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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

9 de Octubre de 1820: Guayaquil independiente

César Augusto Alarcón Costta

Desde el Primer Grito de Independencia del 10 de Agosto de 1809, habían pasado once años y el espíritu libertario de los próceres había inspirado a toda Hispanoamérica.

Para fines de 1820, los Libertadores Bolívar y San Martín habían avanzado heroicamente en su lucha, el primero se esforzaba por someter a los realistas en Pasto y el segundo mantenía bloqueado a Callao. Estos dos potentes brazos libertarios avanzaban con dirección a nuestra Patria, y dentro de su estrategia Guayaquil era muy importante, por lo que las autoridades coloniales mantenían una importante fuerza militar de 1.500 efectivos resguardando la plaza.

En Guayaquil el ideal patriótico inspiraba el alma, la mente y el corazón de su juventud. José de Antepara, el amigo del precursor Miranda, propagaba con mística el ideal libertario. A fines de septiembre de 1820, llegaron a Guayaquil tres oficiales venezolanos del batallón "Numancia", regresados de Lima con dirección a su tierra natal debido a su pensamiento patriótico. Esos oficiales fueron el comandante Miguel Letamendi y los capitanes Luis Urdaneta y León de Febres Cordero. Para José de Antepara y José de Villamil ellos eran los refuerzos que la causa necesitaba para proclamar la Independencia.

La fragua de Vulcano

El 1° de octubre de 1820, por insinuación de Isabelita Morlás hija del tesorero don Pedro, José de Villamil organizó en su casa una velada social, formalmente realizada en honor de la jovencita, pero en verdad aquella recepción fue la brillante oportunidad para reunir, sin levantar sospechas, a los patriotas guayaquileños con los oficiales venezolanos y comprometer a los jefes del batallón de Granaderos. Hacia la medianoche los patriotas juraron triunfar o morir en su empeño libertario.

El visionario Antepara llamó a este juramento "La fragua de Vulcano", evocando con ello al legendario dios mitológico del fuego y la forja, hijo de Júpiter y Juno, dotado de la sutil destreza para elaborar las más perfectas obras del universo, y ninguna obra es tan grande y sublime como la libertad de la Patria.

La gloria de Guayaquil

El desafío era grande, algunos querían estar seguros sobre la correlación de fuerzas y las posibilidades de éxito, otros requerían información precisa que les de certeza sobre el grado de madurez de la causa y el avance de los ejércitos libertadores. Los decisivos momentos de la historia suelen estar precedidos por dudas y determinaciones.

El general José de Villamil en su "Reseña de los acontecimientos políticos y militares de la provincia de Guayaquil", consigna para la memoria colectiva las célebres palabras de León de Febres Cordero: "¿Cuál es el mérito que contraeremos nosotros, con asociarnos a la revolución, después del triunfo de los generales Bolívar y San Martín? ... un rol tan secundario en la independencia es indigno de nosotros. De la revolución de esta importante provincia puede depender el éxito de ambos generales".

Las acciones heroicas

Los comprometidos buscaron un personaje que encabece la causa; ante la excusa de varios connotados, los jóvenes, en nombre de la Patria, asumieron por sí mismos el liderazgo y poco antes de las dos de la mañana del lunes 9 de Octubre de 1820, la libertad empezó a inflamar el cielo guayaquileño.

El sub-oficial Nájera apresó al comandante de la Artillería teniente coronel Manuel Torres Valdivia, inmediatamente Febres Cordero con cincuenta soldados del Batallón de Granaderos sorprendió al cuartel de Artillería, apresó al oficial y con una vibrante arenga patriótica consiguió la adhesión de la tropa. Simultáneamente Antepara y Urdaneta con 25 granaderos y nueve jóvenes voluntarios se tomaron el escuadrón "Daule", en medio de la acción murió su comandante Magallar y acto seguido la tropa se unió a la causa. Sin perder un solo minuto Francisco Lavayen y un grupo de patriotas, se apoderó de la batería de Las Cruces.

Mientras esto sucedía, el teniente Justo Rivero apresó al gobernador Pascual Vivero y al vicegobernador José Elizalde. Otro jefe realista, el coronel Benito Carcía del Barrio también fue apresado en su propia casa. El jefe de la Marina coronel Joaquín Villalba al igual que el fraile franciscano Querejasú quedaron tras las rejas.

La mañana del glorioso 9 de Octubre "Guayaquil por la Patria" respiró libertad y se elevó a los cielos su flameante bandera de cinco franjas horizontales: tres azules y dos blancas, con tres estrellas blancas en la azul del medio. El Cabildo presidido por Manuel José Herrera y Gabriel García Gómez, proclamó la Independencia y nombró a José Joaquín Olmedo como Jefe Político y al comandante Gregorio Escobedo como Jefe Militar.

Del 9 de Octubre al 24 de Mayo

Casi sin derramar sangre, el alma nacional escribió una de sus más brillantes páginas. Fue la victoria del genio estratégico que intuitivamente reconoce la dirección de los tiempos y el verdadero sendero de la historia para conducir a los pueblos a la conquista de su destino.

La noticia corrió sin demora. Lavayen fue comisionado para informar a Bolívar, y Villamil junto a Letamendi viajaron al sur para dar a conocer a San Martín. En el interior de la Patria la noticia encendió la antorcha libertaria, Cuenca proclamó su Independencia el 3 de Noviembre; el primer batallón libertario marchó hacia la Sierra y venció a los realistas en el combate de Camino Real el 9 de Noviembre. Luego la campaña libertaria avanzó en medio de triunfos y derrotas, hasta coronarse victoriosa el 24 de Mayo de 1822 en Pichincha y con ella, consolidar la Independencia de la Patria.

 
 
 
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