'Lejos de ti'
Oswaldo Rivera V.
Bolívar Ortiz, quiteño,
dominó el violín y la guitarra. Con este último
instrumento se mantuvo fiel a los principios técnicos
que hicieron de la ejecución un crudo musical.
Descendiente de familias de
artistas, su abuelo Carlos Amable Ortiz, fue uno de los más
grandes compositores ecuatorianos, galardonado dentro y fuera
del país. Su padre cultivó también la música.
La guitarra de Bolívar
Ortiz acompañó a los más sobresalientes
conjuntos de voces y solistas; baste recordarlo junto al dúo
Benítez y Valencia, a Carlota Jaramillo y tantos otros
artistas.
Fue creativo, bondadoso y elocuente
para encauzar las inquietudes artísticas con técnica
musical y corazón. Conocía acerca de los fundamentos
armónicos de la música.
Bolívar Ortiz educó
el sentimiento popular no solo en sus producciones de albazos,
valses, pasacalles, sino en el pasillo de factura esmerada, de
esquema formal y aire melódico.
Ortiz dio vida, con letra y
música, al pasillo "Lejos de ti", magistral
pieza que se convierte en escenario del eterno ideal del amor
por la dama de los sueños. El protagonista no concibe
la vida lejos de ella, pues más allá de su influencia
solo hay sufrimientos. De pronto, se ofusca la mente.
Pronuncia su nombre. La sueña.
La busca. Pero, de repente, despierta, y ella está junto
a él. Piensa, entonces en la terrible posibilidad de que
algún día se apague ese amor, que tal vez él
podría olvidarla, pero -que bella paradoja- nunca dejará
de amarla.
El poema "Lejos de ti"
consta de tres estrofas de cinco versos endecasílabos
cada una. La rima es consonante. El acento constituyente recae
en la cuarta, sexta y octava sílabas, comprobándose
la acertada colocación de los acentos rítmicos
y el advenimiento de las figuras literarias, como la siguiente
apóstrofe, diseñada para transmitir ansiedad: "Dios
hizo para ti, mujer, mi corazón". También
la anáfora da energía a los pensamientos poéticos:
"Quiero hablar y tu nombre solo digo / quiero pensar y solo
y solo pienso en ti / quiero olvidarte y a buscar te sigo / quiero
dormir y allí sueño contigo".
Bolívar Ortiz, logra
una descripción sintética para proyectar en la
psiquis de su oyente la angustia de vivir lejos de la amada.
La música completa el efecto especial, al proyectar una
efervescencia que amplía los goces sensoriales.
La música se corresponde
perfectamente a la parte poética cuya fusión proyecta
placer y tormento, casi simultáneos, ante la escena del
corazón detenido mientras espera al ser lejano: "Olvidarte
pudiera, amada mía / dejar de amarte, no podré
jamás", contenido apotemático que despliega
la forma de vano consuelo, fundado en la belleza de la melodía.
El popular "Pollo"
Ortiz, con su guitarra, sus composiciones y su sacerdocio por
la música, es símbolo de superación espiritual
dignificante, es sensibilidad, técnica musical y fuerza
idealista, que aún se proyecta en la colectividad: su
guitarra, junto al viento, arranca sonoridades y ritmos nacionales
a los astros al compás de su bohemia errante.
'Rosario de besos'
El pasillo "Rosario de
Besos", letra de Libardo Parra Toro y música del
compositor Francisco Paredes Herrera, ha penetrado en el espíritu
de los ecuatorianos. Los efectos del beso musicalizado se hicieron
perfume social y mensaje de comunión amorosa.
Libardo Parra, poeta delicado
alienta las preferencias del corazón cuando el amor tiende
sus alas con luz y calor escudriñando los secretos de
la naturaleza humana y el fulgor de la sensibilidad dirigida
al presente y al u al futuro. El poeta nos invita a pensar en
la acción de los besos como líneas que embriagan
y brisas de labios en actitud de esperanza.
El amante no quiere condenarla
al olvido, pues "como el sol en los ríos va mi sangre
en tus venas". El amor persistirá. Ella lo amará
en secreto y él comprende porqué al mirarle "me
dirá tu silencio que otra vez quieres darme un rosario
de besos". Los besos permiten la grandeza del amor y encauzan
los nobles sentimientos".
El poema consta de cuatro estrofas
con versos de 14 sílabas cada una; rima consonante y ritmo
de expresión categórica. Los acentos dan armonía,
comprimen figuras literarias con epítetos y metáforas:
"de esas límpidas tardes en que al son de mis ruegos
/ en mi boca dejaste un rosario de besos/ y sentir que en la
senda de tus labios bermejos / voy pagando la ofrenda de tus
cálidos besos".
Los símiles sustentan
interés: "... como el son en los ríos va mi
sangre en tus venas". La antítesis eleva y acentúa
el pensamiento poético: "y tu amor que es mi vida
aunque tú no lo creas / vivirá mientras viva, vivirá
cuando muera".
Al final del poema encontramos
la figura denominada alusión, relacionadora del conocimiento
poético: "... porque siempre al mirarme me dirá
tu silencio / que otra vez quieres darme un rosario de besos".
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