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Loja: cultura por esfuerzo
propio
Segunda Parte
Marco Placencia Espinosa
Loja tiene una posición
geográficamente periférica con respecto al contexto
territorial del Ecuador; eso le ha significado aislamiento y
no le ha sido propicio para la participación, creación
y disfrute de los bienes nacionales, inclusive los de índole
cultural; por otro lado, no ha sido ensayada aún una política
de integración armoniosa de todas las regiones de la patria.
A pesar de, o quizá, debido a ello, ha desplegado una
especie de defensa instintiva, basada en el esfuerzo propio.
A lo largo y ancho de su historia
se pueden encontrar hechos que testimonian el aserto; son, en
verdad, manifestaciones de la conciencia de responsabilidad colectiva
del pueblo lojano.
Con el esfuerzo exclusivo o
preponderante de sus hijos, Loja ha construido caminos, puentes,
edificios y otras obras públicas. Loja es hija de sus
propias obras, reza un difundido aforismo.
Educación y cultura
Más que en ningún
otro campo, en el educativo y cultural se ha manifestado el esfuerzo
lojano. Gracias a él fue creado su primer colegio, (1727)
y fue suya, soberanamente, la decisión de crear su primer
centro de enseñanza superior, a raíz de la experiencia
federal de 1859.
José fausto de la Cueva
y Francisco Rodríguez, que en 1727 aportaron con los fondos
necesarios para crear el primer colegio de Loja, trazaron una
pauta que la continuaron: Miguel Valdivieso, que aportó
para la creación de una escuela para niños, en
1748; Mariano Valdivieso, en 1790; Bernardo Valdivieso, en 1805;
y Daniel Álvarez, en este siglo.
En estos casos, el vacío
de la acción educativa del gobierno local o nacional,
lo suple la filantropía de personas, no sólo adineradas,
sino esclarecidas, que destinan sus recursos a la creación
de un bien que ellos y la comunidad lo juzgan alto y necesario.
Ahora bien, este fenómeno
no sólo se radica en la ciudad,
comprometiendo a gente de mayores
recursos; se manifiesta también en el medio rural con
campesinos de muy limitados recursos económicos, quienes
todavía le siguen pidiendo a la autoridad educacional
un maestro para la escuelita cuyo edificio lo levantaron ellos,
remendando materiales y con su propio trabajo.
Virtualidades
El 9 de agosto de 1944 fue
creada la Casa de la Cultura Ecuatoriana, institución
que ha devenido neurálgica para la promoción de
la sensibilidad del hombre de nuestro país.
El aporte de Loja a la cultura
nacional es un tema de rico venero y queremos presentar, a manera
de muestra o de símbolo, una tesis: la concepción
y el esfuerzo de creación de ese ente cultural clave,
es un verdadero aporte de Loja al desarrollo de la cultura nacional,
a través de uno de sus hijos más preclaros: Manuel
Benjamín Carrión Mora, impulsor fundamental, fundador
y primer Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, que
hoy lleva su nombre.
Rasgos característicos
El prólogo que Benjamín
Carrión escribiera para la Historia de Loja y su Provincia
de Pío Jaramillo, es en sí, una verdadera joya
de la literatura lojana, rica en substancia, estilo y emoción;
creemos en las razones del maestro y en lo principal, vamos a
seguirlo.
La experta mirada de Carrión
ha distinguido algunos signos característicos que asoman
en las manifestaciones culturales de la gente de Loja.
Como antecedente, señala la existencia de un modo de ser,
de actual y hasta de hablar y pensar de los lojanos.
La claridad de expresión
de la gente de la política, la ciencia y la literatura,
es la primera señal característica de la intelectualidad
lojana, que indica el maestro; Isidro Ayora y Agustín
Cueva son los paradigmas.
El segundo signo distintivo
es haberse colocado, acaso sin excepciones válidas, en
la buena orilla de las causas del hombre, con un sentido de justicia
y verdad humanas, no desmentido nunca; de nuevo Agustín
Cueva, como valeroso luchador parlamentario e ideólogo
contra el concertaje, con Adolfo Valarezo, maestro socrático
y Pío Jaramillo, el mayor defensor del indio ecuatoriano,
son, entre otros, los modelos presentados por el maestro, a los
que habría que agregar a Manuel Agustín Aguirre,
en la misma línea de trascendencia.
La tercera característica
es la voluntad de expresión libre y abierta del pensamiento
y la sensibilidad, ésa que evita el adocenamiento y conduce
al encuentro de los nuevos caminos y formas.
Las ideas de Pío Jaramillo,
la obra de Pablo Palacio, la pintura de Eduardo Kingman, los
temas literarios de Ángel F. Rojas, los musicales de Segundo
Cueva Celi, los plásticos de Alfredo Palacio, son de los
principales ejemplos mencionados.
El cuarto rasgo se refiere
a una, por lo usual, rica información cultural de la intelectualidad
lojana; este rasgo lo hace extensivo al ciudadano corriente,
al que reconoce en posesión de un notable índice
medio de información cultural.
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