Federico Proaño: luchador
infatigable
Roque Rivas Z
Federico Proaño, ese
fue su nombre; vivió para luchar por la libertad en tiempos
en que el despotismo y la tiranía impuesta por García
Moreno y sus sucesores, ahogaban en sangre o con el destierro
todo indicio de rebeldía.
De origen cuencano, Proaño
fundó en Guayaquil en 1873, el semanario La Nueva Era,
conjuntamente con Miguel Valverde, otro periodista libertario.
Periódico de vibrante oposición, La Nueva Era constituyó
un acontecimiento en el Puerto Principal.
El gobierno de García
Moreno le puso todo tipo de escollos llegando incluso a acusar
a Proaño y a Valverde de "robo literario". Así,
tras la publicación de una texto titulado "Correspondencia",
ambos fueron apresados.
Sin embargo, pese a la prisión,
Proaño y Valverde continuaron haciendo circular a La Nueva
Era desde la cárcel, sin declinar jamás su estilo
combativo y valiente. El semanario llegó a imprimir un
total de 63 números hasta que sucumbió.
Encarcelados en Guayaquil el
28 de diciembre 1873, Proaño y Valverde permanecieron
incomunicados durante un mes hasta que el 28 de enero de 1974,
fueron conducidos a Quito. Junto a ellos fue apresados también
Rafael Arízaga, a quien se atribuía la autoría
de "Correspondencia".
Arízaga quedó
confinado en la capital pero Proaño y Valverde fueron
desterrados a Lima por la inhóspita Amazonia. Su expulsión
se dio por vía tan agreste, que el viaje se convirtió
en una odisea llena de penalidades. El propio Valverde cuenta
que salieron vía Napo en febrero de 1874 y llegaron a
Lima recién después del asesinato de García
Moreno ocurrido en agosto de 1875.
Larga odisea
Muerto García Moreno,
Proaño y Valverde regresaron al país para continuar
haciendo un periodismo frontal y valiente, en defensa de la libertades
públicas y la moral. Pero su estilo inclaudicable y libérrimo
pronto les llevaría a enfrentar nuevas vicisitudes.
Radicados en Guayaquil, formaron
parte del periódico El Comercio, fundado en esa ciudad,
en asocio con José María Noboa y otros. Y desde
allí abrirían combate contra la corrupción
y la ignominia de Veintimilla.
En esta nueva fase, Valverde
cayó en manos del dictador quien le ordenó un duro
castigo. "Cuatro soldados le maniataron y desnudaron; un
sayón se encargó de inmovilizarlo, mientras otro
lo latigueaba y un médico le medía el pulso para
cerciorarse que no estuviera muerto", según testimonios
históricos.
Otras acciones
Cuando El Comercio tuvo problemas
y cerró, Proaño continúo su lucha implacable
fundando el periódico "The Times" en 1877, pero
esta publicación fue suspendida cuando la imprenta en
que se imprimía, fue requisada por el gobierno como represalia
a la circulación de una hoja titulada "Las Catacumbas".
Precisamente a consecuencia
del contenido de esa hoja, Proaño, amigo personal de Eloy
Alfaro, de Juan Montalvo, Pedro Carbo y otros connotados ecuatorianos,
fue desterrado de nuevo, esta vez a Centro América. En
este viaje al ostracismo saldrían con él Montalvo,
Carbo y otras víctimas de Veintimilla.
Pero el nuevo castigo tampoco
lo doblegó; desde más allá de las fronteras
Proaño continuó con más ahínco y
con más fuerza, su infatigable actividad periodística,
literaria y educativa. En Piura, conjuntamente con los otros
desterrados, publicaron El Proscrito.
Luego, el incansable periodista
escribió también para El Eco del Azuay, a través
del cual, con otros liberales de la época, llamaron a
Borrero "Catecúmeno Garciano", preconizando
abiertamente a la revuelta.
Proaño continuó
posteriormente su destierro en El Salvador donde vivió
algún tiempo; esto explica porqué hace unos días
las cancillerías de ambos países acordaron realizar,
en forma conjunta, el lanzamiento de una estampilla postal.
Proaño vivió
también en Guatemala donde murió en 1881. En este
país centroamericano un colegio y varias calles de la
capital y otras ciudades guatemaltecas inmortalizan su nombre.
Precisamente, sobre su muerte,
el poeta cubano José Joaquín Palma, a través
de la "Revista Venezolana" escribe a Joaquín
Méndez: "Anoche dejó de existir nuestro queridísimo
amigo Federico Proaño: tengo el alma desgarrada: ¡usted
sabe que lo queríamos tanto!"
El mismo poeta Palma dice luego:
Proaño era un luchador de los buenos por la América
criolla y definitiva... salvó el fresco ingenio de la
fatiga y vergüenza del periodismo de oficio en las repúblicas
rudimentarias.
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