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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

12 de febrero de 1542

La Patria descubre su gran río de las Amazonas

César Augusto Alarcón Costta

fines de febrero del año 1541, el Gobernador de Quito Gonzalo Pizarro lideró la histórica expedición que tenía como propósito conquistar el "país de la canela" o "dorado", cuya mítica grandeza obnubilaba el fantasioso pensamiento de los temerarios ibéricos, tan dados a la aventura que no conocían límite para sus asombrosos desafíos, ni prudencia para su infatigable audacia.

Gloria de Quito

Más de doscientos españoles y más de cuatro mil indios partieron de Quito, en una gigantesca simbiosis forjada por el legendario ímpetu del valiente español y el vigoroso esfuerzo del heroico pueblo indígena. El descubrimiento del Amazonas constituye una de las más célebres hazañas protagonizadas por el espíritu de nuestra Patria, a la que, la historia universal reconoce como una de sus grandes e inmortales epopeyas, conforme lo consagra el célebre pensamiento grabado en una de las placas de la Iglesia Catedral, frente al Parque de la Independencia de la Capital ecuatoriana: "Bien se podría gloriar Babilonia de sus muros; Nínive, de su grandeza; Atenas, de sus letras; Constantinopla, de su imperio; que Quito las vence a todas por llave de la cristiandad y por conquistadora del mundo. Pues a esta ciudad pertenece el descubrimiento del gran río de las Amazonas".

La expedición

Los intrépidos conquistadores, plenos de coraje, con la pasión encendida y la voluntad templada, avanzaron impertérritos con dirección al oriente, luego de cruzar el valle de Tumbaco trasmontaron la cordillera por el paso de Atunquijo, descendieron hacia Quijos y poco a poco se internaron en la selva. Ni el frío de los Andes, ni los profundos precipicios y sus embravecidos ríos quebrantaron la decisión tomada. A la expedición se unió el capitán Francisco de Orellana que partió desde Guayaquil con veinte y tres españoles. A cada paso los desconocidos peligros de la agreste naturaleza cobraban su tributo en vidas humanas. A la cabeza marchaba el Maese de Campo Antonio de Ribera y el Alférez Real Juan de Acosta, al final iba Cristóbal de Funes.

Del valle del Cosanga tomaron dirección al volcán Sumaco y desde allí penosamente, agotados y sin provisiones ni guías, con hambre y padecimientos, entre serpientes, mosquitos y fieras, salvando ríos y pantanos, llegaron hasta las orillas del río Coca, donde Pizarro dispuso la construcción de un pequeño bergantín.

El descubrimiento

Francisco de Orellana recibió el encargo de embarcarse junto a cincuenta y siete hombres, y navegar aguas abajo con el propósito de buscar alimentos para el resto de expedicionarios que quedaron en tierra, sin embargo, la fuerza del torrente pudo más que la voluntad y el compañerismo de los agotados navegantes cuyos brazos no alcanzaban a remar contra corriente, conforme lo describe el cronista fray Gaspar de Carvajal de la orden de Santo Domingo, que siendo testigo presencial, consignó su relato en su "Relación del nuevo descubrimiento del famoso río grande".

La nave siguió por el río Coca hasta el río Napo y por éste penetró en el corazón de la inmensa geografía inexplorada. El día 12 de febrero de 1542, casi un año después de haber iniciado la audaz empresa, Orellana y sus navegantes descubrieron el Amazonas, el gran río quiteño, ese mítico río mar de las legendarias mujeres guerreras.

Orellana en España

Luego de surcar al más caudaloso río del planeta, Orellana llegó al Atlántico y se dirigió a la isla Cubagua, luego a Santo Domingo y por fin a Valladolid, España, donde en mayo de 1543 se entrevistó con el Rey para informarle de su descubrimiento. El 13 de febrero de 1544 el Rey firmó las capitulaciones en virtud de las cuales autorizaba a Orellana gobernar y poblar las tierras descubiertas. El 20 de diciembre de 1545, estuvo frente al gran río y emprendió su navegación, pero poco después, víctima de un ataque de los indígenas perdió su vida y fue sepultado en la ribera.
Gonzalo Pizarro

Mientras Orellana entraba a las páginas de la historia, el organizador de la expedición, Gonzalo Pizarro, desalentado por la infructuosa espera, lleno de dudas sobre la lealtad e intenciones de sus compañeros que no volvieron, a la cabeza de los pocos sobrevivientes, emprendió el retorno. A inicios de junio de 1543, ante el asombro de los quiteños, los fantasmagóricos, desnudos y esqueléticos cuerpos de los ochenta españoles asomaron nuevamente por el paso de Atunquijo.

Las noticias que le esperaban no eran menos desastrosas que las peripecias vividas en la selva. Los conquistadores se enfrentaban en una violenta confrontación a muerte entre pizarristas y almagristas, uno de cuyos episodios más dramáticos fue el asesinato de su hermano Francisco en Lima. En 1544 en medio de la turbulenta vorágine de la disputa, Gonzalo Pizarro encabezó la llamada "rebelión de los encomenderos", en julio de 1545 entró triunfante a Quito, el 18 de enero de 1546 derrotó al Virrey Blasco Núñez de Vela en la batalla de Iñaquito. Luego hizo la guerra al Comisionado Real Pedro de la Gasca, quien le derrotó en abril de 1548 en la batalla de Jaquijahuana, donde fue apresado y al día siguiente ejecutado.

 
 
 
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