Renuncia el presidente Borrero
César Augusto Alarcón
Costta
El asesinato del Presidente
Gabriel García Moreno, consumado el 6 de agosto de 1875,
generó un fatídico vacío de poder caracterizado
por el desconcierto y la anarquía. Las élites políticas,
carentes de un proyecto nacional y de una estructura orgánica,
se enredaron en una serie de confrontaciones inútiles,
que costó mucho tiempo, recursos y vidas a la Patria.
Conforme la Constitución
de 1869, a García Moreno le sucedió su Ministro
de lo Interior Francisco Xavier León, que ejerció
el cargo hasta el 6 de octubre de 1875, fecha en la debido a
sus alteraciones mentales, fue reemplazado transitoriamente por
el Ministro de Hacienda y Obras Públicas Javier Eguiguren,
quien a los pocos días también dejó las
funciones y asumió el Poder Ejecutivo el Presidente del
Senado doctor Rafael Pólit.
Elección presidencial
La nación estaba conmocionada.
Se perseguía los sospechosos de haber participado en el
magnicidio, el 11 de agosto fue fusilado el mayor Gregorio Campuzano.
El 2 de octubre el pueblo de Quito se manifestó ardorosamente
contra las pretensiones políticas de Ministro de Guerra
Francisco Javier Salazar y de su hermano Luis Antonio Salazar.
Entre el 17 y el 20 de octubre los ciudadanos acudieron a las
urnas y eligieron como nuevo Presidente Constitucional, al jurisconsulto
cuencano doctor Antonio Borrero Cortázar. Conforme el
escrutinio, cuyos datos los recoge el historiador Eduardo Muñoz
Borrero en su obra "En el Palacio de Carondelet", el
triunfador obtuvo 38.637 votos, seguido por 3.583 del general
Sáenz y 2.836 del doctor Flores.
El caudal de votos fue la expresión
categórica de la esperanza del pueblo en el doctor Borrero,
hombre de perfil progresista, conocido por su apego a las leyes
y vocación democrática. Sin embargo, aquella confluencia
de criterios no alcanzaba la fuerza de un consenso ni la coherencia
de una alianza. Paradójicamente los conservadores confiaban
en la adhesión del nuevo mandatario al esquema jurídico
dejado por García Moreno, mientras los liberales esperaban
forjar uno nuevo, mediante la convocatoria a Asamblea Constituyente.
Inestabilidad política
Las expectativas y las tensiones
eran grandes luego de quince años de una conducción
política caracterizada por la mano dura del gobernante
conservador; la sociedad requería un respiro democrático
en un ambiente en el que las exportaciones empezaban paulatinamente
a crecer, generando nuevos ingresos y nuevos grupos de poder,
al mismo tiempo que las ideas liberales paulatinamente ganaban
terreno con el pensamiento de Juan Montalvo.
Carencia de liderazgo
El 9 de diciembre de 1875 asumió
sus funciones del nuevo Presidente. Desde el primer día
se presentó como un legalista que buscaba el acuerdo social
para dar el trámite jurídico a las reformas políticas.
Pero la presión liberal era muy fuerte y los conservadores
no estaban dispuestos a enfrentarla. En poco tiempo, lo que fue
entusiasmo electoral pronto se convirtió en decepción
generalizada. La falta de liderazgo no le permitió asumir
la conducción de la Patria hacia su autorealización
con libertad y dignidad. El gobierno perdió sustento y
empezó a desmoronarse. La convicción legalista
no era suficiente en tiempos de agitación política.
El espíritu democrático y el ímpetu del
pueblo que intuitivamente busca su progreso y autorealización,
es mucho más que el solo respeto a un texto legal.
La sublevación
El 8 de septiembre de 1876,
el jefe militar de Guayaquil, general Ignacio de Veintemilla,
con el auspicio de los ex presidentes generales José María
Urvina y Francisco Robles, y de muchos otros personajes y sectores,
se proclamó Jefe Supremo. La sublevación generó
también adhesiones de los sectores conservadores en torno
al Gobierno de Borrero. Cada sector contaba son sus respectivas
fuerzas. "Constitucionalistas" llamábanse los
de Borrero y "Convencionales" los de Veintemilla. Tres
meses de nuevas tensiones vivió el Ecuador, que sin ninguna
orientación clara, se agitaba infructuosamente en torno
a partidos y caudillos incapaces de dirigir a la nación.
Galte y Los Molinos
El 14 de diciembre de 1876,
apenas pasado el medio día, tanto en Galte (provincia
de Chimborazo) como en Los Molinos (provincia de Bolívar),
simultáneamente se produjeron los feroces combates; solo
en Galte quedaron más de cien muertos y 660 heridos.
Demasiado alto fue el precio
pagado por la Patria en estas dos inútiles batallas, tan
cargadas pasión con huérfanas de auténtico
liderazgo.
El día 18 renunció
Borrero, el 19 Quito se pronunció a favor de la transformación
política, en la noche del 24 de diciembre Veintemilla
entró a la Capital, para iniciar un régimen de
siete años de frustración, demagogia, derroche
y desengaño, que también dio lugar a otra cruenta
revuelta política.
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