9 de Octubre de 1820: Guayaquil
independiente
César Augusto Alarcón
Costta
Desde el Primer Grito de Independencia
del 10 de Agosto de 1809, habían pasado once años
y el espíritu libertario de los próceres había
inspirado a toda Hispanoamérica.
Para fines de 1820, los Libertadores
Bolívar y San Martín habían avanzado heroicamente
en su lucha, el primero se esforzaba por someter a los realistas
en Pasto y el segundo mantenía bloqueado a Callao. Estos
dos potentes brazos libertarios avanzaban con dirección
a nuestra Patria, y dentro de su estrategia Guayaquil era muy
importante, por lo que las autoridades coloniales mantenían
una importante fuerza militar de 1.500 efectivos resguardando
la plaza.
En Guayaquil el ideal patriótico
inspiraba el alma, la mente y el corazón de su juventud.
José de Antepara, el amigo del precursor Miranda, propagaba
con mística el ideal libertario. A fines de septiembre
de 1820, llegaron a Guayaquil tres oficiales venezolanos del
batallón "Numancia", regresados de Lima con
dirección a su tierra natal debido a su pensamiento patriótico.
Esos oficiales fueron el comandante Miguel Letamendi y los capitanes
Luis Urdaneta y León de Febres Cordero. Para José
de Antepara y José de Villamil ellos eran los refuerzos
que la causa necesitaba para proclamar la Independencia.
La fragua de Vulcano
El 1° de octubre de 1820,
por insinuación de Isabelita Morlás hija del tesorero
don Pedro, José de Villamil organizó en su casa
una velada social, formalmente realizada en honor de la jovencita,
pero en verdad aquella recepción fue la brillante oportunidad
para reunir, sin levantar sospechas, a los patriotas guayaquileños
con los oficiales venezolanos y comprometer a los jefes del batallón
de Granaderos. Hacia la medianoche los patriotas juraron triunfar
o morir en su empeño libertario.
El visionario Antepara llamó
a este juramento "La fragua de Vulcano", evocando con
ello al legendario dios mitológico del fuego y la forja,
hijo de Júpiter y Juno, dotado de la sutil destreza para
elaborar las más perfectas obras del universo, y ninguna
obra es tan grande y sublime como la libertad de la Patria.
La gloria de Guayaquil
El desafío era grande,
algunos querían estar seguros sobre la correlación
de fuerzas y las posibilidades de éxito, otros requerían
información precisa que les de certeza sobre el grado
de madurez de la causa y el avance de los ejércitos libertadores.
Los decisivos momentos de la historia suelen estar precedidos
por dudas y determinaciones.
El general José de Villamil
en su "Reseña de los acontecimientos políticos
y militares de la provincia de Guayaquil", consigna para
la memoria colectiva las célebres palabras de León
de Febres Cordero: "¿Cuál es el mérito
que contraeremos nosotros, con asociarnos a la revolución,
después del triunfo de los generales Bolívar y
San Martín? ... un rol tan secundario en la independencia
es indigno de nosotros. De la revolución de esta importante
provincia puede depender el éxito de ambos generales".
Las acciones heroicas
Los comprometidos buscaron
un personaje que encabece la causa; ante la excusa de varios
connotados, los jóvenes, en nombre de la Patria, asumieron
por sí mismos el liderazgo y poco antes de las dos de
la mañana del lunes 9 de Octubre de 1820, la libertad
empezó a inflamar el cielo guayaquileño.
El sub-oficial Nájera
apresó al comandante de la Artillería teniente
coronel Manuel Torres Valdivia, inmediatamente Febres Cordero
con cincuenta soldados del Batallón de Granaderos sorprendió
al cuartel de Artillería, apresó al oficial y con
una vibrante arenga patriótica consiguió la adhesión
de la tropa. Simultáneamente Antepara y Urdaneta con 25
granaderos y nueve jóvenes voluntarios se tomaron el escuadrón
"Daule", en medio de la acción murió
su comandante Magallar y acto seguido la tropa se unió
a la causa. Sin perder un solo minuto Francisco Lavayen y un
grupo de patriotas, se apoderó de la batería de
Las Cruces.
Mientras esto sucedía,
el teniente Justo Rivero apresó al gobernador Pascual
Vivero y al vicegobernador José Elizalde. Otro jefe realista,
el coronel Benito Carcía del Barrio también fue
apresado en su propia casa. El jefe de la Marina coronel Joaquín
Villalba al igual que el fraile franciscano Querejasú
quedaron tras las rejas.
La mañana del glorioso
9 de Octubre "Guayaquil por la Patria" respiró
libertad y se elevó a los cielos su flameante bandera
de cinco franjas horizontales: tres azules y dos blancas, con
tres estrellas blancas en la azul del medio. El Cabildo presidido
por Manuel José Herrera y Gabriel García Gómez,
proclamó la Independencia y nombró a José
Joaquín Olmedo como Jefe Político y al comandante
Gregorio Escobedo como Jefe Militar.
Del 9 de Octubre al 24 de
Mayo
Casi sin derramar sangre, el
alma nacional escribió una de sus más brillantes
páginas. Fue la victoria del genio estratégico
que intuitivamente reconoce la dirección de los tiempos
y el verdadero sendero de la historia para conducir a los pueblos
a la conquista de su destino.
La noticia corrió sin
demora. Lavayen fue comisionado para informar a Bolívar,
y Villamil junto a Letamendi viajaron al sur para dar a conocer
a San Martín. En el interior de la Patria la noticia encendió
la antorcha libertaria, Cuenca proclamó su Independencia
el 3 de Noviembre; el primer batallón libertario marchó
hacia la Sierra y venció a los realistas en el combate
de Camino Real el 9 de Noviembre. Luego la campaña libertaria
avanzó en medio de triunfos y derrotas, hasta coronarse
victoriosa el 24 de Mayo de 1822 en Pichincha y con ella, consolidar
la Independencia de la Patria.
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