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Las
locuras de amor de Juana 'La Loca'
Un gran amor incomprendido
PILAR ÁLVAREZ ARECES
llarinalvar95@hotmail.com
Heredera de un imperio en el que jamás se ponía
el Sol, bellísima, inteligente y bien dotada para la música,
Juana de Aragón y Castilla, segunda hija de los reyes
católicos de España, pasó a la historia
con el impiadoso apelativo de "Juana la Loca". Se
lo ganó después de actos tan desmesurados como
velar por espacio de 19 años el cadáver de su marido.
Para los historiadores, el de ella no era un desequilibrio cualquiera:
tuvo origen en un gran amor que ciertas circunstancias transformaron
en locura. Hija de los reyes católicos, Isabel de Castilla
y Fernando de Aragón, dieron a España la unificación
total: unidad religiosa, unidad territorial y política.
UN GRAN TALENTO
Juana nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479. Su educación
estuvo marcada por la severidad, tanto de su madre como de sus
maestros. Tenía grandes condiciones para la música
y la poesía, se dice que gozaba del cariño de todos
en el castillo, gustaba de la soledad, tal vez acostumbrada a
no ver a su padre por mucho tiempo debido a su agitada vida política.
Pronto se manifestó en Juana una vena mística que
ella pretendió encauzar haciéndose monja. Pero
sus padres tenían otro objetivo para la atractiva Juana
y cuando cumplió 16 años fue concertada su boda
con el archiduque Felipe de Austria, hijo de Maximiliano I y
conocido por el sobrenombre de El Hermoso. El enlace entraba
dentro de la política exterior de los Reyes Católicos,
que tenía como fin cercar al enemigo reino de Francia.
Con este objetivo casan a sus cinco hijos con los herederos y
soberanos de las más destacadas casas reinantes.
FELIPE EL 'HERMOSO'
En 1496, rodeada de un espléndido cortejo, Juana partió
a Flandes a conocer a su prometido y celebrar el casamiento.
Las crónicas sobre el primer encuentro son diversas. Al
parecer, bastó con que se miraran a los ojos para que
aflorase una pasión irrefrenable.
Finalmente llegó la boda a medida que el tiempo pasaba,
su amor por Felipe crecía con el mismo ritmo que la desconfianza
y la sospecha de no ser correspondida. Su esposo (no por nada
llamado Felipe el Hermoso) se dedicaba a hacer lo que mejor sabía:
cortejar a toda mujer bella y noble que se le cruzara. Frívolo
y superficial, apegado a los placeres y al lujo, se sentía
incómodo en España, donde tenía que llevar
una vida austera, totalmente ajena al refinamiento y las diversiones
de la corte flamenca.
Felipe extrañaba Flandes, por ello maltrataba a Juana
constantemente. A pesar de esta desagradable situación,
Juana y Felipe tuvieron seis hijos: Leonor, Carlos (cuenta la
tradición que el parto tuvo lugar en un pequeño
retrete del palacio de Gante), Isabel (que sería reina
de Dinamarca), Fernando (futuro Emperador de Alemania y rey de
Hungría y Bohemia) y Catalina.
FLANDES
Felipe harto de tanta austeridad partió para Flandes alegando
cierto desgobierno en sus Estados, dejando a Juana en Castilla,
la cual queda sumida en la desesperación. Poco a poco,
su dolor comienza a enajenarla a tal punto que un día
toma una determinación: seguir a Felipe a Flandes y ser
una esposa como Dios manda.
Los Reyes Católicos, disgustados por la suerte que corre
el matrimonio de su hija, le ruegan que no abandone España.
Pero la decisión de Juana es muy firme. El mismo día
que desembarcó en Brujas comprobó, desolada, que
su marido pasaba el tiempo haciendo vida de soltero. Tenía
una novia, una mujer noble, bellísima y muy destacada
socialmente por su simpatía y su histrionismo. Perturbada,
Juana mandó castigar severamente a la amante de su marido,
exigiendo que le cortaran el pelo hasta la raíz. Felipe
reaccionó ante la violencia de su mujer: primero la insultó,
y luego la golpeó. Desde ese momento se apuntó
la enfermedad mental de Juana como un elemento a tener en cuenta.
Tras el fallecimiento de Isabel en 1504, Juana era nombrada reina
propietaria de Castilla y León, siguiendo el testamento
de la Reina Católica. Don Fernando se encargaría
de la regencia mientras los flamantes monarcas llegaban procedentes
de tierras flamencas.
A finales del año 1505 Juana tendrá una nueva hija,
María, que casará con el rey Luis de Hungría
y Bohemia. En la primavera de 1506 llegaban Juana y Felipe a
La Coruña, tras una estancia en Inglaterra. La llegada
de los reyes provocó el definitivo enfrentamiento entre
Felipe y Fernando, siendo una de las causas la pretendida locura
de Juana esgrimida por el 'Hermoso' para hacerse con la regencia.
Aquí es donde comienzan los problemas más serios
para Juana, Felipe su esposo, intenta demostrar que su esposa
no está en su capacidad mental como para poder gobernar.
Se entabla más que la lucha por la sucesión, un
enfrentamiento entre dos razas y dos dinastías. Muchas
veces Juana flaquea por amor, otras se pone abiertamente en contra
de las ambiciones de Felipe, no sabe por quién tomar partido,
su padre o su esposo, hasta que finalmente la solución
viene de manera inesperada.
MUERTE DE FELIPE EL HERMOSO
Cuando Juana recibió la desgraciada noticia de la muerte
de Felipe no derramó una sola lágrima; pero su
rostro adquirió para siempre un rictus de desconsuelo.
Su amado Felipe fue enterrado de manera provisoria en la Cartuja
de Miraflores, desde donde debía ser trasladado a la Capilla
Real de Granada, el lugar indicado por el protocolo. Juana no
dejó de acudir un solo día a la cripta de Miraflores;
luego de almorzar en el monasterio, pedía a los monjes
que abrieran el cajón para acariciar a su marido. Le aterraba
pensar que podrían llevar el cadáver de Felipe
a Flandes. Se sabe que Juana pedía que sus sirvientes
le trajeran arañas y las soltaran en la cripta, para que
la tela que estas producían le indicaran si alguien había
osado recorrer el lugar en su ausencia, no dejaba que asearan
el lugar para ver las huellas en la tierra.
El 20 de diciembre de ese año, retiró el cajón
del monasterio y comenzó un lúgubre vagar por los
campos y ciudades abrazada al ataúd. El espectáculo
macabro del carruaje destartalado y la cara pálida y aterrada
de Juana conmocionaban a la gente en los caminos. El cortejo
encabezado por la reina se trasladó hacia Granada, viajando
siempre de noche y alojándose en lugares donde las mujeres
no pudiesen tener contacto con el cortejo. Precisamente de camino
a Granada dio a luz a Catalina, el día 14 de enero de
1507, en Torquemada.
LA MUERTE DE JUANA
El 12 de abril de 1555 fallecía doña Juana, tras
46 años de reclusión, cubierto su cuerpo de llagas
al negarse a ser aseada y cambiada de ropa. Quizá Juana
tuviera una leve enfermedad mental, pero ésta se vio agravada
por las disputa del poder entre su marido y su padre, quienes
no sintieron piedad por ella, los malos tratos departe de Felipe,
el hecho de estar profundamente enamorada y no ser correspondida
como lo esperaba. En fin, sin dudas Juana fue una víctima
inocente en medio de uno de los imperios más importantes
de la historia.
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