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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

15 de noviembre de 1922: "Cruces sobre el agua"

César Alarcon Costta

"Cruces sobre el agua", fue el título de la novela con la que, el escritor Joaquín Gallegos Lara inmortalizó en la memoria colectiva, la matanza de los trabajadores guayaquileños consumada en la tarde del 15 de noviembre de 1922.

Los testimonios de la época relatan cuadros patéticos de la violencia desatada sobre los trabajadores, que demandaban condiciones de vida digna para todos ecuatorianos.

Escenario caleidoscópico

Al escenario histórico concurrían varios elementos que configuraban una situación angustiosa para la amplia mayoría de hogares. El cacao, principal producto de exportación en esa época, era objeto de doble deterioro, por una parte las plantaciones estaban afectadas por las enfermedades de la "escoba de la bruja" y la "monilla", y por otra, en el mercado internacional su precio se derrumbó estrepitosamente, de tal modo que entre enero de 1920 y diciembre de 1921, el precio de la libra en Nueva York cayó de veinte y seis a nueve centavos, lo que significaba un desastrosa mengua de los ingresos para la economía nacional.

Bambalinas

Concomitantemente, la sobre emisión monetaria desatada especialmente por el Banco Comercial y Agrícola, generó una devaluación sin precedentes con el inevitable deterioro del poder adquisitivo del sucre, que dejó a los trabajadores en una terrible pobreza.

A esto hay que agregar el creciente nivel de organización de los trabajadores ecuatorianos que a partir de la revolución liberal liderada por el General Eloy Alfaro, fueron alcanzando mayor protagonismo y presencia debido al establecimiento de empresas como la del ferrocarril, los tranvías, la generación eléctrica. A todo lo cual se debe agregar la influencia del pensamiento socialista en Latinoamérica luego del triunfo de la Revolución Rusa de 1917.

La huelga

En ese contexto, los trabajadores de la empresa "Guayaquil and Quito Railways Co.", el 17 de octubre de 1922 elevaron a la gerencia un pliego de peticiones con aspiraciones laborales, que inicialmente fue subestimado, hasta cuando la acción se tornó en huelga con la paralización del servicio. Sin embargo, entre tensiones y presiones, el 26 de octubre concluyó el conflicto, con la aceptación de las aspiraciones.
Pocos días después, el 8 de noviembre los trabajadores de las Empresas de Luz y Fuerza Eléctrica y de los Carros Urbanos de Guayaquil, también elevaron sus respectivas peticiones.

Debido a la negativa de los propietarios para atenderlas, al día siguiente se declararon en huelga. Conforme pasaban las horas aquella medida de hecho fue objeto de solidaridad por parte de los trabajadores de otras empresas.

Vientos malos

Las iniciales reclamaciones laborales, progresivamente fueron alcanzando otro matiz, cuando los propietarios intentaron incrementar de las tarifas de transporte para contar con los ingresos complementarios destinados a financiar las demandas laborales, cosa que no fue aceptada por los trabajadores.

De esta manera, lo meramente reivindicativo que caracterizó al movimiento inicial de los obreros, se pasó al contenido político cuando en las asambleas se topó el tema de la devaluación, la moratoria de la convertibilidad monetaria y la incautación de giros.

Mientras la ciudad de Guayaquil, afectada por la suspensión de servicios de energía eléctrica, transporte urbano y la parálisis de numerosas empresas, enfrentaba una crítica, el gobierno del Presidente José Luis Tamayo, empezó a concentrar tropas de la fuerza pública.

Carnicería

A las dos de la tarde, el 14 de noviembre se llevó a cabo una manifestación de más de treinta mil participantes. En la tarde del día siguiente, miércoles 15, una nueva movilización tuvo lugar.

Cuando la masa humana estaba en la esquina de las calles Pedro Carbo y Clemente Ballén, se detuvo para escuchar la intervención de su abogado el Dr. Carlos Puig Vilazar, quien no pudo terminar su discurso por el estruendo de la balacera desatada sobre los trabajadores.

Poco más de una hora duró esta perversa carnicería humana, que trató de ahogar en sangre las aspiraciones populares. Nunca se llegó a establecer el número exacto de víctimas que según algunas versiones alcanzaba algunos centenares. Los cadáveres terminaron en la fosa común o en el río, desde donde, conforme Gallegos Lara, se levantaron las "Cruces sobre el agua".

Crisis global

Para mediados del año 1922 la situación reinante en el Ecuador era muy tensa, conforme lo recuerda Elías Muñoz Vicuña en su obra: "El 15 de noviembre de 1922", donde recoge la caracterización formulada por el escritor Belisario Quevedo, quien entre otras cosas decía: "Hondo es nuestro malestar económico y alto nuestro desbarajuste espiritual".

La crisis era global, la desmoralización y la incertidumbre invadían todas las esferas de la vida. La imposición de gobiernos fraudulentamente elevados y el imperio de la corrupción en las altas esferas, asfixiaba las aspiraciones democráticas del pueblo.

Quien siembra vientos...

El silencio fue pasajero, tan solo tres años después, en julio de 1925 tuvo lugar la "Revolución Juliana" que derribó el régimen político instaurado desde 1912, inmediatamente después del asesinado del Gral. Alfaro.

El 15 de Noviembre de 1922, es una trágica fecha de nuestro calendario. No debe ser olvidada por nadie, para que nunca más vuelva a repetirse.

 
 
 
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