| |
Crimen contra "El Quiteño
Libre"
César Augusto Alarcón
Costta
"El Quiteño Libre",
"voz del Ecuador silencioso", como lo llamó
don Luis Robalino Dávila, fue la tribuna del pensamiento
libre, del corazón valiente y de la inquebrantable dignidad
de la juventud de nuestra Patria, que se levantó con coraje
y determinación para enfrentar al régimen del general
Juan José Flores, quien desde el nacimiento de la República
en 1830, había instituido el abuso en el ejercicio del
poder.
La Sociedad del Quiteño
Libre
El coronel Francisco Hall,
veterano de la guerra de la Independencia, vino desde su natal
Inglaterra convocado por el ideal libertario para combatir en
el ejército de Bolívar. Fue un hombre muy ilustrado
que vivía con modestia en Quito y debido a su profunda
convicción libertaria, desde fines de 1832 se constituyó
en el centro de confluencia de los jóvenes de la ciudad,
con quienes organizó la "Sociedad del Quiteño
Libre", cuya primera reunión se realizó en
casa de don Manuel Matheu, Marqués de Maenza. La Sociedad
estuvo presidida por el general José María Saénz,
como Secretario actuó José Miguel Murgueitio y
entre los socios figuraron: Ignacio Zaldumbide, Pedro Moncayo,
Manuel y Roberto Ascásubi, Vicente Sanz, Manuel Ontaneda,
comandante Pablo Barrera.
El espíritu patriótico
les llevó a fundar "El Quiteño Libre",
semanario dominical, publicado a partir del 12 de mayo de 1835
en la imprenta de Pedro Muños Ayala y vendido en la Botica
del doctor Manuel Ontaneda, combatió con frontalidad la
corrupción, el abuso y la arbitrariedad del gobierno floreano.
Denunció los privilegios de quienes prestaban dinero al
gobierno con intereses usurarios y se beneficiaban inescrupulosamente
del Estado. Criticó el negocio particular de Flores con
la sal que perjudicaba a mucha gente que vivía honradamente
del comercio de ese producto básico. Se opuso a la posibilidad
de reelección de Flores para un segundo período.
Cuestionó la circulación de moneda falsa y las
prerrogativas de los altos funcionarios.
Frente a la convocatoria a
elecciones de legisladores, el periódico patrocinó
la candidatura a diputado por Pichincha de Vicente Rocafuerte,
quien había retornado a Guayaquil desde México
donde residió muchos años. El Congreso Nacional
se reunió a partir del 10 de septiembre de 1833. Cuatro
días más tarde Flores solicitó las facultades
extraordinarias y la mayoría servil, sin mayor reparo,
atendió la petición y además, para complacer
al gobernante descalificó al diputado Rocafuerte.
Rocafuerte diputado
La arbitrariedad no tuvo límite
alguno. Los adictos al régimen pisoteaban todo. Flores
ordenó el destierro de Vicente Rocafuerte, Pedro Moncayo,
Roberto Ascásubi y del señor Muñiz. Cuando
fueron trasladados Guayaquil para ser embarcados hacia extraños
destinos, el 12 de octubre de 1833 en el puerto estalló
la insurrección dirigida por Pedro Mena, que luego se
la conoció con el nombre de la "Revolución
de los Chiguaguas".
En esos mismos días
la juventud quiteña, enardecida ante la indignante mezcla
de corrupción y atropello que insultaba a la Patria, se
organizó para levantar al pueblo contra el gobierno. Entre
idealismo y espontaneidad se deslizó la inmadurez y el
exceso de confianza; tomaron contacto con un sargento de apellido
Peña y otro de nombre Segundo Medina, quienes aparentando
también ser opuestos al régimen lograron engañarles.
De común acuerdo trazaron un plan, a cambio de dinero
los dos militares debían desarmar a sus compañeros
y entregar las armas a los jóvenes patriotas.
La masacre de los patriotas
En la noche del 19 de octubre
de 1833, cerca de cien conjurados se reunieron en dos casas frente
a la Plaza de San Francisco, mientras otros estaban reunidos
en el atrio de la Catedral, diagonal a la Casa de Gobierno, con
treinta y ocho fusiles, catorce de los cuales eran de la época
de la Independencia desenterrados poco antes y los restantes
entregados por Pacífico Chiriboga.
Cuando todo parecía
estar listo, salió a flote la trampa forjada por el gobierno
de Flores. Sus agentes Peña y Medina eran provocadores
infiltrados entre los patriotas. El ejército estaba armado
y preparado para consumar una matanza, los partidarios del Presidente
estaban en la misma casa de gobierno para dirigir la operación.
El general Juan José Flores, salió de Quito el
día anterior con dirección a Latacunga, para que
nadie le acuse de haber dado la orden de la masacre; en su lugar,
en calidad de Encargado quedó el vicepresidente José
Modesto Larrea.
En medio de la noche y a la
hora en que debía producirse la insurrección, lo
que en realidad se desató fue una carnicería contra
los jóvenes patriotas. En lugar de entrega de armas, rugieron
los disparos, un grito de "Viva el Quiteño libre"
fue la valiente respuesta de la juventud idealista que saboreó
la traición. Las fuerzas del gobierno persiguieron a los
insurgentes. Calles, quebradas y montañas fueron las vías
del escape. Al amanecer el día 20 Quito fue testigo de
un cuadro de terror, los cadáveres desnudos del coronel
Hall, Albán, Conde, Echanique estaban colgados de los
postes.
Un nuevo baño se sangre
se consumó esa noche. La masacre no es extraña
para los héroes de la Patria. Huaynacápac hizo
pasar por las armas a 30.000 bravos caranquis en la laguna que
desde entonces se llama "Yaguarcocha" (Lago de sangre),
en 1593 la soldadesca limeña asesinó a los protagonistas
de la Revolución de las Alcabalas, en 1810 otra partida
de asesinos enviados desde esa misma ciudad, masacró a
los Próceres de nuestra Independencia.
Se puede asesinar a los héroes,
se puede romper las imprentas, silenciar las voces y clausurar
los periódicos, pero no se puede matar las ideas ni encadenar
la libertad. "El Quiteño Libre" es la expresión
de dignidad de la Patria Ecuatoriana.
|
|