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Las
'Mujeres Virtuosas' de Washington Mosquera
En la Sala IV del Centro Cultural
Metropolitano se desarrolla un acontecimiento pictórico:
el retorno de Washington Mosquera, con sus "Mujeres Virtuosas",
que estará ahí hasta el 6 de abril.
Con una trayectoria de 35 años
cumplida tanto en el Ecuador como en el exterior, los pinceles
de Mosquera han deslumbrado tanto a críticos como a los
amantes llanos de la plástica.
Su obsesión por el dominio
técnico, evidenciado en su extraordinario tratamiento
del color lo han impuesto en el escenario artístico.
Su pausado y reflexivo método de trabajo, en un medio
caracterizado por "la comercialización a ultranza",
demuestra como la constancia se impone a la influencia del medio;
así, el tiempo le ha dado la razón.
Los seguidores de la trayectoria
de Washington durante la última década, encontrarán
su apertura hacia el modernismo, que sin romper con la tendencia
hacia la Escuela Flamenca, abre su mirada hacia Bacon, Picasso
que desde ya tienden a fusionarse en obra imperceptiblemente.
Washington Mosquera inicia un 'salto cuántico' en el año
2000, cuando gracias a un premio ganado por él en la temática
taurina, viajó a España, donde dedicó su
tiempo a un obsesivo estudio de la pintura de Velásquez
y el Greco, en varias localidades españolas.
Se topa, entonces, Mosquera
con la obra de Antoni Tàpies, y lo seduce el abstracto,
que hasta ahora se había mantenido al margen de la vida
del pintor ecuatoriano. Es entonces cuando ¡se rompen barreras
y esquemas! Mosquera hasta entonces generador riguroso de
un trabajo atado más bien a lo clásico, con una
disciplina referida a reglas establecidas, estalla. "Había
encontrado lo que tanto estaba buscando. ¡Esto es lo que
yo quería!: Una fusión intensa, capaz de abarcar
conceptos y cosmovisiones universales.
"Hasta entonces no había
entendido a los maestros del abstracto, ni siquiera a Picasso,
aún Bacon está fuera de mi mundo", dice Washington
Mosquera.
Entonces, el pintor guarda
su pequeña y clásica paleta, y se lanza a la paleta
grande, aquella que permite no solo la multiplicación
cromática irreverente, sino la generación de efectos,
de la mano de la química heterodoxa, esa alquimia moderna
que nos pierde en materiales sintéticos que permiten efectos
ilimitados.
Washington crece en su libertad
interior recién encontrada, y se lanza a una aventura,
de la que se torna cronista-protagonista. Y entonces se da cuenta
de que también la tela es un universo del que él
puede ser demiurgo, y rompe también con las superficies
níveas y lisas de los lienzos preparados, y empieza a
crear espacios inimaginados sobre superficies generadas por él
mismo. Se torna en sastre para preparar sus telas. Suelda trozos.
Inventa costurones. La sublime locura de la imaginación
está suelta.
Los temas reverentes sobre
la muerte dan lugar a cantos por la vida, y escapa hacia un cosmos
luminoso, pletórico de mujeres. Nace entonces su magnífica
interpretación de la 'Menina' de Velásquez. Y,
luego, todas sus 'Mujeres Virtuosas'.
Cuatro años, y cuatro
eternidades, ha durado la iniciación de Washington Mosquera
en esta nueva etapa suya. Cuatro años en los que el mundo
no vio su obra. Ahora, está de nuevo aquí, para
quedarse.
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