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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

A partir de releer la historia:

Recuperación de una cultura nacionalista

Germán Rodas Chaves
grodas@uasb.edu.ec

La estrategia de configurar un gran protectorado sobre América Latina fue siempre una idea constante de la política exterior norteamericana.
Aquello se expresó ya desde 1825 cuando Henry Clay cumplió las funciones de Secretario de Estado en la administración de John Quincy Adams.
Por ello, además, desde 1881 el régimen norteamericano efectuó todos los esfuerzos posibles para reunir la Conferencia Internacional Americana y, en ese contexto, constituir el 'panamericanismo'.
Dicha tarea fue pensada y llevada a su ejecución por James Blaine quien, en 1889, como Secretario de Estado de Benjamín Harrison propició el cónclave para, según sus palabras, "fomentar la paz y el comercio a través de la determinación cordial y la cooperación de todos los Estados americanos para beneficios de todos".
Estados Unidos, como resultado del desarrollo industrial y del crecimiento de sus monopolios comenzaba a vivir una crisis de acumulación que
demandaba el que abriera nuevos mercados. Los grupos financieros, entonces, vieron en América Latina la zona donde efectuar nuevas inversiones
y promover la venta de su producción.
No se trató, pues, de promover un encuentro para alcanzar acuerdos comerciales de mutuo interés, sino de favorecer, en el entorno del llamado Congreso Panamericanista, los intereses estratégicos norteamericanos a costa del resto de los pueblos del continente, asunto similar que en la actualidad se construye a propósito del ALCA y de los caminos de acceso al mismo configurados mediante los TLC.

INTERESES CREADOS

José Martí, -con la misma genialidad que años atrás y sobre similares asuntos comprendiera Simón Bolívar-, intuyó hacia donde marchaba el
encuentro fabricado por los norteamericanos en 1889, debido a lo cual afirmó: "la angustia de los industriales había crecido tanto desde 1881
cuando se tachó la idea del congreso como 'osadía censurable', que en 1882, cuando aprobaron la convocatoria las dos casas, fue recibida por la mucha necesidad de vender, más natural y provechosa que antes. Y de este modo vino a parecer unánime, y como acordado por los dos bandos del país, el proyecto nacido de la conjunción de los intereses proteccionistas con
la necesidad política de un candidato astuto." .
El candidato astuto fue Blaine. La convocatoria apareció como inofensiva, no obstante que las intenciones del encuentro fueron perversas. El
congreso de marras fue una trampa mortal contra los pueblos de Nuestra América, aquella América que el propio Martí, en su texto 'Nuestra América' (publicado en enero de 1891) describiera extraordinariamente en su afán de clarificar la necesidad de construir la identidad Latinoamericana, a partir de comprender la diversidad étnica y cultural de la que siempre ha estado constituida y, además, luego de observar los intereses estratégicos que animaban ya la política norteamericana en las diferentes latitudes del continente.

LA NUEVA ERA

En efecto, al terminar el siglo 18 y comenzar el 19, los Estados Unidos de Norteamérica habían definido los ejes de su política respecto del
resto de América. La mentada geopolítica, -que a su vez fue la expresión de la formulación geoeconómica de la nueva potencia-, se expresó en la ocupación de los norteamericanos de territorios como Luisiana en 1803, de la Florida Occidental en 1810, de la Florida Oriental en 1821, de Texas en 1836, de Nuevo México y California en 1848.
De esta manera la conducta de los E.U. fue articulándose paulatinamente, -desde los espacios del poder hacia el conjunto de la sociedad-, como
un comportamiento estructural del país. Así en 1823, el quinto Presidente norteamericano James Monroe, -quien gobernó de 1817 a 1825-,
concibió la argumentación necesaria para el proyecto de "crecimiento" de su país en América. Dicha justificación hablaba, entonces, de la
necesaria protección norteamericana respecto del continente de las apetencias colonizadoras europeas en momentos en que España fue perdiendo, -en medio de lo que constituyeron las luchas independentistas-, sus colonias.

LA PERVERSA DOCTRINA MONROE

En este entorno, Monroe advirtió a Europa que cualquier intervención de aquellos en asuntos de América sería considerada por Washington como
una amenaza a "la paz y la felicidad de los E.U".
Estos conceptos configuraron lo que se conoce como la 'doctrina Monroe', la misma que fue
perfeccionada para ejercer cierta forma de protección sobre las Repúblicas del Sur de Río Grande, amparándolas contra posibles intentos de
desmembración o conquista por potencias no americanas.
En todo caso, de lo que realmente se trató fue de impedir que las potencias europeas, mucho más fuertes que España y las repúblicas de origen Ibérico, cerraran el paso a la expansión norteamericana.

CONTROL TOTAL

Este proceso al que aludo adquirió su propio camino a lo largo del siglo 20 y su complejo accionar se ha constituido en la vía de control
norteamericano respecto de las Américas, con la finalidad estratégica no solo de poseer zonas de influencia e inversión, sino también áreas
supeditadas, en toda forma, a sus múltiples intereses y requerimientos estructurales y supraestructurales.
Concomitantemente a las circunstancias referidas, en las Américas fueron desarrollándose, -especialmente en la primera mitad del siglo
pasado-, formas contestatarias a la política internacional de los E.U. Las luchas nacionalistas surgieron, entonces, con inusitado vigor y como
respuesta a la necesidad de confrontar la agresión del capital transnacional.
Los pueblos latinoamericanos promovieron, de esta manera, comportamientos de defensa de sus intereses, los mismos que se tradujeron en políticas regionales para precautelar la soberanía nacional, la autodeterminación de los pueblos y la actividad comercial de los grupos locales.

EL NEOLIBERALISMO

En la actualidad, frente a circunstancias similares devenidas de una política que afecta la realidad latinoamericana, -y que se hallan enmarcadas en medio de la crisis que ha promovido la globalización del neoliberalismo-, se vuelve imprescindible que los pueblos del continente
recuperen su futuro a partir de la defensa de la integridad de nuestras patrias y de la articulación de un proyecto político y económico que enfrente la actual crisis en base a propuestas nacionalistas que sumen esfuerzos e inteligencias más allá de ficticias fronteras conceptuales que no
contribuyen sino a la dominación y al sometimiento.

Un fechero incompleto

1803 USA ocupa Luisiana. 1810 la Florida Occidental. 1821 Florida Oriental.

1825 nace y se perfecciona la 'Doctrina Monroe': que privilegia "la paz y la felicidad de los E.U".

1825 Henry Clay Secretario de Estado USA, propone el protectorado sobre América Latina.

1836 ocupa Texas.

1848 ocupa Nuevo México y California.

1881 USA planifica la Conferencia Internacional Americana, para imponer el 'panamericanismo'.

1889, propició el cónclave para, para la paz, el comercio y la cooperación.

1889 José Martí -al igual que antes Bolívar-, intuyó hacia donde marchaban las intenciones de USA.

Se quedan en el tintero la desmembración de Colombia, Panamá, Grenada, el propio territorio ecuatoriano

 
 
 
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