Mejía muere en España
César Augusto Alarcón
Costta
El Ecuador habló en
España y su voz inspiró a la conciencia hispanoamericana
en las Cortes de Cádiz, a través de la vibrante
palabra del más famoso de los oradores de la época,
el doctor José Mejía Lequerica, llamado el "Mirabeau
americano".
Hijo del abogado José
Mejía del Valle y de doña Joaquina Lequerica, nació
en Quito el 24 de mayo de 1775, en medio de una sociedad atiborrada
por títulos nobiliarios, complejos y prejuicios; creció
con el estigma de ser hijo ilegítimo, pero su inteligencia
fue sobresaliente y la fuerza de su voluntad impertérrita
para superarse y vencer. Mejía perteneció a esa
estirpe de seres humanos que vienen al mundo para conducir a
los pueblos por el sendero de la libertad y la dignidad.
Su talento brillaba con luz
propia; según se cuenta "podía citar un discurso
a la primera vez que lo escuchaba". El Precursor de nuestra
Independencia doctor Eugenio de Santa Cruz y Espejo, reconoció
en el joven Mejía esa extraordinaria capacidad y le dijo
"escucha mis lecciones; yo te guiaré por el camino
de la verdad".
Estudiante infatigable
Frente a la injusticia y la
incomprensión social, José Mejía no se refugió
en la queja inútil ni se abandonó en el resentimiento
absurdo. La grandeza de su alma no estaba para las cosas pequeñas.
Hizo del estudio su camino y del saber su recurso.
Conforme lo recuerda Hugo Alemán,
en 1792 se graduó de bachiller. En 1796 en la Universidad
de Santo Tomás obtuvo el título de Maestro de Artes.
El mismo año ganó el concurso para profesor de
Latín y Retórica, y contrajo matrimonio con Manuela
Espejo Aldaz, hermana del Precursor fallecido un año antes.
En 1800 se graduó en Sagrada Teología, disciplina
en la cual inicialmente se le negó la entrega del correspondiente
título, hasta junio 1806 en que le fue conferido luego
de los reclamos pertinentes. En 1800 fue designado profesor de
la cátedra de Filosofía y al mismo tiempo fue alumno
de Jurisprudencia Civil y Derecho Canónico. 1805 Bachiller
en Medicina.
Investigador botánico
En 1803, cuando el sabio granadino
Francisco José Caldas, visitó nuestra Patria con
propósitos científicos y conoció los trabajos
de investigación botánica realizados por Mejía,
entusiasmado y solemne dijo: "¡Ah! Señores,
es preciso una alma grande y emprendedora, un espíritu
vasto y atrevido para elevarse sobre sus compatriotas para arruinar
con una mano las preocupaciones y substituir en su lugar los
conocimientos útiles que hacen el apoyo y la esperanza
de la sociedad. Esto es lo que acaba de verificar a nuestros
ojos este joven digno de mejor fortuna y acreedor a un eterno
reconocimiento. Ilustre juventud que actualmente os educáis
bajo de tan sabio preceptor, felicitaos, dad gracias a la Providencia
por haber nacido en tiempos tan felices".
Frente al talento, nunca faltan
las sombras empeñadas en negarle los espacios y las oportunidades.
Pero Mejía no se dejó derrotar ni se detuvo, en
su interior la fuerza de los ideales y el coraje de su genio
se proyectaban con singular entereza en la trascendencia de los
postulados eternos. Su vigorosa individualidad encarnaba el espíritu
de la Patria y estaba destinada a los grandes escenarios.
El viaje a España
En 1806 junto a su amigo José
M. Matheu, Conde de Puñonrostro, emprendió viaje
a España. En 1808 cuando el ejército francés
de Napoleón invadió el suelo ibérico, Mejía
tomó las armas y participó en las célebres
jornadas del 2 de Mayo en defensa de Madrid. Más tarde
salió para Sevilla. Dos años después, el
24 de septiembre de 1810, en la Isla de León se instaló
la reunión de las Cortes Generales y Extraordinarias,
que cinco meses después se trasladaron al Oratorio de
San Felipe Neri en el puerto Cádiz.
Diputado en Cádiz
Para estas Cortes José
Mejía Lequerica fue elegido Diputado Suplente en representación
del Virreinato de Santa Fe. Su presencia deslumbró a la
Cortes, su elocuencia arrasó en los debates, su conocimiento
era tan amplio como profundo en todos los ámbitos del
pensamiento humano.
Allí fructificaron los
años de metódico estudio. Filosofía, derecho,
teología, medicina, botánica, latín, ciencia
y literatura, todo lo sabía y todo lo fundamentaba. Pero
más que erudito, fue un sabio que distinguía lo
justo de lo injusto, lo cierto de lo falso, lo superficial de
lo esencial.
Su elocuencia fue tan sutil
como profundo su argumento, su ingenio político era tan
agudo como perspicaz su reflexión, su americanismo fue
tan radical como ardiente su ideal libertario. Junto a la tribuna
parlamentaria Mejía dirigió el periódico
"La Abeja" y participó en aquél que por
nombre tuvo "La Alianza". Infatigable propagandista
de las nuevas ideas no dejó un solo día de trabajar
por la causa de los pueblos, la libertad de imprenta, la monarquía
constitucional, los derechos hispanoamericanos y abolición
de las mitas.
A las ocho de la noche del
27 de octubre de 1813 en Cádiz, víctima de la fiebre
amarilla, se apagó la luz de la vida de uno de los más
grandes ecuatorianos, que honró el nombre de la Patria
en España. Desde entonces José Mejía Lequerica
es el testimonio latente de lo que es puede llegar a ser cada
joven ecuatoriano que desafía la dificultad, estudia con
rigor y lucha con decisión.
Cuando el 11 de junio de 1897
el general Eloy Alfaro puso el Ejecútese al Decreto de
creación del Instituto Nacional Mejía de Quito,
lo hizo para inspirar con su ejemplo a los nuevos forjadores
de la Patria, capaces de ascender con esfuerzo, perseverancia
y heroísmo hacia la cumbre por la aspereza, como dice
su lema: "PER ASPERA AD ASTRA".
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