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El
mito del 8 de marzo
PILAR ALVAREZ ARECES
llarinalvar95@hotmail.com
Desde que la francesa Olympe de Gouges fuera guillotinada en
1793 por rebelarse contra el poder y sostener que las mujeres
tenían derechos de ciudadanía, han pasado más
de trescientos años. Pero sus ideas que quedaron plasmadas
en la célebre Declaración de los Derechos de la
Mujer y de la Ciudadana de 1791, siguen vigentes. Como también
de alguna manera, el libro Defensa de los Derechos de la Mujer
de la escritora inglesa Mary Wollstonecraft publicado en 1792.
El espíritu de ambos documentos sigue inspirando la agenda
de los movimientos feministas en el mundo en relación
al reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres.
El nacimiento del Día Internacional de la Mujer, contrariamente
a lo que se creía en todos los foros, no radica en un
acontecimiento aislado, sobre el que ni tan siquiera existía
consenso entre la historiografía norteamericana, española
y francesa, sino que ha de encuadrarse en un contexto histórico
e ideológico mucho más amplio.
La Historiografía equivocadamente considera una jornada
de lucha feminista en todo el mundo en conmemoración del
día 8 de marzo de 1908 en que las trabajadoras de una
fábrica textil de Nueva York llamada Cotton declararon
una huelga en protestas por las condiciones insoportables de
trabajo. El dueño no aceptó la huelga y las obreras
ocuparon la fábrica. El dueño cerró las
puertas y prendió fuego muriendo abrasadas las 129 trabajadoras
que había dentro (...)" Victoria Sau, Diccionario
Ideológico Feminista (1981)
En la historiografía española y la estadounidense
vinculan también erróneamente el origen del 8 de
marzo a una manifestación de trabajadoras del sector textil
en la ciudad de Nueva York que reivindicaban mejoras laborales.
El Día Internacional de la Mujer tiene sus orígenes
indiscutiblemente en el movimiento internacional de mujeres socialistas
de finales del siglo XIX, tenía como finalidad exclusiva
promover la lucha por el derecho al voto de la mujer, sin ningún
tipo de restricción basada en el nivel de riqueza, propiedades
o educación.
La primera celebración del Día Internacional de
la Mujer se produjo el 19 de marzo de 1911, y fue seguida en
Austria, Alemania, Dinamarca y Suecia. También la Revolución
Rusa de 1917 tuvo una gran influencia en el Día Internacional
de la Mujer. Aunque el 8 de marzo se llevaba celebrando en Rusia
desde 1914, en el año 1917 las mujeres rusas se amotinaron
ante la falta de alimentos, dando inicio al proceso revolucionario
que acabaría en el mes de octubre de ese mismo año
con la caída del imperio zarista. Los acontecimientos
del 8 de marzo de 1917 (23 de febrero en su calendario) son importantes,
no sólo porque dieron origen a la revolución y
porque fueron protagonizados por mujeres, sino porque, según
todo parece apuntar, esos sucesos fueron los que hicieron que
el Día Internacional de la Mujer se pasara al celebrar
sin más cambios hasta la actualidad el 8 de Marzo.
Pese a lo confuso de la fecha de la celebración, a la
mujer hay que respetarla y celebrarla todo el año como
fecundadora de la vida, creadora, forjadora y luchadora de los
destinos de la humanidad, es importante aportar algunos datos
estadísticos, en los cuales debemos reflexionar y luchar
por eliminarlos de los mapas de pobreza, esclavitud y desigualdad
de la mujer: Uno de cada cuatro hogares en áreas urbanas
tiene a una mujer como jefa de hogar. El Caribe es la región
en el mundo con más alta proporción de mujeres
jefas de hogar (35%). La mayoría de las mujeres que trabajan
fuera de la casa está en el sector servicios y sus condiciones
laborales son precarias (60% a 68%). El fenómeno migratorio
en la región ha hecho posible, por ejemplo, la presencia
de cerca 50 mil dominicanas en Europa, la mayoría reclutadas
por redes de traficantes para ejercer la prostitución.
En 1993, un estudio de la Organización Panamericana de
la Salud, estableció que del 45% al 60% de los homicidios
contra mujeres se realizan dentro de la casa y que la mayoría
de estos homicidios son cometidos por el marido o el conviviente.
Los intentos de suicidio son 12 veces más frecuentes entre
mujeres que han sufrido violencia que las que no la han tenido.
Se estima que hay entre 250.000 a 500.000 niñas y jóvenes
ejerciendo la prostitución en Brasil. En Centroamérica
más de dos millones de niñas y niños entre
5 y 15 años trabajan en graves condiciones de explotación.
Esta dramática realidad traducida en numerosos diagnósticos,
investigaciones, reportajes y propuestas legislativas, está
contribuyendo a modificar las tradicionales percepciones acerca
de la doctrina de los derechos humanos, en el sentido de que
éstos han ido evolucionando de acuerdo a los tiempos y
a los cambios sufridos por nuestras sociedades. Como señalan
algunas activistas la lista de los derechos no puede ser estática
frente al surgimiento de nuevas necesidades, nuevos retos, y
lo que es más importante, nuevas actoras y actores.
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