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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Nobleza de espíritu

Don Tobías Rafael Muriel Moreno

Gregorio César De Larrea

Corría el primer tercio del siglo XX, cuando don Joel Muriel Narváez laboraba en "Los Estancos". Era hijo de don Tobías Rafael Muriel Moreno y doña Edelina Narváez Espinosa; ella, propietaria de San Félix, parte de la hacienda llamada "Minas", que perteneció a su padre don José Narváez y Correa nacido por 1830, fallecido en 1878, casado con doña María Espinosa y quien donó una parte para la fundación del pueblo de San José de Minas en 1870, que se llama así en honor al Santo de su nombre y a su hacienda. Don José Narváez y Correa era hijo de Don Ramón Narváez Oñate nacido por 1800, también propietario de la mencionada hacienda con su esposa doña Mariana Correa.
La hacienda Minas y su resto San Félix, estuvieron en poder de la familia durante cuatro generaciones, hasta la década de los 1970, cuando la Reforma Agraria liquidó San Félix, cuyos últimos propietarios fueron los Muriel Narváez.
Don Joel Muriel Narváez estaba próximo a contraer nupcias con una señorita de origen español de apellido Agreda, quien residía en San Gabriel, Provincia del Carchi, y para quien incluso había mandado a traer del exterior un finísimo vestido de novia. Fue a esta ciudad para anunciar en una reunión social su matrimonio. Regresaba a Quito junto con Don Atahualpa Larrea Estrella, también de "Los Estancos" e hijo del educador en San José de Minas don Alejandro Larrea Fonseca, cuando fueron informados que la buscada banda de conocidos contrabandistas de aguardiente dirigida por el famoso bandido Ramírez se encontraba operando en esa zona, por lo que fueron en su persecución.
Luego de largas horas de tenaz e intensa búsqueda, Muriel y Larrea observaron que las huellas de dicha banda llegaban al río San Gabriel y que ya lo había cruzado. En vista de que sus caballos necesitaban descanso decidieron hacer un alto que lo aprovecharon para refrescarse en las aguas del río, sin sospechar que en la otra orilla se hallaban los malhechores emboscados observando sus movimientos. Como estaban indefensos y desarmados de sus fusiles, fueron fácil presa de los delincuentes que, saliendo de sus escondites, los acribillaron a balazos. Instantes después, oyendo los disparos, se acercó un sacerdote de raza negra con quien algunos trabajadores del lugar se encontraban recogiendo material para remodelar la casa parroquial. Fue a asistir espiritualmente a Don Joel, mas él solicitó que atienda primero a Larrea, quien recibió el bautismo en el río en donde había caído herido, pues, por pertenecer a una familia liberal no había sido bautizado.
Don Joel Muriel pidió ser atendido en segundo lugar, ya que se encontraba en gracia de Dios por haber comulgado esa mañana junto con su novia. Era de familia conservadora.
Cuenta la tradición que la novia, señorita Ágreda, casó con otra persona quien, para herirla, le prohibió, durante toda su vida, retire del velador la foto de su antiguo amor, don Joel Muriel.
Pasado el tiempo, el asesino Ramírez, arrepentido, confesóse con el Padre Moisés Guzmán Espinosa, sin conocer que era pariente de la madre de Muriel, por el lado de Espinosa. Guzmán aconsejó al delincuente que pida perdón al padre de Don Joel. Así lo hizo. Se dirigió a San José de Minas, donde los Muriel Narváez eran terratenientes, como propietarios del fundo San Félix, resto de la gran hacienda "Minas". Pidió perdón de rodillas a Don TOBÍAS RAFAEL MURIEL MORENO, padre del difunto, quien en lugar de matarlo, hacerle apresar o castigarle, LE PERDONÓ el crimen, demostrando su nobleza de espíritu.
No obstante, debido a sus nuevos delitos los contrabandistas terminaron capturados por los carabineros y enviados al panóptico.

Quito, 5 de abril de 2003

 
 
 
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