| |
Tercera
parte, epílogo
La Basílica del Voto
Nacional, el dedo índice del Creador
DR. OSWALDO PAZ Y MIÑO
J
Nos hemos apartado del espacio
que ocupa el Altar Central del Templo Mayor de la Basílica
y la recorremos acompañados del mismo silencio. Es evidente
la pobreza. La piedra tiene huellas de maltrato: manchas de pisadas
y de traicioneros cirios, cercan las bases de las columnas. Veinte
y tres pequeñas capillas que forman los abovedados, viven
un drama igual, están abandonadas, huérfanas. Solo
una ha sido tomada en cuenta para ubicar la imagen de un recién
nombrado Santo del Opus Dei. La propia Iglesia Católica
como Institución ha descuidado a la Basílica, que
tristeza. El Patrimonio Cultural del Ecuador se desintegra, se
erosiona. Si el pecado existe, este es uno grande, para con la
nación y su historia. Basta de tanto golpe de pecho, es
hora de actuar. Ni los pobres, ni los monumentos sobreviven el
abandono y la falta de trabajo. No caben para ellos promesas
dogmáticas, ni discursos demagógicos.
Que ironía. Como un
Juez que le va tomando el pulso a la indolencia y a sus practicantes,
sean estos del Estado o de la Iglesia, se nos ha presentado en
el camino, hacia la Capilla del Corazón de María,
un reloj, alto, café, de apellido "Procurgeneral"
que se sostiene recostado sobre la solidez y la melancolía
de una columna. Se ha detenido, ya fatigado, su péndulo
arrimado al vidrio, se ha asfixiado, ha querido escapar, pedir
ayuda, no le han escuchado. Dejó de caminar, a él
literalmente le llegó la hora. Es portentosa la Basílica,
y miserable tanto Olvido.
La Capilla de la Virgen María,
que data de 108 años atrás, fue la primera en construirse,
es de dimensiones menores, desagregada de su hermana, que en
tamaño es mayor. Esta pequeña está llena
de color, es alegre dentro las circunstancias. Se sabe añeja
pero vital. Sus joyas son arte puro. La propia imagen de la
Virgen, San José, el Altar y un Soberbio Cristo en agonía,
acompañado de su madre apuñalada en el corazón
y de María Magdalena, el amor de su vida, se han protegido
en un rincón. Estas esculturas datan del siglo XVIII
al igual que los maravillosos murales que se escaparon de pintores
que casi los ocultan para siempre y nos gritan su testimonio
y claman por no sucumbir.
Hacia las alturas, es el último
trayecto vital. Todos presumimos, creyentes o no, que nuestro
espíritu vuela, migra hacia lo insondable del Cosmos y
desde la Basílica, se hacen unas cuantas paradas. Allá
nos dirigimos. Las Torres de la Basílica nos invitan,
nos proyectan. Pero antes, en el trayecto nos hemos detenido
en el segundo nivel de los ocho que tiene el sendero a lo celestial.
Desde el Coro, miramos los maravillosos vitrales que representan
a los Arzobispos de las 22 provincias, traídos por Mario
de Ayala, español, están muchos rotos por las piedras
lanzadas por manos llenas de estupidez. La nave central, muestra
toda su grandeza y sus tesoros, entre ellos: los doce apóstoles
y los tres evangelistas, como perdidos, parece que el trance
de la última cena, aún los tiene anonadados y
aturdidos, contemplan a los fieles hablar con Dios. El mensaje
de los evangelistas que predicaban del amor de Jesús
al prójimo, requiere de respuestas concretas y en la Basílica,
muchos pobres se encomiendan.
Las naves laterales forman
veinte y cuatro capillas. La configuración de la Cruz
se define claramente, ante la vista. Son notorios los arcos
ojivales cortados en punta sobre toda la bóveda de crucería.
La idea de Emilio Taller, Sacerdote y Arquitecto Francés,
dejo en el Neogótico de este Templo esculpido su nombre
para siempre.
Desde el Tercer Nivel, todo en adelante será esfuerzo.
A pie, gradas y escaleras. Hacia lo más extremo posible
entre el firmamento y la Cruz ubicada esta, en la punta más
alta de la Torre, a ciento quince metros de altura. Llegaremos
hasta los ciento dos metros, que es por sobre el campanario,
y el último refugio seguro.
Verónica Morales, es
la guía profesional, que se enamoró de la Basílica,
y se radicó laboralmente en ella. Es una voluntaria de
las buenas causas. Ella nos llevará por rutas de la iglesia
que pocos conocen al detalle.
La primera estación
es a 83 metros, en el mirador que limita el sector centro sur
de la ciudad. Es un privilegio mirar desde allí. Las golondrinas
y las palomas usan esa vía y disfrutan, al hombre, le
cuesta más y es que el espacio aéreo no es su medio.
Extasiados admiramos: La Quito Colonial, el Panecillo o Shungo
Loma, las veinte y dos iglesias que se esparcen por el casco
histórico y, en las bajuras destacan: La Plaza Grande,
Mayor o de la Independencia, que parece fundirse con la cima
de la Libertad. Desde las dos como consecuencia se focalizan
cuatro edificios habitados por influyentes: El Palacio de Gobierno,
El Palacio Arzobispal, El Municipio de Quito y la Catedral Metropolitana.
Por las entrañas mismas
del templo, a media luz y con recelo natural atravesamos un puente
colgante que nos permite cruzar al cuarto nivel para lograr los
noventa y cuatro metros de altura. Escaleras suspendidas en las
paredes, quitan el aliento, es mejor no mirar hacia abajo, el
viento es fuerte, y sacude. El panorama se vuelve espectacular
hemos llegado a " La Torre de la Estopa", llamada así
por la Gárgola de Piedra que la envuelve. Desde este lugar
se admira a Quito por los cuatro costados. No existe otro que
permita observar tan plena y extensa a esta hermosa urbe. Es
cuestión de girar sobre el propio terreno y la tenemos,
toda, antigua y moderna, nuestra. En un solo ambiente. Los sentidos
nos han desbordado. Los ojos no pueden contener su emoción.
La sorpresa que no es otra
cosa que la suspensión del pensamiento, se ha instalado
en nuestro ser. Ni siquiera desde el aire, se puede lograr tan
maravillosa vista. Si Quito es la cara de Dios. Desde la Basílica
del Voto Nacional, estamos mirándola, desde sus ojos.
Este mirador es inigualable.
La fachada de la Basílica está llena de tallados
líticos, de Gárgolas, Aves y Animales de todo el
país. Quito está custodiada por estas piedras pulidas
a mazo y cincel. El hombre debe siguiendo su ejemplo pulir su
piedra bruta y acercarse a las virtudes de este material.
Desde lo alto se miran a los
hombres iguales, sin clases y sin las fronteras surgidas de la
propiedad. El tráfago pierde su ruido y los volcanes son
parte del entorno. Suenan la campanas, estas sí se escuchan
cercanas, y por quién doblan este momento?
Vamos llegando. Hay que recoger
una parte de los pasos, haciendo camino el tañido es mas
fuerte y nos advierte que estamos cerca pero hay todavía
una cuesta arriba, abrazando paredes mismas, serpenteando en
escaleras de metal, angostas y que aprietan la respiración.
Se agota el aire, pues ya el cuerpo, demanda descanso, pero no
le damos tregua, hemos cumplido los ciento dos metros que nos
separan del abismo. Miramos hacia el Panteón de los Jefes
de Estado, abajo, tierra adentro, el destino final e ineludible.
El Poder allí es una anécdota. Graffitis de muy
mal gusto y amores que nunca durarán como la piedra del
templo, aparecen escritos como pústulas elaboradas por
parejas insensibles y personas agresivas que buscando la posteridad
han cometido sacrilegio contra la cultura.
Dios, allá voy espérame.
Alguien dijo eso un día y es que a tanta distancia del
suelo y con la ilusión cercana del firmamento, se siente
que en algún lugar de esta obra de los hombres, debe aguardar
el Gran Arquitecto del Universo, aquí se siente el dedo
índice del Divino, sosteniendo la vida. La vida desde
este Templo vale más, porque gracias a ella, se nos ha
permitido tocar el cielo, sin habernos movido de la tierra. Aquí
en la Basílica del Voto Nacional.
Para el final y agradeciendo
su desinteresada colaboración con la Basílica y
con este cronista hemos dejado los nombres de Aristóteles
Mendoza y Amparo Schweitzer para quienes, lo que empezó
como una Tesis profesional se convirtió en su tarea vital
en obra de amor y de ejemplo para las autoridades civiles y eclesiásticas.
Estos dos chicos se están dejando la piel en la Basílica.
Ellos han logrado un inventario, han recuperado la historia y
saben más que nadie de la tragedia que envuelve al Templo
más alto de Latinoamérica.
|
|