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Una ciudad distinta
Patricio Cueva
Cuando hablamos de la ciudad
de Cuenca, inevitablemente advertimos la imponderable diversidad
geográfica, climática y hasta humana de nuestro
pequeño país que, como pocos en el mundo, puede
enseñarnos la gramática poco comprensible de la
variedad del espacio y el lento decurrir de sus episodios históricos.
Quito y otras ciudades de la región andina están
casi asfixiadas por las altas cumbres en la que un también
alto poeta denominó ¨la avenida de los volcanes¨.
Quito ¨arrabal del cielo¨, ¨Capital de las nubes¨,
entre otras bellas descripciones, comprometen a esta ciudad con
el calificativo de ¨patrimonio cultural de la humanidad¨,
endosado sabiamente por la UNESCO. Pero Cuenca, huérfana
de alturas, respira un aire horizontal que se extiende a lo largo
de un apacible valle, cordial y hospitalario, apenas contaminado
por el cantar de sus habitantes, los indescifrables morlacos
que, de su inicial afrenta,, la convirtieton en la ¨morlaquía¨,
señorial y culta, ingeniosa y emprendedora en mil habilidades.
No sólo es la ciudad
de ¨los Remigios¨, también lo es de Honorato Vasquez,
José Peralta, Manuel J.Calle, Carlos y Agustín
Cueva Tamariz, Gabriel Cevallos García, Monsalve Pozo
y una pléyade de grandes figuras apenas conocidad por
las nuevas generaciones. Allí nació,,investigó
e insultó Fray Vicente Solano, con su ¨corazón
ciruela pasa¨, como lo definió uno de los promotores
de ¨La Escoba¨, una réplica moderna del célebre
periódico del cura maldito.
En poesía se fue de
largo. Aparte de ¨los Remigios¨-Crespo Toral, Romero
y Cordero, Romero León- que desenrrollaron el ovillo,
llegaron Andrade y Cordero, Alfonso Moreno Mora, el último
y desconocido de la ¨generación decapitada¨, amante
de sus campos, casi Vallejianos:
Y Luis Cordero, que escribió
en quichua: Rimini llacta, rimini, mauparupi causangapa (o algo
así) que en español sería: Me voy, ¡oh
Patria! me voy, porque aquí no encuentro consuelo, una
estrofa que bien podría ser ahora la letra del himno de
los emigrantes desconsolados que buscan el pan en otras latitudes.
Cuenca, como Quito, es también
Patrimonio Cultural de la Humanidad y Capital Americana de la
Cultura, pese a los desfavores de políticos de pacotilla.
Ciudad con una vieja tradición
cultural, universitaria por excelencia, organiza programas y
eventos de carácter nacional e internacional como la Bienal
Americana de Pintura y dispone de numerosos centros culturales:
museos, galerías de arte, archivos históricos y
miles de talleres artesanales de gran prestigio.
Hablar de sus actuales escritores
y artistas sería una tarea múltiple. César
Dávila Andrade es uno de los grandes poetas americanos
que nos dejó hace algunos años. Efraín Jara
es un extraordinario poeta actual.
Hay que recordar a Cuenca, que este tres de noviembre cumple
un aniversario más de su independencia.
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