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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Independencia de Cuenca

César Augusto Alarcón Costta

Las noticias de la Independencia de Guayaquil del 9 de Octubre de 1820, volaron por los cuatro puntos cardinales. Los vientos de libertad agitaban los cielos de la Patria inspirando a mujeres y hombres que respiraban nuevos alientos de fe y esperanza. La crónica sobre la epopeya guayaquileña llegó a Cuenca seis días después de la heroica gesta e inflamó el corazón de los patriotas, que sin pérdida de tiempo empezaron a trabajar ardorosamente para organizar la acción libertaria dirigida a poner fin al régimen colonial.

Inmediatamente las autoridades realistas percibieron la creciente fuerza de las causa patriótica y en un desesperado intento por detenerla, el coronel Antonio García Tréllez, jefe militar de la plaza, dispuso el apresamiento del Gobernador interino don Antonio Díaz Cruzado, acusado de estar vinculado con los rebeldes por lo que le remitió a Quito, aunque fue liberado en Cañar por la valiente acción del capitán Miguel Pino y don Manuel Chica. En lugar del destituido fue nombrado el doctor José María Vázquez de Noboa, quien por cierto, también era otro de los patriotas que buscaban la Independencia.

El pueblo se organiza

Atendiendo una petición popular, Vázquez de Noboa convocó a un Cabildo ampliado para el 1° de noviembre, el mismo que se realizó en la cercana parroquia de San Juan del Valle para evitar infiltraciones oficiales. Los reunidos decidieron concurrir a Cuenca al día siguiente, 2 de noviembre, dedicado a rendir tributo a la memoria de los difuntos, con el propósito de reunirse sin llamar la atención y permanecer en ella hasta el día 3, fecha concertada para la realización del levantamiento popular.

Los patriotas, como lo recoge el doctor Jorge Salvador Lara en su Breve Historia, concibieron un ingenioso y detallado plan para sorprender a las autoridades. El gobernador Vázquez de Noboa debía promulgar mediante bando algunas ordenanzas, para cuyo efecto, conforme el uso de la época, el escribano Zenón de San Martín y Landívar, acompañado de una dotación militar debía leer los respectivos documentos en los lugares públicos. Ese debía ser el momento propicio para que los revolucionarios sometan a los soldados y apoderándose de sus armas destituyan a las autoridades coloniales y tomen el control del gobierno.

Sin embargo, la suspicacia de las autoridades que estaban muy atentas a todo cuanto ocurría, les indujo a desconfiar de todo lo que se hacía en la ciudad, por lo que redujo a 9 el número de la tropa que acompañó al Escribano, de tal manera que los patriotas liderados por el teniente Tomás Ordóñez, Vicente Toledo, Abrosio Prieto y otros, no pudieron apoderarse sino de muy pocas armas. La acción trajo consigo una refriega, en la que resulto herido en el brazo el propio Ordóñez.

La lucha por la Patria

Acto seguido los patriotas se concentraron en la Plaza de San Sebastián donde el Cura de Pueblo Viejo José María Ormaza, arengó al pueblo y le convocó a luchar por la Independencia y seguir el ejemplo de Guayaquil. Mientras tanto el coronel García sacó sus cuatro cañones a la plaza y dispuso a la tropa en pequeños grupos para enfrentar al pueblo que por repetidas ocasiones intentó llegar hasta el centro del poder. Debido a la desigualdad de condiciones de las fuerzas contendientes, los patriotas se dirigieron al barrio de El Vecino donde soportaron el acosamiento de los soldados.

La noche fue tensa, los patriotas dispuestos a la lucha por la Patria, los realistas empujados por su deber de obediencia a la autoridad colonial. Cuando amaneció el 4 de noviembre, las tropas del coronel García Tréllez realizaron, sin éxito, varios intentos de asalto a las barricadas levantadas por el pueblo cuencano. Conforme avanzaban las horas creció el número de bajas, y aunque se sumaba gente no alcanzaban la fuerza para alcanzar el triunfo.

El pueblo de Chuquipata

Hacia la tarde y en medio del cansancio, una imponente manifestación se acercó al escenario de la lucha, era el Cura de Chuquipata Javier Loyola liderando al pueblo de blancos e indios armados de picas, palos, cuchillos y piedras, que se integraban a la lucha. Este caudal humano fue decisivo, el pueblo inspirado por los más altos ideales de libertad y dignidad, es la fuerza arrolladora de la historia, capaz de avanzar impertérrito por el sendero del trabajo hacia el futuro de realización plena.

Los jefes realistas comprendieron su impotencia para resistir a ese imponente mar humano que contagiado de euforia y mística avanzaba decidido hacia la plaza mayor. Tras la rendición el pueblo proclamó la Independencia de Cuenca Libre y pocos días eligió democráticamente a sus representantes que se reunieron en el Consejo de la Sanción que elaboró y aprobó el Plan de Gobierno de Cuenca.

Los patriotas

El historiador cuencano Octavio Cordero Palacios en su documentado estudio sobre "La Emancipación" de Cuenca, consiga los nombres de los actores del 3 y 4 de Noviembre de 1820, y de manera especial destaca a sus principales protagonistas: doctor José María Vázquez de Noboa, don Joaquín Salazar y Lozano, teniente Tomás Ordóñez, cura de Chuquipata Javier Loyola, Ambrosio Prieto, León de la Piedra, José N. Hidalgo de Cisneros, Pedro y Felipe Serrano, Vicente Toledo, Joaquín Astudillo, Zenón de San Martín, Gerónimo Illescas, Fernando Coronel, José Moscoso y muchos otros.

El nombre de cada uno de los patriotas jamás puede ni debe ser olvidado, sus heroicas acciones deben ser recordadas todos los días para inspirar a la juventud al cumplimiento de su sagrado deber de cultivar en su alma, mente y corazón, los principios, valores y virtudes.

 
 
 
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