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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Federico Proaño: luchador infatigable

Roque Rivas Z

Federico Proaño, ese fue su nombre; vivió para luchar por la libertad en tiempos en que el despotismo y la tiranía impuesta por García Moreno y sus sucesores, ahogaban en sangre o con el destierro todo indicio de rebeldía.

De origen cuencano, Proaño fundó en Guayaquil en 1873, el semanario La Nueva Era, conjuntamente con Miguel Valverde, otro periodista libertario. Periódico de vibrante oposición, La Nueva Era constituyó un acontecimiento en el Puerto Principal.

El gobierno de García Moreno le puso todo tipo de escollos llegando incluso a acusar a Proaño y a Valverde de "robo literario". Así, tras la publicación de una texto titulado "Correspondencia", ambos fueron apresados.

Sin embargo, pese a la prisión, Proaño y Valverde continuaron haciendo circular a La Nueva Era desde la cárcel, sin declinar jamás su estilo combativo y valiente. El semanario llegó a imprimir un total de 63 números hasta que sucumbió.

Encarcelados en Guayaquil el 28 de diciembre 1873, Proaño y Valverde permanecieron incomunicados durante un mes hasta que el 28 de enero de 1974, fueron conducidos a Quito. Junto a ellos fue apresados también Rafael Arízaga, a quien se atribuía la autoría de "Correspondencia".

Arízaga quedó confinado en la capital pero Proaño y Valverde fueron desterrados a Lima por la inhóspita Amazonia. Su expulsión se dio por vía tan agreste, que el viaje se convirtió en una odisea llena de penalidades. El propio Valverde cuenta que salieron vía Napo en febrero de 1874 y llegaron a Lima recién después del asesinato de García Moreno ocurrido en agosto de 1875.

Larga odisea

Muerto García Moreno, Proaño y Valverde regresaron al país para continuar haciendo un periodismo frontal y valiente, en defensa de la libertades públicas y la moral. Pero su estilo inclaudicable y libérrimo pronto les llevaría a enfrentar nuevas vicisitudes.

Radicados en Guayaquil, formaron parte del periódico El Comercio, fundado en esa ciudad, en asocio con José María Noboa y otros. Y desde allí abrirían combate contra la corrupción y la ignominia de Veintimilla.

En esta nueva fase, Valverde cayó en manos del dictador quien le ordenó un duro castigo. "Cuatro soldados le maniataron y desnudaron; un sayón se encargó de inmovilizarlo, mientras otro lo latigueaba y un médico le medía el pulso para cerciorarse que no estuviera muerto", según testimonios históricos.

Otras acciones

Cuando El Comercio tuvo problemas y cerró, Proaño continúo su lucha implacable fundando el periódico "The Times" en 1877, pero esta publicación fue suspendida cuando la imprenta en que se imprimía, fue requisada por el gobierno como represalia a la circulación de una hoja titulada "Las Catacumbas".

Precisamente a consecuencia del contenido de esa hoja, Proaño, amigo personal de Eloy Alfaro, de Juan Montalvo, Pedro Carbo y otros connotados ecuatorianos, fue desterrado de nuevo, esta vez a Centro América. En este viaje al ostracismo saldrían con él Montalvo, Carbo y otras víctimas de Veintimilla.

Pero el nuevo castigo tampoco lo doblegó; desde más allá de las fronteras Proaño continuó con más ahínco y con más fuerza, su infatigable actividad periodística, literaria y educativa. En Piura, conjuntamente con los otros desterrados, publicaron El Proscrito.

Luego, el incansable periodista escribió también para El Eco del Azuay, a través del cual, con otros liberales de la época, llamaron a Borrero "Catecúmeno Garciano", preconizando abiertamente a la revuelta.

Proaño continuó posteriormente su destierro en El Salvador donde vivió algún tiempo; esto explica porqué hace unos días las cancillerías de ambos países acordaron realizar, en forma conjunta, el lanzamiento de una estampilla postal.

Proaño vivió también en Guatemala donde murió en 1881. En este país centroamericano un colegio y varias calles de la capital y otras ciudades guatemaltecas inmortalizan su nombre.

Precisamente, sobre su muerte, el poeta cubano José Joaquín Palma, a través de la "Revista Venezolana" escribe a Joaquín Méndez: "Anoche dejó de existir nuestro queridísimo amigo Federico Proaño: tengo el alma desgarrada: ¡usted sabe que lo queríamos tanto!"

El mismo poeta Palma dice luego: Proaño era un luchador de los buenos por la América criolla y definitiva... salvó el fresco ingenio de la fatiga y vergüenza del periodismo de oficio en las repúblicas rudimentarias.

 
 
 
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