| |
Los patriotas se reúnen
en Los Chillos
César Augusto Alarcón
Costta
A inicios del siglo XIX el
espíritu libertario de nuestro pueblo, inspiraba a sus
auténticos líderes, que fueron formados por el
Precursor doctor Eugenio Espejo en la Sociedad de Amigos del
País, la Escuela de la Concordia, las páginas de
Las Primicias de la Cultura de Quito, sus libros y sus encendidas
lecciones. Entre sus discípulos se destacaba Juan Pío
Montúfar, Marqués de Selva Alegre, junto a quien,
poco a poco fue forjándose la más calificada élite
de patriotas.
El espíritu de libertad
Las ideas libertarias enardecían
el corazón, encendían la mente y elevaban el alma
de los líderes, cuya decisión de romper las cadenas
impuestas por el dominio colonial, avanzaba impertérrita
hacia la realización de su claro objetivo, trabajando
silenciosa pero incesantemente en los tiempos de aparente paz,
preparando y acumulando fuerzas para los momentos de la acción.
1808 fue un año consagrado
a la preparación del proyecto libertario. La llegada a
Quito del nuevo Presidente de la Audiencia Manuel Urriez, Conde
Ruiz de Castilla, registrada el 1° de agosto, fue utilizada
como ocasión propicia por los patriotas, que a pretexto
de celebración, propiciaron en octubre la representación
de las obras de teatro: Catón, la Andrómaca, la
Zoraida y la Araucana, cuyo contenido constituía un mensaje
de dignidad del ser humano.
Los próceres
El doctor Juan de Dios Morales,
que desplegaba con intensidad su proselitismo por la Independencia,
junto al cura de Píntag doctor José Riofrío,
visitaba asiduamente al Marqués de Selva Alegre en su
hacienda de Los Chillos, para madurar la estrategia y las tácticas
rebeldes. Por su parte el renombrado capitán Juan de Salinas,
estaba absolutamente decidido a poner su capacidad y experiencia
militar al servicio de la Patria. Antonio Ante durante muchos
años difundía su pensamiento a través de
todos los medios a su alcance y de manera especial con su obra
"Clamores de Fernando VII".
La reunión patriótrica
El 25 de diciembre de 1808,
fue la fecha escogida para la reunión de los patriotas
en la hacienda Los Chillos. Junto al anfitrión, conforme
lo recoge el doctor Carlos de la Torre Reyes en su obra: "La
Revolución de Quito del 10 de Agosto de 1809", se
encontraban el capitán Juan de Salinas, Juan de Dios Morales,
Manuel Rodríguez de Quiroga, presbítero José
Riofrío, Nicolás de la Peña, Juan Pablo
Arenas y Francisco Xavier Ascásubi.
Los próceres intuyeron
que las condiciones objetivas y subjetivas estaban maduras. El
pronunciamiento libertario no podía esperar más.
Allí se tomó la decisión definitiva. Enero
y febrero de 1809 fueron meses de actividad febril. Dentro del
plan concebido en diciembre, cada uno debía desplegar
su iniciativa con prudencia y seguridad, se necesitaba audacia
sin dejar de ser cauto. Sin embargo, el entusiasmo y el exceso
de confianza en la justicia y la razón de la causa libertaria,
desbordó el indispensable sigilo.
El capitán Salinas,
creyendo en la buena fe de fray Andrés Torresano, le dio
a conocer el plan y éste pasó la noticia hasta
que llegó a la Presidencia de la Real Audiencia.
La represión
Las autoridades coloniales
no estaban dispuestas a dejar crecer el espíritu libertario
y desesperadas desataron su agresiva represión. Como lo
puntualiza el doctor N. Clemente Ponce, "El miércoles
1 de marzo, a las diez del día, se echó un bando,
y la misma hora en la noche fue preso el capitán D. Juan
de Salinas, con señales de reo de Estado. El jueves 2
se le tomó la confesión y el domingo 5, por la
noche fue preso en Chillo el Marqués de Selva Alegre del
mismo modo, y luego el abogado Morales allí mismo el 6
del corriente".
Inmediatamente los Padres de
la Patria fueron sometidos a juicio, pero un buen día
desapareció la documentación del proceso y por
falta de pruebas, recuperaron su libertad. El incidente de la
prisión ni quebrantó el ánimo ni debilitó
la decisión. Todos volvieron a sus puestos y con mayor
determinación caminaron por el sendero de la historia
hacia el Primer Grito de la Independencia del 10 de Agosto de
1809.
No fue casualidad
Nuestra Independencia Nacional,
fue el resultado de un largo proceso de esforzado trabajo de
los más connotados patriotas, que comprometieron su capacidad
y voluntad en una acción que a más de coraje y
perseverancia demandó valor y audacia. El Primer Grito
de la Independencia, no llegó por azar del destino o por
casualidad, fue la manifestación más gloriosa del
espíritu libre de nuestro pueblo, expresado a través
de las vigorosas individualidades de sus auténticos líderes.
|
|