15 de noviembre de 1922: "Cruces
sobre el agua"
César Alarcon Costta
"Cruces sobre el agua",
fue el título de la novela con la que, el escritor Joaquín
Gallegos Lara inmortalizó en la memoria colectiva, la
matanza de los trabajadores guayaquileños consumada en
la tarde del 15 de noviembre de 1922.
Los testimonios de la época
relatan cuadros patéticos de la violencia desatada sobre
los trabajadores, que demandaban condiciones de vida digna para
todos ecuatorianos.
Escenario caleidoscópico
Al escenario histórico
concurrían varios elementos que configuraban una situación
angustiosa para la amplia mayoría de hogares. El cacao,
principal producto de exportación en esa época,
era objeto de doble deterioro, por una parte las plantaciones
estaban afectadas por las enfermedades de la "escoba de
la bruja" y la "monilla", y por otra, en el mercado
internacional su precio se derrumbó estrepitosamente,
de tal modo que entre enero de 1920 y diciembre de 1921, el precio
de la libra en Nueva York cayó de veinte y seis a nueve
centavos, lo que significaba un desastrosa mengua de los ingresos
para la economía nacional.
Bambalinas
Concomitantemente, la sobre
emisión monetaria desatada especialmente por el Banco
Comercial y Agrícola, generó una devaluación
sin precedentes con el inevitable deterioro del poder adquisitivo
del sucre, que dejó a los trabajadores en una terrible
pobreza.
A esto hay que agregar el creciente
nivel de organización de los trabajadores ecuatorianos
que a partir de la revolución liberal liderada por el
General Eloy Alfaro, fueron alcanzando mayor protagonismo y presencia
debido al establecimiento de empresas como la del ferrocarril,
los tranvías, la generación eléctrica. A
todo lo cual se debe agregar la influencia del pensamiento socialista
en Latinoamérica luego del triunfo de la Revolución
Rusa de 1917.
La huelga
En ese contexto, los trabajadores
de la empresa "Guayaquil and Quito Railways Co.", el
17 de octubre de 1922 elevaron a la gerencia un pliego de peticiones
con aspiraciones laborales, que inicialmente fue subestimado,
hasta cuando la acción se tornó en huelga con la
paralización del servicio. Sin embargo, entre tensiones
y presiones, el 26 de octubre concluyó el conflicto, con
la aceptación de las aspiraciones.
Pocos días después, el 8 de noviembre los trabajadores
de las Empresas de Luz y Fuerza Eléctrica y de los Carros
Urbanos de Guayaquil, también elevaron sus respectivas
peticiones.
Debido a la negativa de los
propietarios para atenderlas, al día siguiente se declararon
en huelga. Conforme pasaban las horas aquella medida de hecho
fue objeto de solidaridad por parte de los trabajadores de otras
empresas.
Vientos malos
Las iniciales reclamaciones
laborales, progresivamente fueron alcanzando otro matiz, cuando
los propietarios intentaron incrementar de las tarifas de transporte
para contar con los ingresos complementarios destinados a financiar
las demandas laborales, cosa que no fue aceptada por los trabajadores.
De esta manera, lo meramente
reivindicativo que caracterizó al movimiento inicial de
los obreros, se pasó al contenido político cuando
en las asambleas se topó el tema de la devaluación,
la moratoria de la convertibilidad monetaria y la incautación
de giros.
Mientras la ciudad de Guayaquil,
afectada por la suspensión de servicios de energía
eléctrica, transporte urbano y la parálisis de
numerosas empresas, enfrentaba una crítica, el gobierno
del Presidente José Luis Tamayo, empezó a concentrar
tropas de la fuerza pública.
Carnicería
A las dos de la tarde, el 14
de noviembre se llevó a cabo una manifestación
de más de treinta mil participantes. En la tarde del día
siguiente, miércoles 15, una nueva movilización
tuvo lugar.
Cuando la masa humana estaba
en la esquina de las calles Pedro Carbo y Clemente Ballén,
se detuvo para escuchar la intervención de su abogado
el Dr. Carlos Puig Vilazar, quien no pudo terminar su discurso
por el estruendo de la balacera desatada sobre los trabajadores.
Poco más de una hora
duró esta perversa carnicería humana, que trató
de ahogar en sangre las aspiraciones populares. Nunca se llegó
a establecer el número exacto de víctimas que según
algunas versiones alcanzaba algunos centenares. Los cadáveres
terminaron en la fosa común o en el río, desde
donde, conforme Gallegos Lara, se levantaron las "Cruces
sobre el agua".
Crisis global
Para mediados del año
1922 la situación reinante en el Ecuador era muy tensa,
conforme lo recuerda Elías Muñoz Vicuña
en su obra: "El 15 de noviembre de 1922", donde recoge
la caracterización formulada por el escritor Belisario
Quevedo, quien entre otras cosas decía: "Hondo es
nuestro malestar económico y alto nuestro desbarajuste
espiritual".
La crisis era global, la desmoralización
y la incertidumbre invadían todas las esferas de la vida.
La imposición de gobiernos fraudulentamente elevados y
el imperio de la corrupción en las altas esferas, asfixiaba
las aspiraciones democráticas del pueblo.
Quien siembra vientos...
El silencio fue pasajero, tan
solo tres años después, en julio de 1925 tuvo lugar
la "Revolución Juliana" que derribó el
régimen político instaurado desde 1912, inmediatamente
después del asesinado del Gral. Alfaro.
El 15 de Noviembre de 1922,
es una trágica fecha de nuestro calendario. No debe ser
olvidada por nadie, para que nunca más vuelva a repetirse.
|