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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

NACIMIENTO DEL ESTADO ECUATORIANO

Germán Rodas Chaves
grodas@uasb.edu.ec

Después del triunfo de Sucre, -el 24 de mayo de 1822-, sobre los realistas en la Batalla de Pichincha, los notables de la ciudad de Quito con entusiasmo inusitado promovieron la iniciativa de la incorporación de su región a Colombia. Tal resolución se constituyó en una voluntad similar a la que semanas atrás, y sobre el mismo asunto, la ciudad de Cuenca, mediante los grupos de poder, había expresado su opinión favorable.

No obstante, el conflicto alrededor de las determinaciones que tuvieron Cuenca y Quito se encendió debido a las adversas ideas que sobre la incorporación a Colombia expresaron importantes sectores sociales y económicos de Guayaquil, quienes debido a su continua relación con los mercados peruanos, -como efecto de la creciente actividad cacaotera-, habían favorecido un sinnúmero de vinculaciones que impidieron, inicialmente, la anexión de Guayaquil a Colombia, asunto que solo pudo ser resuelto debido a las gestiones y presiones, -de toda naturaleza-, ejercidas por Simón Bolívar para favorecer la constitución del Distrito del Sur y la anexión completa de dicho distrito a Colombia.

A partir de la anexión a Colombia, diversas circunstancias históricas fueron promoviendo en el Distrito del Sur un debate sostenido referente a la conveniencia o no de la autonomía respecto de Colombia.

Ciertamente que el debate estuvo exacerbado, además, por razones vinculadas a los conflictos con el Perú o debido a la presencia de determinadas crisis económicas que regional e indistintamente afectaron al Distrito del Sur, en medio de disputas internas por el poder.

Finalmente, las apetencias económicas y políticas locales, -en medio de una confrontación regional-, y con un telón de fondo que dio cuenta de la carencia de un proyecto nacional, fue configurando, entre muchos otros factores, el detonante para la ruptura frente a Colombia y el intento de propiciar un espacio propio del Distrito del Sur, consolidación esta que se fabricó en medio de rencillas internas, de contradicciones de toda índole y de disputas estériles.

Fue al calor de estos antecedentes cuando el 13 de mayo de 1830 algunos sectores de la ciudadanía de Quito resolvieron "constituir un Estado Libre e independiente, con los pueblos comprendidos en el Distrito del Sur y los más que quieran incorporarse, mediante las relaciones de naturaleza y de recíproca conveniencia".

Semanas después de esta declaración se promovió la reunión de la primera Asamblea Constituyente, la misma que se convocó y congregó en la ciudad de Riobamba a fin de dictar la primera Carta Magna de lo que hasta entonces constituía el Distrito del Sur y que para efectos de la conformación de un Estado soberano e independiente se abocó, inicialmente, a definir un nombre propio con el cual se reconociera al naciente estado.

En efecto, -y debido a las disputas intraregionales-, se dejó de lado la designación del nuevo Estado con el nombre de Quito, -conforme las razones históricas imponían-, y se buscó un nombre que permitiera el que las diversos sectores sociales y económicos de las tres regiones del nuevo país, -Quito, Guayaquil y Cuenca-, lo encontraran como razonable para superar cualquier impase. El nombre de Ecuador, entonces, apareció como la gran solución rememorando, además, la designación que respecto de nuestro espacio geográfico lo hicieran los miembros de la misión geodésica francesa cuando llegaron a nuestro territorio para efectuar estudios sobre la línea Equinoccial.

En medio de la transacción referida nació el Estado Ecuatoriano, constituido fundamentalmente por tres regiones claramente diferenciadas y con deficientes relaciones entre si. Por el contrario sus nexos, como he inferido en estas líneas, estuvieron marcadas, inicialmente, por las relaciones con el norte de Colombia y con el sur del Perú.

La desarticulación económica, social, cultural y política del nuevo Estado constituyó uno de los conflictos de identidad del Ecuador de 1830 y han sido esos mismos rasgos estructurales los que han dificultado la construcción del Estado-Nacional, asunto que, de una u otra manera, se ha arrastrado a lo largo de la vida republicana del país en sus ya 175 años de existencia.

El origen del Ecuador puede explicarnos, entonces, algunas de las dificultades por las cuales constantemente ha vivido la Patria. Pero sobretodo debe advertirnos que somos la expresión del complejo mundo de lo diverso, aquella riqueza intrínseca a partir de la cual debemos consolidar al Ecuador dotándole de un futuro promisorio y construyendo un presente conforme los requerimientos de los diversos rincones del país, en los cuales debemos mirarnos mutuamente, a fin de edificar la utopía del país soberano, solidario y unido, realidad por la que tantos y tantos ecuatorianos han luchado bordeando todo tipo de sacrificio.

La consolidación del Ecuador, al bordear el nuevo milenio, deberá proyectarse en la construcción de una auténtica democracia, en la búsqueda permanente de un orden estructural y supraestructural diferentes al que prevalece y en la constante acción para superar todo tipode inequidad. '

Una práctica de esta naturaleza nos dotarà de la auténtica Patria que requerimos para vivir con dignidad y seguros de que el porvenir no se constituye en un grito desesperado, sino en un eco que agiganta nuestro propio destino y el de nuestros hijos.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador