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12 de febrero de 1542
La Patria descubre su gran
río de las Amazonas
César Augusto Alarcón
Costta
fines de febrero del año
1541, el Gobernador de Quito Gonzalo Pizarro lideró la
histórica expedición que tenía como propósito
conquistar el "país de la canela" o "dorado",
cuya mítica grandeza obnubilaba el fantasioso pensamiento
de los temerarios ibéricos, tan dados a la aventura que
no conocían límite para sus asombrosos desafíos,
ni prudencia para su infatigable audacia.
Gloria de Quito
Más de doscientos españoles
y más de cuatro mil indios partieron de Quito, en una
gigantesca simbiosis forjada por el legendario ímpetu
del valiente español y el vigoroso esfuerzo del heroico
pueblo indígena. El descubrimiento del Amazonas constituye
una de las más célebres hazañas protagonizadas
por el espíritu de nuestra Patria, a la que, la historia
universal reconoce como una de sus grandes e inmortales epopeyas,
conforme lo consagra el célebre pensamiento grabado en
una de las placas de la Iglesia Catedral, frente al Parque de
la Independencia de la Capital ecuatoriana: "Bien se podría
gloriar Babilonia de sus muros; Nínive, de su grandeza;
Atenas, de sus letras; Constantinopla, de su imperio; que Quito
las vence a todas por llave de la cristiandad y por conquistadora
del mundo. Pues a esta ciudad pertenece el descubrimiento del
gran río de las Amazonas".
La expedición
Los intrépidos conquistadores,
plenos de coraje, con la pasión encendida y la voluntad
templada, avanzaron impertérritos con dirección
al oriente, luego de cruzar el valle de Tumbaco trasmontaron
la cordillera por el paso de Atunquijo, descendieron hacia Quijos
y poco a poco se internaron en la selva. Ni el frío de
los Andes, ni los profundos precipicios y sus embravecidos ríos
quebrantaron la decisión tomada. A la expedición
se unió el capitán Francisco de Orellana que partió
desde Guayaquil con veinte y tres españoles. A cada paso
los desconocidos peligros de la agreste naturaleza cobraban su
tributo en vidas humanas. A la cabeza marchaba el Maese de Campo
Antonio de Ribera y el Alférez Real Juan de Acosta, al
final iba Cristóbal de Funes.
Del valle del Cosanga tomaron
dirección al volcán Sumaco y desde allí
penosamente, agotados y sin provisiones ni guías, con
hambre y padecimientos, entre serpientes, mosquitos y fieras,
salvando ríos y pantanos, llegaron hasta las orillas del
río Coca, donde Pizarro dispuso la construcción
de un pequeño bergantín.
El descubrimiento
Francisco de Orellana recibió
el encargo de embarcarse junto a cincuenta y siete hombres, y
navegar aguas abajo con el propósito de buscar alimentos
para el resto de expedicionarios que quedaron en tierra, sin
embargo, la fuerza del torrente pudo más que la voluntad
y el compañerismo de los agotados navegantes cuyos brazos
no alcanzaban a remar contra corriente, conforme lo describe
el cronista fray Gaspar de Carvajal de la orden de Santo Domingo,
que siendo testigo presencial, consignó su relato en su
"Relación del nuevo descubrimiento del famoso río
grande".
La nave siguió por el
río Coca hasta el río Napo y por éste penetró
en el corazón de la inmensa geografía inexplorada.
El día 12 de febrero de 1542, casi un año después
de haber iniciado la audaz empresa, Orellana y sus navegantes
descubrieron el Amazonas, el gran río quiteño,
ese mítico río mar de las legendarias mujeres guerreras.
Orellana en España
Luego de surcar al más
caudaloso río del planeta, Orellana llegó al Atlántico
y se dirigió a la isla Cubagua, luego a Santo Domingo
y por fin a Valladolid, España, donde en mayo de 1543
se entrevistó con el Rey para informarle de su descubrimiento.
El 13 de febrero de 1544 el Rey firmó las capitulaciones
en virtud de las cuales autorizaba a Orellana gobernar y poblar
las tierras descubiertas. El 20 de diciembre de 1545, estuvo
frente al gran río y emprendió su navegación,
pero poco después, víctima de un ataque de los
indígenas perdió su vida y fue sepultado en la
ribera.
Gonzalo Pizarro
Mientras Orellana entraba a
las páginas de la historia, el organizador de la expedición,
Gonzalo Pizarro, desalentado por la infructuosa espera, lleno
de dudas sobre la lealtad e intenciones de sus compañeros
que no volvieron, a la cabeza de los pocos sobrevivientes, emprendió
el retorno. A inicios de junio de 1543, ante el asombro de los
quiteños, los fantasmagóricos, desnudos y esqueléticos
cuerpos de los ochenta españoles asomaron nuevamente por
el paso de Atunquijo.
Las noticias que le esperaban
no eran menos desastrosas que las peripecias vividas en la selva.
Los conquistadores se enfrentaban en una violenta confrontación
a muerte entre pizarristas y almagristas, uno de cuyos episodios
más dramáticos fue el asesinato de su hermano Francisco
en Lima. En 1544 en medio de la turbulenta vorágine de
la disputa, Gonzalo Pizarro encabezó la llamada "rebelión
de los encomenderos", en julio de 1545 entró triunfante
a Quito, el 18 de enero de 1546 derrotó al Virrey Blasco
Núñez de Vela en la batalla de Iñaquito.
Luego hizo la guerra al Comisionado Real Pedro de la Gasca, quien
le derrotó en abril de 1548 en la batalla de Jaquijahuana,
donde fue apresado y al día siguiente ejecutado.
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