Captura
de la madre de Tapi por cazadores para un zoológico
Chimborazo al igual que
todas las provincia ecuatorianas guarda en su acervo cultural
leyendas y tradiciones. Hemos tomado una de ellas, que forma
parte de la trilogía sobre los tapires y su vida en el
coloso, las leyendas son: Los cazadores capturan a la madre de
Tapi para llevarla a un zoológico, Los indios Puruhaes
y el incendio de la choza, Tapi y sus amigos con los hieleros
del Chimborazo.
Aquella mañana de septiembre,
Tapi, el pequeño tapir, despierta con una inquietud que
le aprieta el pecho. Mira hacia el volcán Sangay y una
leve explosión en su cráter lo despierta del todo.
¿Dónde está Tati, su madre?. Tapi corre
entonces hacia la laguna de Atillo, una de la más importantes
que hay en el Parque Nacional Sangay, y allí sumerge su
pequeña nariz en el agua y mordisquea una pequeña
planta de fusha.
- ¿Dónde está
mamá?, vuelve a preguntarse, mientras sus ojos acarician
la laguna y la apretada vegetación que parece no tener
fin.
De pronto, la proximidad del
gran tapir lo vuelve a la realidad. Tapi sabe que el gran tapir
es el más anciano de la manada y que todos los pequeños
dantas buscan su consejo y lo miran con sigilosa veneración.
Por eso inclina la cabeza y espera que el anciano tapir le dirija
la palabra:
- ¿Qué haces
tan solo aquí, pequeño?
- Buen anciano - responde Tapi-
busco a mi madre, ¿la has visto?
El gran tapir sabía
que una semana atrás un grupo de hombres ingresó
furtivamente por las lagunas de Ozogoche y a juzgar por las armas,
perros y las redes que transportaban, supuso que tenían
planes de caza.
- ¿Cuándo viste
a tu madre por última vez?. Anoche dormimos juntos y me
advirtió que al amanecer saldría a buscar un poco
de mortiño, pero que volvería muy temprano y ya
es medio día y no regresa.
Con movimientos muy lentos,
el gran tapir se sienta un momento. Su pelaje negro brilla escasamente
con la luz solar que lucha por filtrarse a través de la
neblina, la cual avanza perezosa por la vegetación. Luego
lame las tres pezuñas de su pata trasera derecha y meditando
bien las palabras dice:
- Tapi es posible que tu madre
esté en problemas.
- ¿Por qué dices
eso anciano?. ¿ Sabes algo?.
- Vi -añade el anciano
pausadamente- unos hombres rastreando nuestras huellas por el
páramo y se que tu madre debió buscar mortiños
en Ozogoche, donde reposaba el campamento de los humanos.
- ¿ Crees, qué
mi madre fue atrapada ?.
El gran tapir como respuesta
emite un silbido muy fuerte y casi de inmediato un halcón
desciende del cielo y se posa muy cerca de Tapi .
- Hola amiguito me llamo Mirador,
porque desde el cielo observo todo lo que pasa en el páramo.
El pequeño Tapir se
le acerca receloso y le pregunta:
-¿ Puedes ayudarnos
a encontrar a mi madre?
-Si. Gran Tapir- dice dirigiéndose
al anciano
- muchos de tu especie fueron
cazados y atrapados por los seres humanos, la madrugada de hoy
y Taty estuvo entre ellos. Luego el halcón narra con detalle
lo sucedido... Fue muy cruel. Por varias horas los perros persiguieron
a los tapires hasta alcanzarlos, luego los acorralaron mordiéndoles
las patas, mientras los cazadores les enlazaban el cuello y los
tiraban al piso.
- ¿y qué pasó
después?, pregunta Tapi llorando horrorizado.
El halcón lo mira con
dulzura y baja la mirada al añadir:
-Luego metieron por la fuerza
a algunos a unas jaulas reforzadas. Otros fueron conducidos a
unos grandes agujeros, excavados en el suelo por los humanos
y que fueron recubiertos por ramas. Cuando los tapires pasaban
por allí caían dentro. Después los sacaron
por la fuerza y los colocaron en otras jaulas...
Tapi llora desconsolado e imagina
las angustias de su madre. A su mente llegan, como un rayo, los
recuerdos de los abrazos y besos de su madre que le prodigaba
antes de dormir, durante las noches frías y lluviosas.
La imagen de aquella madre dulce que le enseñó
a respetar a los mayores y a no desobedecer a sus padres. Aquella
abnegada tapir que le aconsejó trabajar y que luchó
valientemente con él cóndor para defenderlo de
la muerte. El Gran Tapir, muy conmovido, se aproxima y lame el
pelaje pardo salpicado con manchas blancas de Tapi.
- Tranquilo pequeñito
que Mirador te ayudará a buscar a tu madre.
- Así es Tapi, emprendamos de inmediato la marcha, dice
el halcón y enseguida se remonta a los aires y vuela en
círculos, aguardando los pasos de Tapi.
El infante tapir comienzan
su caminata, alza su pequeña trompita para buscar en el
aire a su guía. En precipitada carrera Veni y Coli, los
dos grandes amigos del pequeño tapir, lo alcanzan bajo
los árboles y troncos viejos del páramo. Veni abraza
a Tapi con fuerza, tras conocer la decisión de buscar
a su madre y abandonar el páramo. Con sus grandes ojos
llenos de lágrimas y sollozando le recomienda cuidarse
de los humanos, mas aún en aquellos lugares extraños,
de los que les hablaron los cubillines. Veni, como despedida,
besa tiernamente la nariz de Tapi y se pierde veloz por los matorrales,
con su corazón desgarrado por la inminente separación
de su gran amigo. Coli, sin perder de vista los hechos y muy
nervioso replica...
- ¿Dónde irás
Tapi?
- Los cubillines nos narraron
de sus viajes al Norte y Mirador aseguró que los cazadores
humanos se dirigieron también al Norte... Por ello, ¡
viajaré hacia el Norte¡...
-¡Déjame acompañaré
Tapi¡... dice muy decidido el pequeño colibrí
y agrega, con un hilo de voz: tu sabes que no tengo padres y
que tú eres mi mejor amigo. ¡yo te acompañaré¡
¡Tu suelo será mi suelo y tu cielo, será
mi cielo¡...
La noche cae silenciosa y fúnebre
sobre los caminantes, mientras el halcón vigila desde
las alturas. Entre sendero y sendero, Tapi recuerda las palabras
de su madre: los tapires somos animales inofensivos que solo
comemos plantas. Por la longitud de nuestra nariz, muchos nos
relacionan con los elefantes, pero nuestros parientes más
próximos son los rinocerontes y los caballos. Estas y
otras palabras resuenan intensamente en la pequeña cabeza
de Tapi y desde entonces sabe que conocería a sus parientes
y por supuesto, también al hombre. ¿la captura
de su madre le daría esa oportunidad?
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