
El Mundo
La reina Juana no estaba loca
como los libros de historia nos han hecho creer. Así lo
afirma Bethany Aram, profesora de Historia de la Universidad
de Sevilla, en el libro La reina Juana. Gobierno, piedad y dinastía
(Marcial Pons).
Aram sostiene que 'los cimientos
de la leyenda surgen de la misma Juana y de su entorno familiar'.
La obra 'explica un problema importante del pasado tan detalladamente
que no será necesario ningún examen adicional más
durante una generación o más', afirmó el
hispanista y autor del prólogo Geoffrey Parker en la presentación
del libro en Madrid.
Todos los que rodeaban a Juana
(1479-1555) estaban interesados en promover esa imagen de loca.
Su esposo, Felipe, para compensar que ella era la heredera; su
padre, Fernando, por razones de Estado, y su hijo Carlos para
desacreditarla y poder reinar en los territorios que sólo
le pertenecían a ella a la muerte de su madre Isabel la
Católica. E, incluso, sostiene Aram, la reina quiso fomentar
esta idea con el fin de proteger los derechos dinásticos
de sus hijos y evitar un segundo matrimonio, ya que enviudó
a los 28 años.
La estudiosa, que ha contrastado
durante 10 años documentos en 55 colecciones de manuscritos
guardados en siete países, esta 'encantada' de la difusión
de la película de Vicente Aranda Juana la Loca, pues con
su obra cree demostrar que no era tan pasional como pensamos.
Para Aram, el amor era un concepto político en el siglo
XVI que significaba fidelidad a los intereses políticos:
'Se ha interpretado el amor político de Juana a la sucesión
de sus hijos como una obsesión a su marido fallecido'.
Una idea equivocada, opina ella, a la que contribuyó la
concepción romántica que se tenía de la
pasión en el siglo XIX, que no se ha revisado hasta ahora:
'La pintura, la historiografía y la ópera lo han
exagerado'.
Esta tesis es compartida por el académico de Historia
Julio Valdeón, y por Geoffrey Parker, quien afirmó
que 'no podía haber mucha pasión, porque los reyes
hacían el amor al lado de los criados, que nunca debían
de perderles de vista'.
La reina murió a los
76 años y su relación con Felipe el Hermoso duró
10, así que Aram considera que este periodo 'no debe dominar
nuestra concepción de ella'. El libro aborda asimismo
el refugio de Juana en la religión y su papel decisivo
en la historia: 'No reinó, pero aseguró la dinastía
de los Austrias. Sin ella la historia de España hubiera
sido diferente'.
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