Un
epistolario elocuente
Martí y su amigo Mercado
Lisandro Otero
En esa misiva explicaba que
cuanto había hecho por la independencia de Cuba tenía
por fin último impedir la expansión de Estados
Unidos por las tierras americanas.
Esas palabras han servido de
divisa a las luchas antimperialistas del pueblo cubano tras el
triunfo de la revolución de 1959.
Martí sintió
la necesidad de elucidar el sentido de sus lides y se dirigió
a Mercado, haciéndolo depositario de su último
mensaje. No era ésa la única esquela que le dirigía.
Durante una amistad que los
unió por veinte años Martí escribió
a Mercado, en reiteradas ocasiones, explicándole sus acciones,
estremecimientos y motivaciones. Fue uno de sus íntimos,
un confiable depositario de sus confidencias, y por eso pensó
en él unas horas antes de morir en combate.
Cuando Martí llegó
a México por vez primera, en 1875, Mercado le abrió
las puertas de su casa y le relacionó con los cubanos
que ya residían aquí, especialmente con el poeta
Pedro Santacilia, yerno de Juárez.
En estos días está
circulando en México un volumen con la correspondencia
de José Martí a Manuel Mercado, publicada por el
Centro de Estudios Martianos de La Habana y DGE Ediciones de
México.
Son ciento veintinueve cartas
que fueron custodiadas celosamente por los hijos de Mercado y
donadas a Cuba en 1945. Fueron publicadas por primera vez por
la UNAM en 1946.
En la nota editorial de la
actual edición, presentada por Pedro Pablo Rodríguez,
se nos habla de las diversas compilaciones del epistolario de
Martí: las realizadas por Gonzalo de Quesada y Aróstegui,
concluida en 1933, y la realizada por su hijo Gonzalo de Quesada
y Miranda consumada en 1953.
Cintio Vitier, en su espléndido
prólogo califica de "viril e intensa ternura"
el sello que anima esta correspondencia. Vitier destaca los párrafos
en los cuales Martí se complace en los primores del paisaje
mexicano y aquellos en los que predominan "las batallas
íntimas de la conducta y las encrucijadas agónicas
de un espíritu siempre lastimado, cuando no desgarrado..."
En sus misivas también se transparenta su decisión
de cumplir con sus deberes de independizar a Cuba.
Alfonso Herrera Franyuti, a
quien debemos el esclarecedor tomo sobre "Martí en
México", traza un bosquejo fiel de la vida de Mercado,
el "amigo silencioso", y su carácter íntegro
y recto. Fue Subsecretario de Gobernación y senador y
estuvo ligado al presidente Lerdo de Tejada y a los círculos
liberales. Por su gestión Ana, la hermana de Martí,
tuvo una sepultura digna y no fue arrojada a la fosa común,
destino de los desamparados como esa familia de emigrantes.
En ese último cuarto
de siglo Martí entró y salió de México,
viajó a Cuba, a Guatemala, a Estados Unidos, pero siempre
regresaba y reiteradamente reanudaba la amistad con su fraterno
amigo mexicano. Y desde donde quiera que estuviese se dirigía
a Mercado para confesarle que su "fuego íntimo era
contenido por sus urbanidades".
Por eso Cintio Vitier encomia
la "imagen radiante de la casa de Mercado en el cariño
agradecido, humilde y grave de Martí". Ese expatriado
cuya debilidad principal era su insaciable necesidad de afecto,
tiene presente, como --él mismo dice--, que las guerras
van sobre caminos de papeles y no cesa de escribir sus artículos
y crónicas y sus numerosas cartas en las cuales va conformando
la organización final de una insurrección armada
que permitirá a su isla acceder a la independencia del
imperio español. PL
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