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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Loja proclama su gobierno federal

César Augusto Alarcón Costta

La más desconcertante anarquía política amenazó al Ecuador en 1859. La ausencia de un proyecto nacional y de un liderazgo capaz de interpretar el alma del pueblo, dejó un espacio no solo para que las ambiciones personales se lancen como hienas a despedazar la Patria, sino para que el Perú nos invada con la artera pretensión de aprovecharse del momento de crisis, para mutilar nuestro territorio.

Loja frente a la crisis

Conforme la crónica del periódico lojano «La Federación», «El 18 de septiembre de 1859, se recibió en esta ciudad ­Loja- la noticia de la separación del general Robles del Poder Ejecutivo, la ocupación de Quito por el Gobierno Provisorio y el pronunciamiento de Guayaquil y Cuenca por el general Franco». La información corrió de boca en boca y de lo que inicialmente parecía tan solo una confrontación partidista, velozmente se transformó en preocupación cívica de todo el pueblo, que sin pérdida de tiempo, ese mismo día se reunió en asamblea de padres de familia en la Sala del Concejo Municipal, bajo la presidencia de don Agustín Riofrío y Peralta.

La encrucijada se presentaba extremadamente difícil, por un lado el régimen político había colapsado, y de otro, el abandono de la provincia era terrible, pero al mismo tiempo el patriotismo vibrante no permitía caer en la perniciosa apatía y peor consentir la agresión peruana, cuya punta de lanza era el general Guillermo Franco, proclamado Jefe Supremo con el auspicio del presidente peruano Ramón Castilla, quien para consumar sus protervas intenciones, llegó a nuestro puerto principal, bloqueó del Golfo de Guayaquil con 15 buques de guerra y desembarcó 5.000 hombres en Mapasingue, Tornero y Buijo.

La decisión no era fácil, el doctor Pío Jaramillo Alvarado en su «Historia de Loja y su provincia», escribe: «Loja resolvió su pronunciamiento por la federación provincial, que garantizaba su autonomía y la defensa de la frontera austral de su jurisdicción». De esta manera, frente a la crisis política nacional, Loja marcó su nítida oposición a la «jefatura de Franco, el gran traidor». Sin un solo grito contra nadie, como lo destaca Jaramillo Alvarado, reivindicó el derecho de los pueblos a conducirse por sí mismos en la administración y realización de las obras que garanticen su legítimo progreso.

El Gobierno Federal

De este modo, la mencionada asamblea del 18 se septiembre de 1859, nombró a don Manuel Carrión Pinzano como Jefe Civil y Militar de la Provincia, quien de inmediato dictó su primer Decreto en virtud del cual asumió la Jefatura y convocó al pueblo a una nueva asamblea para el día siguiente, la misma que acordó: «Art. 1° El Jefe Civil y Militar nombrado, regirá los destinos de la Provincia, haciendo cuanto convenga a su bienestar, hasta que se organice el nuevo Gobierno Constitucional, debiendo dar cumplimiento al Decreto de convocatoria para la Convención

Nacional que se dicte por la autoridad suprema que designe la República. Art. 2° La Provincia declara su voluntad de que se adopte en la República la forma de Gobierno Federal ...»

El Gobierno Federal inmediatamente inició el ejercicio de sus funciones: reorganizó el Batallón Zamora y estructuró otro con el nombre de Batallón Cívico. Estableció una nueva división territorial de su jurisdicción con cinco cantones: Loja, Calvas, Paltas, Zaruma y Jambelí. El 15 de octubre estableció el Tribunal Superior de Justicia. Dispuso la realización de una Feria Provincial el 25 de diciembre de cada año. El 31 de diciembre de 1859 estableció el Instituto de Instrucción Superior, con nivel universitario, para que la juventud estudie Jurisprudencia, Medicina y Teología.

Loja por la patria

Frente a la ignominiosa presencia peruana en nuestro suelo, don Manuel Carrión Pinzano actuó con ejemplar patriotismo. El 2 de noviembre de 1859, firmemente respondió a la carta del invasor Ramón Castilla, en la que atrevidamente «intima a los gobiernos de Quito y Guayaquil para que establezcan dentro del perentorio término de 30 días un solo Gobierno o autoridad» y acto seguido, con gran determinación, le señaló que la crisis política interna no significaba que se haya «roto la unidad de República, ni haya desaparecido la solidaridad ecuatoriana».

El 25 de enero de 1860, Castilla logró de Guillermo Franco la firma del vergonzoso seudo tratado de Mapasingue, que ni siquiera los propios peruanos lo tomaron en serio, pero que sirvió para desenmascarar de cuerpo entero al traidor.

El 18 de marzo de 1860, el doctor Gabriel García Moreno, como miembro del Gobierno Provisorio de Quito se dirigió al gobierno de Loja para que se una en defensa de la Patria. La respuesta positiva no se hizo esperar. El 23 de marzo de 1860, hallándose García Moreno en Loja se firmó el respectivo Convenio entre el Gobierno Federal de Loja y el Gobierno Provisorio de Quito.

El 24 de septiembre de 1860 el ejército del Gobierno Provisorio derrotó al traidor Franco, liberó a Guayaquil de la infamia y triunfó la Unidad Nacional.

La unidad nacional

El 26 de octubre el Gobierno Provisorio convocó a elecciones para representantes para la Convención Nacional. El 9 de noviembre mediante Decreto el Gobierno Federal de Loja acogió esa convocatoria.

El 8 de enero de 1861, fecha en que debía reunirse la Convención Nacional en Quito, don Manuel Carrión Pinzano, a través del periódico se dirigió al pueblo en los siguientes términos: «Hoy mismo, ante la majestad de esa corporación, que reasume el ejercicio de la soberanía de un millón de ciudadanos libres, he depuesto la autoridad que me confiasteis el 18 de septiembre de 1859».

 
 
 
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