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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Las 'Mujeres Virtuosas' de Washington Mosquera

En la Sala IV del Centro Cultural Metropolitano se desarrolla un acontecimiento pictórico: el retorno de Washington Mosquera, con sus "Mujeres Virtuosas", que estará ahí hasta el 6 de abril.

Con una trayectoria de 35 años cumplida tanto en el Ecuador como en el exterior, los pinceles de Mosquera han deslumbrado tanto a críticos como a los amantes llanos de la plástica.

Su obsesión por el dominio técnico, evidenciado en su extraordinario tratamiento del color lo han impuesto en el escenario artístico.
Su pausado y reflexivo método de trabajo, en un medio caracterizado por "la comercialización a ultranza", demuestra como la constancia se impone a la influencia del medio; así, el tiempo le ha dado la razón.

Los seguidores de la trayectoria de Washington durante la última década, encontrarán su apertura hacia el modernismo, que sin romper con la tendencia hacia la Escuela Flamenca, abre su mirada hacia Bacon, Picasso que desde ya tienden a fusionarse en obra imperceptiblemente.
Washington Mosquera inicia un 'salto cuántico' en el año 2000, cuando gracias a un premio ganado por él en la temática taurina, viajó a España, donde dedicó su tiempo a un obsesivo estudio de la pintura de Velásquez y el Greco, en varias localidades españolas.

Se topa, entonces, Mosquera con la obra de Antoni Tàpies, y lo seduce el abstracto, que hasta ahora se había mantenido al margen de la vida del pintor ecuatoriano. Es entonces cuando ¡se rompen barreras y esquemas! Mosquera ­hasta entonces generador riguroso de un trabajo atado más bien a lo clásico, con una disciplina referida a reglas establecidas, estalla. "Había encontrado lo que tanto estaba buscando. ¡Esto es lo que yo quería!: Una fusión intensa, capaz de abarcar conceptos y cosmovisiones universales.

"Hasta entonces no había entendido a los maestros del abstracto, ni siquiera a Picasso, aún Bacon está fuera de mi mundo", dice Washington Mosquera.

Entonces, el pintor guarda su pequeña y clásica paleta, y se lanza a la paleta grande, aquella que permite no solo la multiplicación cromática irreverente, sino la generación de efectos, de la mano de la química heterodoxa, esa alquimia moderna que nos pierde en materiales sintéticos que permiten efectos ilimitados.

Washington crece en su libertad interior recién encontrada, y se lanza a una aventura, de la que se torna cronista-protagonista. Y entonces se da cuenta de que también la tela es un universo del que él puede ser demiurgo, y rompe también con las superficies níveas y lisas de los lienzos preparados, y empieza a crear espacios inimaginados sobre superficies generadas por él mismo. Se torna en sastre para preparar sus telas. Suelda trozos. Inventa costurones. La sublime locura de la imaginación está suelta.

Los temas reverentes sobre la muerte dan lugar a cantos por la vida, y escapa hacia un cosmos luminoso, pletórico de mujeres. Nace entonces su magnífica interpretación de la 'Menina' de Velásquez. Y, luego, todas sus 'Mujeres Virtuosas'.

Cuatro años, y cuatro eternidades, ha durado la iniciación de Washington Mosquera en esta nueva etapa suya. Cuatro años en los que el mundo no vio su obra. Ahora, está de nuevo aquí, para quedarse.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador