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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Ignacio de Veintemilla es derrotado en Quito

La Patria venció al régimen de oprobio y vergüenza. La unidad nacional cumplió su objetivo: derrocar al ignominioso gobierno.

César Augusto Alarcón Costta

Gobernaba el Ecuador el general Ignacio de Veintemilla, quien habiendo sido nombrado Comandante de la Plaza de Guayaquil por el Presidente doctor Antonio Borrero, el 8 de septiembre de 1876 se proclamó Jefe Supremo y Capitán General de los Ejércitos, con el pretexto de derogar la Constitución de la República, más conocida como la "Carta Negra", que fue aprobada por la Asamblea Constituyente de 1896 y refrendada en plebiscito en julio de ese mismo año.

Los dos primeros años de gobierno dictatorial de Veintemilla corrieron en medio de confrontaciones políticas, al cabo de las cuales convocó a la Asamblea Constituyente que se reunió entre enero y marzo de 1878 en Ambato, con el propósito de aprobar la nueva Constitución y elegir como Presidente Constitucional al mismo general Veintemilla.

Durante su administración, la dinámica del mercado mundial auspició el auge en las exportaciones ecuatorianas de cacao y cascarilla, generando extraordinarios ingresos que levantaron fortunas privadas y al mismo tiempo dotó al gobierno de enormes recursos, lamentablemente derrochados en los continuos agasajos palaciegos, fiestas populares, incremento de sueldos a la burocracia y sectores militares. A esta favorable coyuntura económica, además contribuyó la guerra del Pacífico en la que Chile derrotó a la coalición de Perú y Bolivia.

Atropellos

Veintemilla pensó que a cambio de pan y circo se puede ultrajar la dignidad de la Patria, y amparado en las facultades extraordinarias concedidas por la mayoría servil del Congreso, atropelló los derechos ciudadanos y agredió a la dignidad nacional. El escritor liberal Miguel Valverde fue apresado y flagelado, Eloy Alfaro fue apresado en Guayaquil, Juan Montalvo desterrado.

Además durante su administración ocurrieron dos asesinatos escandalosos: el del Arzobispo de Quito Ignacio Checa y Barba el 30 de marzo de 1877, envenenado con estricnina colocada en el cáliz con el que celebró la misa de Viernes Santo; y el del político conservador que se perfilaba como candidato a la Presidencia de la República, Vicente Piedrahita ocurrido el 4 de septiembre de 1878 en su casa de la hacienda "La Palestina" a orillas del río Daule. A todo esto se sumó el denigrante espectáculo de escándalo e irrespeto desbordado salido de sus continuos festines y francachelas.

Voz de la conciencia

Durante este oprobioso gobierno, Juan Montalvo se convirtió en la voz de la conciencia nacional. En las páginas de "Las Catilinarias" inmortalizó su intransigente lucha. En uno de sus pasajes escribió: "... don Gabriel García Moreno fue tirano: inteligencia, audacia, ímpetu; sus acciones atroces fueron siempre consumadas con admirable franqueza ... Ignacio Veintemilla no ha sido ni será jamás tirano: la mengua de su cerebro es tal, que no va gran trecho de él a un bruto. Su corazón no late; se revuelca en un montón de cieno".

El 26 de marzo de 1882, en vísperas de concluir el período constitucional el general Veintemilla, sin otra razón que su apasionada adicción al poder, se volvió a proclamar Jefe Supremo con apoyo de algunas municipalidades.

Veintemilla no sabía que si bien la corrupción puede comprar, vender y alquilar conciencias bastardas, en cambio no puede impunemente ultrajar la dignidad de la Patria. El Ecuador no resistía más, desde todos los confines se levantó un coro de voces que lo repudiaban. No eran las banderías partidistas, sino es espíritu de la Patria el que inflamaba el alma, la mente y corazón de los ecuatorianos. Liberales, conservadores, progresistas, intelectuales, artesanos, todos emprendieron la lucha por la restauración moral.

En enero de 1883 las fuerzas confluyeron en su común propósito de derrocar al régimen de la indignidad. Dos grandes movimientos surgieron en forma simultánea. El uno en la costa liderado por Eloy Alfaro como Jefe Supremo de Esmeraldas y Manabí; el otro en la sierra, con Ezequiel Landázuri y Pedro Lizarzaburu desde Carchi e Imbabura, José María Sarasti desde Chimborazo y Tungurahua, Francisco Javier Salazar desde el sur por Loja y Azuay, los tres avanzaron hacia Quito, la asediaron desde el día 8 de enero, el 9 combatieron en sus calles y el 10 sometieron a las fuerzas gubernamentales dirigidas por la sobrina del dictador, la valiente Marieta de Veintemilla.

El día 14 el pueblo de Quito reunido en la Plaza de San Francisco eligió al Pentavirato integrado por José María Sarasti, Luis Cordero, José María Plácido Caamaño, Agustín Guerrero y Pedro Carbo; con sus respectivos suplentes: Ezequiel Landázuri, Pedro Ignacio Lizarzaburu, Antonio Flores, Pablo Herrera y Rafael Pérez Pareja.

Las fuerzas liberales de Alfaro y las restauradoras de la sierra se dirigieron a Guayaquil, último reducto del dictador. En forma conjunta atacaron por el norte y el occidente: desde antes del amanecer del 9 de julio de 1883, el cerro de Santa Ana, el cementerio, el cerro del Carmen y el manicomio fueron escenario de las operaciones, los últimos combates tuvieron lugar en el Estero Salado.

La Patria venció al régimen de oprobio y vergüenza. La unidad nacional cumplió su objetivo: derrocar al ignominioso gobierno. No se trató de una crisis económica sino de la lucha contra la degradación moral. Esta fue una formidable manifestación del Ecuador profundo y ancestral, que no se resigna ante el abuso ni se abandona ante la prepotencia. A través de la historia nuestro pueblo ha protagonizado extraordinarias páginas de heroísmo y valor en defensa de su dignidad y libertad.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador