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El tiempo imperturbable de
nuestra historia
Germán Rodas Chaves
grodas@uasb.edu.ec
Durante el siglo XVIII, la
Corona española se propuso formular importantes cambios
administrativos en las colonias, y para ello puso en marcha una
serie de medidas dirigidas fundamentalmente a recuperar el control
administrativo, político y económico sobre los
territorios y poblaciones americanas que, para ese entonces,
le comenzaban a ser esquivos.
LAS LUCHAS INDEPENDENTISTAS
Este propósito, o mejor
dicho urgencia de la Corona, tuvo lugar en el contexto de un
ambiente político e ideológico en el que las autoridades
y poderes locales americanos gozaban de cierto reconocimiento
y habían logrado alguna autosuficiencia y control sobre
los recursos y la población del territorio colonizado.
Así pues, la marcha de un programa de variadas reformas
en las colonias -reformas que según la opinión
de varios académicos contribuyeron a precipitar las luchas
independentistas-, tuvo el objetivo central, desde la perspectiva
e interés del gobierno español, de reducir aquellos
espacios de poder que las elites habían logrado, paracuyo
efecto la metrópoli auspició la contracción
del poder de la Iglesia, así como la restricción
de gestión especialmente de lo que hoy podríamos
denominar el poder local.
Para el cumplimiento geopolítico de estos propósitos,
la Corona española diseñó, entre otras cosas,
la recopilación de todo tipo de información que
pudiese inventariar las riquezas existentes en los territorios
americanos. Entonces, las relaciones socioeconómicas,
geopolíticas y geográficas pretendieron ser articuladas
con más control y eficacia, -y desde luego a favor de
la metrópoli-, a partir de propiciar diferentes visitas
a los territorios americanos por parte de delegados del poder
central, quienes de esta manera pondrían 'en orden' sus
dominios.
EL INTERÉS ECONÓMICO
Debido a estas razones, los
funcionarios-viajeros españoles se desplazaron hacia el
denominado 'nuevo mundo' y gracias a tan particular trabajo tuvieron
la oportunidad, además, de efectuar descripciones completas
de las colonias favoreciendo el que se conociera el número
de habitantes existentes en los diversos centros poblados del
continente, así como el que se tuviera una información
adecuada respecto de los incontables recursos naturales de la
región y el uso de ellos, todo lo anterior siempre en
la perspectiva de ejercer, con los datos obtenidos, un eficiente
e inmediato control sobre las colonias.
No obstante, bien vale referir, también, que el debate
sobre temas relacionados con el mundo de las ciencias constituyó
otro factor para que se produjeran visitas de científicos
españoles, -y luego de otros países del mundo-,
toda vez que hubo el interés académico, -que a
la larga fue un afán económico-, por conocer tierras
americanas, en la perspectiva de aprovechar su biodiversidad
y sus riquezas naturales que le eran emergentes a España
principalmente.
LOS CÍRCULOS EUROPEOS
Este contacto con el nuevo
mundo, inicialmente emprendido por los españoles, fue
acrecentándose luego con el arribo de expediciones de
otras latitudes europeas, -como las francesas-, las mismas que,
además, influenciaron notablemente en el mundo de las
ideas. El conocimiento del otro yo y de su entorno ofrecía
a los círculos europeos espacios de enorme curiosidad
y para los gobiernos la aprehensión de 'lo suyo' y el
control de sus recursos, -como fue el caso de España y
Francia-, también se constituyeron en un espacio complementario
de conocimiento y fortalecimiento de su poder hegemónico.
En este contexto, la región de la Audiencia de Quito,
había adquirido enorme importancia pues logró desarrollar
políticas de interrelación regional, generando
importantes lazos que comunicaron el interior de la Audiencia
con las zonas costeras de la misma, asunto que facilitó
el tránsito y la vinculación de las personas, así
como el suministro de víveres, factores todos estos que
propiciaron las más elementales facilidades para la permanencia
en el nuevo continente de los viajeros europeos.
LAS DIFERENCIAS REGIONALES
A la realidad descrita, se
debe agregar la localización estratégica y comercial
que logró la zona de Guayaquil que, de esta manera, funcionó
como dinamizador de la economía cuando las zonas internas
de la Audiencia de Quito experimentaron contracciones productivas
con todas las secuelas económicas y sociales expresadas
en esta región en aquellos años.
Desde aquel entonces, -aunque el crecimiento del poder de las
elites tanto costeñas como serranas enfrentaban dificultades-,
las diferencias económicas entre Quito y Guayaquil se
fueron articulando, además, con las diferencias regionales,
lo cual propició el que se constituyeran abiertamente
cambios poblacionales y culturales de importancia a lo largo
de la historia del actual Ecuador.
Esta diversidad y modificaciones culturales incidieron en el
comportamiento y hábitos de las personas. Muestra de ello
fueron las constantes discusiones realizadas al interior de los
cabildos sobre el tipo de organización que requerían
las ciudades y sobre los comportamientos que se debían
adoptar frente a determinados procesos sociales. Las referidas
discusiones se abrieron paso, luego, en círculos reducidos
que se instruyeron en temas de interés bajo el influjo
de las ideas y reflexiones que ya se debatían en Europa.
CUESTIONES
Esta realidad del siglo XVIII,
querido lector, ¿se reproduce hoy por hoy en nuestras
Patrias? ¿Acaso no hay una metrópoli inventariando
nuestras riquezas para obtener ventajas industriales de ellas?
¿Bajo la influencia de ese mundo externo, no vivimos una
disgregación dentro de nuestras fronteras? ¿No
somos testigos, además, de un debate, distinto y a veces
confrontacional, que da cuenta de las diversas perspectivas e
intereses respecto del poder local y regional?
Dos siglos y algo más de aquello que he comentado en estas
líneas ¿no nos demanda a buscar respuestas y soluciones
a la realidad que nos circunda en la perspectiva de construir
nuestro estado nacional, libre y soberano?
Como siempre, usted, acompañante dominical de estas líneas,
tiene la palabra.
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