José Tomás Ordóñez,
luchador libertario
Roque Rivas Z
Participó activamente
en la gesta del 3 de Noviembre de 1820, que dio lugar a la independencia
de Cuenca y, aunque resultó herido cuando intervino con
otros patriotas para desarmar a las milicias realistas, no se
arredró; por el contrario, cumplió con la misión
que le había señalado la historia.
Su nombre: José Tomás
Ordóñez Torres. Según registra la historia,
este prócer cuencano prestó un servicio decisivo
para echar abajo el régimen colonialista y hacer que los
sueños de libertad se impongan, pese a las acciones represivas
que ejercían las autoridades española.
Ordóñez Torres
y otros patriotas jóvenes habían sido influenciados
por la llama libertaria que encendió el Primer Grito de
la Independencia realizado en Quito once años antes: el
10 de Agosto de 1809. También sentían en su espíritu
la urgencia de reivindicar la sangre de los patriotas que habían
sido inmolados y masacrados cruelmente el 2 de agosto de 1810.
Por eso furtivamente se organizaron
para ayudar a gestar la independencia, acciones en las que también
participaron los ilustres ciudadanos Joaquín Tovar, Fernando
Guerrero y Francisco García Calderón.
Pero Ordóñez
Torres formó parte del contingente de jóvenes que
exigieron al alcalde Juan Antonio Jáuregui, convoque a
un cabildo abierto para discutir la suerte de la ciudad. Y aunque
la referida autoridad se negó a atender el pedido y dispersó
a los miembros del movimiento con el uso de la fuerza, las presiones
continuaron.
Los patriotas no se dieron
por vencidos y nombraron una comisión para que se entreviste
con el gobernador Antonio Díaz Cruzado, a fin de solicitarle
el consentimiento para reunir el cabildo.
Mientras tanto, Antonio García
Tréllez, jefe civil y militar de las tropas realistas,
apresó a Díaz Cruzado por estimar que éste
era condescendiente con las presiones libertarias y lo envió
a Quito. Sin embargo, este procedimiento autoritario favoreció
a los patriotas, ya que García Tréllez cayó
y fue remplazado por el doctor José María Vásquez
de Noboa, quien convocó al cabildo ampliado para el primero
de noviembre.
En estas circunstancias, secretamente
se dieron los pasos para que la gente del sector El Valle asistiera
con motivo del día de los difuntos y permaneciera concentrada
y lista hasta el tres de noviembre en que se daría el
golpe definitivo.
Precisamente Ordóñez
Torres junto con José Sevilla, aparecían como la
cabeza visible del movimiento que exigían el cabildo.
En la mañana del 3 de noviembre, por orden del gobernador,
se procedió a la lectura de un Bando Real en la Plaza
Mayor, con la presencia del escribano y una pequeña escolta
militar.
Fue entonces cuando los rebeldes
se lanzaron sorpresivamente contra la escolta y la desarmaron;
luego se concentraron en San Sebastián.
Ordóñez Torres
y otros actuaron en esta audaz acción y aunque resultó
herido no se arredró; continuó liderando al pueblo
reunido en la Plaza de San Sebastián desde donde se trasladaron
después al barrio El Vecino, para levantar barricadas.
El jefe de la escolta intentó
detener el ataque pero le resultó infructuoso porque las
fuerzas patriotas se unieron férreamente y obtuvieron
el triunfo entre el día 4 y la madrugada del 5 de noviembre,
tomándose la Plaza de Armas.
Los militares realistas comandados
por García Tréllez atacaron al pueblo, sin conseguir
someterlo. Fue necesaria incluso la intervención del cura
Javier Loyola, quien obligó a la fuerza realista a replegarse
a la plaza, donde finalmente se rindieron siendo proclamada la
independencia de Cuenca. Se designó entonces a José
María Vásquez de Noboa como Jefe Civil y Militar
y se convocó al Consejo de la Sanción.
El 15 de noviembre se reunió
la Gran Asamblea compuesta por representantes del Cabildo, del
Clero, del cuerpo de las milicias y de las diferentes comarcas
así como representantes del pueblo. En dicha Asamblea
se aprobó el llamado plan de gobierno de Cuenca, cuyas
proyecciones se viabilizaron con la consecución de la
independencia.
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