| |
A partir de releer la historia:
Recuperación de una
cultura nacionalista
Germán Rodas Chaves
grodas@uasb.edu.ec
La estrategia de configurar
un gran protectorado sobre América Latina fue siempre
una idea constante de la política exterior norteamericana.
Aquello se expresó ya desde 1825 cuando Henry Clay cumplió
las funciones de Secretario de Estado en la administración
de John Quincy Adams.
Por ello, además, desde 1881 el régimen norteamericano
efectuó todos los esfuerzos posibles para reunir la Conferencia
Internacional Americana y, en ese contexto, constituir el 'panamericanismo'.
Dicha tarea fue pensada y llevada a su ejecución por James
Blaine quien, en 1889, como Secretario de Estado de Benjamín
Harrison propició el cónclave para, según
sus palabras, "fomentar la paz y el comercio a través
de la determinación cordial y la cooperación de
todos los Estados americanos para beneficios de todos".
Estados Unidos, como resultado del desarrollo industrial y del
crecimiento de sus monopolios comenzaba a vivir una crisis de
acumulación que
demandaba el que abriera nuevos mercados. Los grupos financieros,
entonces, vieron en América Latina la zona donde efectuar
nuevas inversiones
y promover la venta de su producción.
No se trató, pues, de promover un encuentro para alcanzar
acuerdos comerciales de mutuo interés, sino de favorecer,
en el entorno del llamado Congreso Panamericanista, los intereses
estratégicos norteamericanos a costa del resto de los
pueblos del continente, asunto similar que en la actualidad se
construye a propósito del ALCA y de los caminos de acceso
al mismo configurados mediante los TLC.
INTERESES CREADOS
José Martí, -con
la misma genialidad que años atrás y sobre similares
asuntos comprendiera Simón Bolívar-, intuyó
hacia donde marchaba el
encuentro fabricado por los norteamericanos en 1889, debido a
lo cual afirmó: "la angustia de los industriales
había crecido tanto desde 1881
cuando se tachó la idea del congreso como 'osadía
censurable', que en 1882, cuando aprobaron la convocatoria las
dos casas, fue recibida por la mucha necesidad de vender, más
natural y provechosa que antes. Y de este modo vino a parecer
unánime, y como acordado por los dos bandos del país,
el proyecto nacido de la conjunción de los intereses proteccionistas
con
la necesidad política de un candidato astuto." .
El candidato astuto fue Blaine. La convocatoria apareció
como inofensiva, no obstante que las intenciones del encuentro
fueron perversas. El
congreso de marras fue una trampa mortal contra los pueblos de
Nuestra América, aquella América que el propio
Martí, en su texto 'Nuestra América' (publicado
en enero de 1891) describiera extraordinariamente en su afán
de clarificar la necesidad de construir la identidad Latinoamericana,
a partir de comprender la diversidad étnica y cultural
de la que siempre ha estado constituida y, además, luego
de observar los intereses estratégicos que animaban ya
la política norteamericana en las diferentes latitudes
del continente.
LA NUEVA ERA
En efecto, al terminar el siglo
18 y comenzar el 19, los Estados Unidos de Norteamérica
habían definido los ejes de su política respecto
del
resto de América. La mentada geopolítica, -que
a su vez fue la expresión de la formulación geoeconómica
de la nueva potencia-, se expresó en la ocupación
de los norteamericanos de territorios como Luisiana en 1803,
de la Florida Occidental en 1810, de la Florida Oriental en 1821,
de Texas en 1836, de Nuevo México y California en 1848.
De esta manera la conducta de los E.U. fue articulándose
paulatinamente, -desde los espacios del poder hacia el conjunto
de la sociedad-, como
un comportamiento estructural del país. Así en
1823, el quinto Presidente norteamericano James Monroe, -quien
gobernó de 1817 a 1825-,
concibió la argumentación necesaria para el proyecto
de "crecimiento" de su país en América.
Dicha justificación hablaba, entonces, de la
necesaria protección norteamericana respecto del continente
de las apetencias colonizadoras europeas en momentos en que España
fue perdiendo, -en medio de lo que constituyeron las luchas independentistas-,
sus colonias.
LA PERVERSA DOCTRINA MONROE
En este entorno, Monroe advirtió
a Europa que cualquier intervención de aquellos en asuntos
de América sería considerada por Washington como
una amenaza a "la paz y la felicidad de los E.U".
Estos conceptos configuraron lo que se conoce como la 'doctrina
Monroe', la misma que fue
perfeccionada para ejercer cierta forma de protección
sobre las Repúblicas del Sur de Río Grande, amparándolas
contra posibles intentos de
desmembración o conquista por potencias no americanas.
En todo caso, de lo que realmente se trató fue de impedir
que las potencias europeas, mucho más fuertes que España
y las repúblicas de origen Ibérico, cerraran el
paso a la expansión norteamericana.
CONTROL TOTAL
Este proceso al que aludo adquirió
su propio camino a lo largo del siglo 20 y su complejo accionar
se ha constituido en la vía de control
norteamericano respecto de las Américas, con la finalidad
estratégica no solo de poseer zonas de influencia e inversión,
sino también áreas
supeditadas, en toda forma, a sus múltiples intereses
y requerimientos estructurales y supraestructurales.
Concomitantemente a las circunstancias referidas, en las Américas
fueron desarrollándose, -especialmente en la primera mitad
del siglo
pasado-, formas contestatarias a la política internacional
de los E.U. Las luchas nacionalistas surgieron, entonces, con
inusitado vigor y como
respuesta a la necesidad de confrontar la agresión del
capital transnacional.
Los pueblos latinoamericanos promovieron, de esta manera, comportamientos
de defensa de sus intereses, los mismos que se tradujeron en
políticas regionales para precautelar la soberanía
nacional, la autodeterminación de los pueblos y la actividad
comercial de los grupos locales.
EL NEOLIBERALISMO
En la actualidad, frente a
circunstancias similares devenidas de una política que
afecta la realidad latinoamericana, -y que se hallan enmarcadas
en medio de la crisis que ha promovido la globalización
del neoliberalismo-, se vuelve imprescindible que los pueblos
del continente
recuperen su futuro a partir de la defensa de la integridad de
nuestras patrias y de la articulación de un proyecto político
y económico que enfrente la actual crisis en base a propuestas
nacionalistas que sumen esfuerzos e inteligencias más
allá de ficticias fronteras conceptuales que no
contribuyen sino a la dominación y al sometimiento.
Un fechero incompleto
1803 USA ocupa Luisiana. 1810
la Florida Occidental. 1821 Florida Oriental.
1825 nace y se perfecciona
la 'Doctrina Monroe': que privilegia "la paz y la felicidad
de los E.U".
1825 Henry Clay Secretario
de Estado USA, propone el protectorado sobre América Latina.
1836 ocupa Texas.
1848 ocupa Nuevo México
y California.
1881 USA planifica la Conferencia
Internacional Americana, para imponer el 'panamericanismo'.
1889, propició el cónclave
para, para la paz, el comercio y la cooperación.
1889 José Martí
-al igual que antes Bolívar-, intuyó hacia donde
marchaban las intenciones de USA.
Se quedan en el tintero la
desmembración de Colombia, Panamá, Grenada, el
propio territorio ecuatoriano
|
|