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Nobleza de espíritu
Don Tobías Rafael Muriel
Moreno
Gregorio César De
Larrea
Corría
el primer tercio del siglo XX, cuando don Joel Muriel Narváez
laboraba en "Los Estancos". Era hijo de don Tobías
Rafael Muriel Moreno y doña Edelina Narváez Espinosa;
ella, propietaria de San Félix, parte de la hacienda llamada
"Minas", que perteneció a su padre don José
Narváez y Correa nacido por 1830, fallecido en 1878, casado
con doña María Espinosa y quien donó una
parte para la fundación del pueblo de San José
de Minas en 1870, que se llama así en honor al Santo de
su nombre y a su hacienda. Don José Narváez y
Correa era hijo de Don Ramón Narváez Oñate
nacido por 1800, también propietario de la mencionada
hacienda con su esposa doña Mariana Correa.
La hacienda Minas y su resto San Félix, estuvieron en
poder de la familia durante cuatro generaciones, hasta la década
de los 1970, cuando la Reforma Agraria liquidó San Félix,
cuyos últimos propietarios fueron los Muriel Narváez.
Don Joel Muriel Narváez estaba próximo a contraer
nupcias con una señorita de origen español de apellido
Agreda, quien residía en San Gabriel, Provincia del Carchi,
y para quien incluso había mandado a traer del exterior
un finísimo vestido de novia. Fue a esta ciudad para
anunciar en una reunión social su matrimonio. Regresaba
a Quito junto con Don Atahualpa Larrea Estrella, también
de "Los Estancos" e hijo del educador en San José
de Minas don Alejandro Larrea Fonseca, cuando fueron informados
que la buscada banda de conocidos contrabandistas de aguardiente
dirigida por el famoso bandido Ramírez se encontraba operando
en esa zona, por lo que fueron en su persecución.
Luego de largas horas de tenaz e intensa búsqueda, Muriel
y Larrea observaron que las huellas de dicha banda llegaban al
río San Gabriel y que ya lo había cruzado. En
vista de que sus caballos necesitaban descanso decidieron hacer
un alto que lo aprovecharon para refrescarse en las aguas del
río, sin sospechar que en la otra orilla se hallaban los
malhechores emboscados observando sus movimientos. Como estaban
indefensos y desarmados de sus fusiles, fueron fácil presa
de los delincuentes que, saliendo de sus escondites, los acribillaron
a balazos. Instantes después, oyendo los disparos, se
acercó un sacerdote de raza negra con quien algunos trabajadores
del lugar se encontraban recogiendo material para remodelar la
casa parroquial. Fue a asistir espiritualmente a Don Joel, mas
él solicitó que atienda primero a Larrea, quien
recibió el bautismo en el río en donde había
caído herido, pues, por pertenecer a una familia liberal
no había sido bautizado.
Don Joel Muriel pidió ser atendido en segundo lugar, ya
que se encontraba en gracia de Dios por haber comulgado esa mañana
junto con su novia. Era de familia conservadora.
Cuenta la tradición que la novia, señorita Ágreda,
casó con otra persona quien, para herirla, le prohibió,
durante toda su vida, retire del velador la foto de su antiguo
amor, don Joel Muriel.
Pasado el tiempo, el asesino Ramírez, arrepentido, confesóse
con el Padre Moisés Guzmán Espinosa, sin conocer
que era pariente de la madre de Muriel, por el lado de Espinosa.
Guzmán aconsejó al delincuente que pida perdón
al padre de Don Joel. Así lo hizo. Se dirigió
a San José de Minas, donde los Muriel Narváez eran
terratenientes, como propietarios del fundo San Félix,
resto de la gran hacienda "Minas". Pidió perdón
de rodillas a Don TOBÍAS RAFAEL MURIEL MORENO, padre del
difunto, quien en lugar de matarlo, hacerle apresar o castigarle,
LE PERDONÓ el crimen, demostrando su nobleza de espíritu.
No obstante, debido a sus nuevos delitos los contrabandistas
terminaron capturados por los carabineros y enviados al panóptico.
Quito, 5 de abril de 2003
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