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Independencia
de Cuenca
César Augusto Alarcón
Costta
Las noticias de la Independencia
de Guayaquil del 9 de Octubre de 1820, volaron por los cuatro
puntos cardinales. Los vientos de libertad agitaban los cielos
de la Patria inspirando a mujeres y hombres que respiraban nuevos
alientos de fe y esperanza. La crónica sobre la epopeya
guayaquileña llegó a Cuenca seis días después
de la heroica gesta e inflamó el corazón de los
patriotas, que sin pérdida de tiempo empezaron a trabajar
ardorosamente para organizar la acción libertaria dirigida
a poner fin al régimen colonial.
Inmediatamente las autoridades
realistas percibieron la creciente fuerza de las causa patriótica
y en un desesperado intento por detenerla, el coronel Antonio
García Tréllez, jefe militar de la plaza, dispuso
el apresamiento del Gobernador interino don Antonio Díaz
Cruzado, acusado de estar vinculado con los rebeldes por lo que
le remitió a Quito, aunque fue liberado en Cañar
por la valiente acción del capitán Miguel Pino
y don Manuel Chica. En lugar del destituido fue nombrado el doctor
José María Vázquez de Noboa, quien por cierto,
también era otro de los patriotas que buscaban la Independencia.
El pueblo se organiza
Atendiendo una petición
popular, Vázquez de Noboa convocó a un Cabildo
ampliado para el 1° de noviembre, el mismo que se realizó
en la cercana parroquia de San Juan del Valle para evitar infiltraciones
oficiales. Los reunidos decidieron concurrir a Cuenca al día
siguiente, 2 de noviembre, dedicado a rendir tributo a la memoria
de los difuntos, con el propósito de reunirse sin llamar
la atención y permanecer en ella hasta el día 3,
fecha concertada para la realización del levantamiento
popular.
Los patriotas, como lo recoge
el doctor Jorge Salvador Lara en su Breve Historia, concibieron
un ingenioso y detallado plan para sorprender a las autoridades.
El gobernador Vázquez de Noboa debía promulgar
mediante bando algunas ordenanzas, para cuyo efecto, conforme
el uso de la época, el escribano Zenón de San Martín
y Landívar, acompañado de una dotación militar
debía leer los respectivos documentos en los lugares públicos.
Ese debía ser el momento propicio para que los revolucionarios
sometan a los soldados y apoderándose de sus armas destituyan
a las autoridades coloniales y tomen el control del gobierno.
Sin embargo, la suspicacia
de las autoridades que estaban muy atentas a todo cuanto ocurría,
les indujo a desconfiar de todo lo que se hacía en la
ciudad, por lo que redujo a 9 el número de la tropa que
acompañó al Escribano, de tal manera que los patriotas
liderados por el teniente Tomás Ordóñez,
Vicente Toledo, Abrosio Prieto y otros, no pudieron apoderarse
sino de muy pocas armas. La acción trajo consigo una refriega,
en la que resulto herido en el brazo el propio Ordóñez.
La lucha por la Patria
Acto seguido los patriotas
se concentraron en la Plaza de San Sebastián donde el
Cura de Pueblo Viejo José María Ormaza, arengó
al pueblo y le convocó a luchar por la Independencia y
seguir el ejemplo de Guayaquil. Mientras tanto el coronel García
sacó sus cuatro cañones a la plaza y dispuso a
la tropa en pequeños grupos para enfrentar al pueblo que
por repetidas ocasiones intentó llegar hasta el centro
del poder. Debido a la desigualdad de condiciones de las fuerzas
contendientes, los patriotas se dirigieron al barrio de El Vecino
donde soportaron el acosamiento de los soldados.
La noche fue tensa, los patriotas
dispuestos a la lucha por la Patria, los realistas empujados
por su deber de obediencia a la autoridad colonial. Cuando amaneció
el 4 de noviembre, las tropas del coronel García Tréllez
realizaron, sin éxito, varios intentos de asalto a las
barricadas levantadas por el pueblo cuencano. Conforme avanzaban
las horas creció el número de bajas, y aunque se
sumaba gente no alcanzaban la fuerza para alcanzar el triunfo.
El pueblo de Chuquipata
Hacia la tarde y en medio del
cansancio, una imponente manifestación se acercó
al escenario de la lucha, era el Cura de Chuquipata Javier Loyola
liderando al pueblo de blancos e indios armados de picas, palos,
cuchillos y piedras, que se integraban a la lucha. Este caudal
humano fue decisivo, el pueblo inspirado por los más altos
ideales de libertad y dignidad, es la fuerza arrolladora de la
historia, capaz de avanzar impertérrito por el sendero
del trabajo hacia el futuro de realización plena.
Los jefes realistas comprendieron
su impotencia para resistir a ese imponente mar humano que contagiado
de euforia y mística avanzaba decidido hacia la plaza
mayor. Tras la rendición el pueblo proclamó la
Independencia de Cuenca Libre y pocos días eligió
democráticamente a sus representantes que se reunieron
en el Consejo de la Sanción que elaboró y aprobó
el Plan de Gobierno de Cuenca.
Los patriotas
El historiador cuencano Octavio
Cordero Palacios en su documentado estudio sobre "La Emancipación"
de Cuenca, consiga los nombres de los actores del 3 y 4 de Noviembre
de 1820, y de manera especial destaca a sus principales protagonistas:
doctor José María Vázquez de Noboa, don
Joaquín Salazar y Lozano, teniente Tomás Ordóñez,
cura de Chuquipata Javier Loyola, Ambrosio Prieto, León
de la Piedra, José N. Hidalgo de Cisneros, Pedro y Felipe
Serrano, Vicente Toledo, Joaquín Astudillo, Zenón
de San Martín, Gerónimo Illescas, Fernando Coronel,
José Moscoso y muchos otros.
El nombre de cada uno de los
patriotas jamás puede ni debe ser olvidado, sus heroicas
acciones deben ser recordadas todos los días para inspirar
a la juventud al cumplimiento de su sagrado deber de cultivar
en su alma, mente y corazón, los principios, valores y
virtudes.
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