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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Tercera parte, epílogo

La Basílica del Voto Nacional, el dedo índice del Creador

DR. OSWALDO PAZ Y MIÑO J

Nos hemos apartado del espacio que ocupa el Altar Central del Templo Mayor de la Basílica y la recorremos acompañados del mismo silencio. Es evidente la pobreza. La piedra tiene huellas de maltrato: manchas de pisadas y de traicioneros cirios, cercan las bases de las columnas. Veinte y tres pequeñas capillas que forman los abovedados, viven un drama igual, están abandonadas, huérfanas. Solo una ha sido tomada en cuenta para ubicar la imagen de un recién nombrado Santo del Opus Dei. La propia Iglesia Católica como Institución ha descuidado a la Basílica, que tristeza. El Patrimonio Cultural del Ecuador se desintegra, se erosiona. Si el pecado existe, este es uno grande, para con la nación y su historia. Basta de tanto golpe de pecho, es hora de actuar. Ni los pobres, ni los monumentos sobreviven el abandono y la falta de trabajo. No caben para ellos promesas dogmáticas, ni discursos demagógicos.

Que ironía. Como un Juez que le va tomando el pulso a la indolencia y a sus practicantes, sean estos del Estado o de la Iglesia, se nos ha presentado en el camino, hacia la Capilla del Corazón de María, un reloj, alto, café, de apellido "Procurgeneral" que se sostiene recostado sobre la solidez y la melancolía de una columna. Se ha detenido, ya fatigado, su péndulo arrimado al vidrio, se ha asfixiado, ha querido escapar, pedir ayuda, no le han escuchado. Dejó de caminar, a él literalmente le llegó la hora. Es portentosa la Basílica, y miserable tanto Olvido.

La Capilla de la Virgen María, que data de 108 años atrás, fue la primera en construirse, es de dimensiones menores, desagregada de su hermana, que en tamaño es mayor. Esta pequeña está llena de color, es alegre dentro las circunstancias. Se sabe añeja pero vital. Sus joyas son arte puro. La propia imagen de la Virgen, San José, el Altar y un Soberbio Cristo en agonía, acompañado de su madre apuñalada en el corazón y de María Magdalena, el amor de su vida, se han protegido en un rincón. Estas esculturas datan del siglo XVIII al igual que los maravillosos murales que se escaparon de pintores que casi los ocultan para siempre y nos gritan su testimonio y claman por no sucumbir.

Hacia las alturas, es el último trayecto vital. Todos presumimos, creyentes o no, que nuestro espíritu vuela, migra hacia lo insondable del Cosmos y desde la Basílica, se hacen unas cuantas paradas. Allá nos dirigimos. Las Torres de la Basílica nos invitan, nos proyectan. Pero antes, en el trayecto nos hemos detenido en el segundo nivel de los ocho que tiene el sendero a lo celestial. Desde el Coro, miramos los maravillosos vitrales que representan a los Arzobispos de las 22 provincias, traídos por Mario de Ayala, español, están muchos rotos por las piedras lanzadas por manos llenas de estupidez. La nave central, muestra toda su grandeza y sus tesoros, entre ellos: los doce apóstoles y los tres evangelistas, como perdidos, parece que el trance de la última cena, aún los tiene anonadados y aturdidos, contemplan a los fieles hablar con Dios. El mensaje de los evangelistas que predicaban del amor de Jesús al prójimo, requiere de respuestas concretas y en la Basílica, muchos pobres se encomiendan.

Las naves laterales forman veinte y cuatro capillas. La configuración de la Cruz se define claramente, ante la vista. Son notorios los arcos ojivales cortados en punta sobre toda la bóveda de crucería. La idea de Emilio Taller, Sacerdote y Arquitecto Francés, dejo en el Neogótico de este Templo esculpido su nombre para siempre.
Desde el Tercer Nivel, todo en adelante será esfuerzo. A pie, gradas y escaleras. Hacia lo más extremo posible entre el firmamento y la Cruz ubicada esta, en la punta más alta de la Torre, a ciento quince metros de altura. Llegaremos hasta los ciento dos metros, que es por sobre el campanario, y el último refugio seguro.

Verónica Morales, es la guía profesional, que se enamoró de la Basílica, y se radicó laboralmente en ella. Es una voluntaria de las buenas causas. Ella nos llevará por rutas de la iglesia que pocos conocen al detalle.

La primera estación es a 83 metros, en el mirador que limita el sector centro sur de la ciudad. Es un privilegio mirar desde allí. Las golondrinas y las palomas usan esa vía y disfrutan, al hombre, le cuesta más y es que el espacio aéreo no es su medio. Extasiados admiramos: La Quito Colonial, el Panecillo o Shungo Loma, las veinte y dos iglesias que se esparcen por el casco histórico y, en las bajuras destacan: La Plaza Grande, Mayor o de la Independencia, que parece fundirse con la cima de la Libertad. Desde las dos como consecuencia se focalizan cuatro edificios habitados por influyentes: El Palacio de Gobierno, El Palacio Arzobispal, El Municipio de Quito y la Catedral Metropolitana.

Por las entrañas mismas del templo, a media luz y con recelo natural atravesamos un puente colgante que nos permite cruzar al cuarto nivel para lograr los noventa y cuatro metros de altura. Escaleras suspendidas en las paredes, quitan el aliento, es mejor no mirar hacia abajo, el viento es fuerte, y sacude. El panorama se vuelve espectacular hemos llegado a " La Torre de la Estopa", llamada así por la Gárgola de Piedra que la envuelve. Desde este lugar se admira a Quito por los cuatro costados. No existe otro que permita observar tan plena y extensa a esta hermosa urbe. Es cuestión de girar sobre el propio terreno y la tenemos, toda, antigua y moderna, nuestra. En un solo ambiente. Los sentidos nos han desbordado. Los ojos no pueden contener su emoción.

La sorpresa que no es otra cosa que la suspensión del pensamiento, se ha instalado en nuestro ser. Ni siquiera desde el aire, se puede lograr tan maravillosa vista. Si Quito es la cara de Dios. Desde la Basílica del Voto Nacional, estamos mirándola, desde sus ojos.

Este mirador es inigualable. La fachada de la Basílica está llena de tallados líticos, de Gárgolas, Aves y Animales de todo el país. Quito está custodiada por estas piedras pulidas a mazo y cincel. El hombre debe siguiendo su ejemplo pulir su piedra bruta y acercarse a las virtudes de este material.

Desde lo alto se miran a los hombres iguales, sin clases y sin las fronteras surgidas de la propiedad. El tráfago pierde su ruido y los volcanes son parte del entorno. Suenan la campanas, estas sí se escuchan cercanas, y por quién doblan este momento?

Vamos llegando. Hay que recoger una parte de los pasos, haciendo camino el tañido es mas fuerte y nos advierte que estamos cerca pero hay todavía una cuesta arriba, abrazando paredes mismas, serpenteando en escaleras de metal, angostas y que aprietan la respiración. Se agota el aire, pues ya el cuerpo, demanda descanso, pero no le damos tregua, hemos cumplido los ciento dos metros que nos separan del abismo. Miramos hacia el Panteón de los Jefes de Estado, abajo, tierra adentro, el destino final e ineludible. El Poder allí es una anécdota. Graffitis de muy mal gusto y amores que nunca durarán como la piedra del templo, aparecen escritos como pústulas elaboradas por parejas insensibles y personas agresivas que buscando la posteridad han cometido sacrilegio contra la cultura.

Dios, allá voy espérame. Alguien dijo eso un día y es que a tanta distancia del suelo y con la ilusión cercana del firmamento, se siente que en algún lugar de esta obra de los hombres, debe aguardar el Gran Arquitecto del Universo, aquí se siente el dedo índice del Divino, sosteniendo la vida. La vida desde este Templo vale más, porque gracias a ella, se nos ha permitido tocar el cielo, sin habernos movido de la tierra. Aquí en la Basílica del Voto Nacional.

Para el final y agradeciendo su desinteresada colaboración con la Basílica y con este cronista hemos dejado los nombres de Aristóteles Mendoza y Amparo Schweitzer para quienes, lo que empezó como una Tesis profesional se convirtió en su tarea vital en obra de amor y de ejemplo para las autoridades civiles y eclesiásticas. Estos dos chicos se están dejando la piel en la Basílica. Ellos han logrado un inventario, han recuperado la historia y saben más que nadie de la tragedia que envuelve al Templo más alto de Latinoamérica.

 
 
 
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