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Loja proclama su gobierno
federal
César Augusto Alarcón
Costta
La más desconcertante
anarquía política amenazó al Ecuador en
1859. La ausencia de un proyecto nacional y de un liderazgo capaz
de interpretar el alma del pueblo, dejó un espacio no
solo para que las ambiciones personales se lancen como hienas
a despedazar la Patria, sino para que el Perú nos invada
con la artera pretensión de aprovecharse del momento de
crisis, para mutilar nuestro territorio.
Loja frente a la crisis
Conforme la crónica
del periódico lojano «La Federación»,
«El 18 de septiembre de 1859, se recibió en esta
ciudad Loja- la noticia de la separación del general
Robles del Poder Ejecutivo, la ocupación de Quito por
el Gobierno Provisorio y el pronunciamiento de Guayaquil y Cuenca
por el general Franco». La información corrió
de boca en boca y de lo que inicialmente parecía tan solo
una confrontación partidista, velozmente se transformó
en preocupación cívica de todo el pueblo, que sin
pérdida de tiempo, ese mismo día se reunió
en asamblea de padres de familia en la Sala del Concejo Municipal,
bajo la presidencia de don Agustín Riofrío y Peralta.
La encrucijada se presentaba
extremadamente difícil, por un lado el régimen
político había colapsado, y de otro, el abandono
de la provincia era terrible, pero al mismo tiempo el patriotismo
vibrante no permitía caer en la perniciosa apatía
y peor consentir la agresión peruana, cuya punta de lanza
era el general Guillermo Franco, proclamado Jefe Supremo con
el auspicio del presidente peruano Ramón Castilla, quien
para consumar sus protervas intenciones, llegó a nuestro
puerto principal, bloqueó del Golfo de Guayaquil con 15
buques de guerra y desembarcó 5.000 hombres en Mapasingue,
Tornero y Buijo.
La decisión no era fácil,
el doctor Pío Jaramillo Alvarado en su «Historia
de Loja y su provincia», escribe: «Loja resolvió
su pronunciamiento por la federación provincial, que garantizaba
su autonomía y la defensa de la frontera austral de su
jurisdicción». De esta manera, frente a la crisis
política nacional, Loja marcó su nítida
oposición a la «jefatura de Franco, el gran traidor».
Sin un solo grito contra nadie, como lo destaca Jaramillo Alvarado,
reivindicó el derecho de los pueblos a conducirse por
sí mismos en la administración y realización
de las obras que garanticen su legítimo progreso.
El Gobierno Federal
De este modo, la mencionada
asamblea del 18 se septiembre de 1859, nombró a don Manuel
Carrión Pinzano como Jefe Civil y Militar de la Provincia,
quien de inmediato dictó su primer Decreto en virtud del
cual asumió la Jefatura y convocó al pueblo a una
nueva asamblea para el día siguiente, la misma que acordó:
«Art. 1° El Jefe Civil y Militar nombrado, regirá
los destinos de la Provincia, haciendo cuanto convenga a su bienestar,
hasta que se organice el nuevo Gobierno Constitucional, debiendo
dar cumplimiento al Decreto de convocatoria para la Convención
Nacional que se dicte por la
autoridad suprema que designe la República. Art. 2°
La Provincia declara su voluntad de que se adopte en la República
la forma de Gobierno Federal ...»
El Gobierno Federal inmediatamente
inició el ejercicio de sus funciones: reorganizó
el Batallón Zamora y estructuró otro con el nombre
de Batallón Cívico. Estableció una nueva
división territorial de su jurisdicción con cinco
cantones: Loja, Calvas, Paltas, Zaruma y Jambelí. El 15
de octubre estableció el Tribunal Superior de Justicia.
Dispuso la realización de una Feria Provincial el 25 de
diciembre de cada año. El 31 de diciembre de 1859 estableció
el Instituto de Instrucción Superior, con nivel universitario,
para que la juventud estudie Jurisprudencia, Medicina y Teología.
Loja por la patria
Frente a la ignominiosa presencia
peruana en nuestro suelo, don Manuel Carrión Pinzano actuó
con ejemplar patriotismo. El 2 de noviembre de 1859, firmemente
respondió a la carta del invasor Ramón Castilla,
en la que atrevidamente «intima a los gobiernos de Quito
y Guayaquil para que establezcan dentro del perentorio término
de 30 días un solo Gobierno o autoridad» y acto
seguido, con gran determinación, le señaló
que la crisis política interna no significaba que se haya
«roto la unidad de República, ni haya desaparecido
la solidaridad ecuatoriana».
El 25 de enero de 1860, Castilla
logró de Guillermo Franco la firma del vergonzoso seudo
tratado de Mapasingue, que ni siquiera los propios peruanos lo
tomaron en serio, pero que sirvió para desenmascarar de
cuerpo entero al traidor.
El 18 de marzo de 1860, el
doctor Gabriel García Moreno, como miembro del Gobierno
Provisorio de Quito se dirigió al gobierno de Loja para
que se una en defensa de la Patria. La respuesta positiva no
se hizo esperar. El 23 de marzo de 1860, hallándose García
Moreno en Loja se firmó el respectivo Convenio entre el
Gobierno Federal de Loja y el Gobierno Provisorio de Quito.
El 24 de septiembre de 1860
el ejército del Gobierno Provisorio derrotó al
traidor Franco, liberó a Guayaquil de la infamia y triunfó
la Unidad Nacional.
La unidad nacional
El 26 de octubre el Gobierno
Provisorio convocó a elecciones para representantes para
la Convención Nacional. El 9 de noviembre mediante Decreto
el Gobierno Federal de Loja acogió esa convocatoria.
El 8 de enero de 1861, fecha
en que debía reunirse la Convención Nacional en
Quito, don Manuel Carrión Pinzano, a través del
periódico se dirigió al pueblo en los siguientes
términos: «Hoy mismo, ante la majestad de esa corporación,
que reasume el ejercicio de la soberanía de un millón
de ciudadanos libres, he depuesto la autoridad que me confiasteis
el 18 de septiembre de 1859».
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