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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Quito tanguero

Jorge Pasquel Villamar

Sin más autoridad que la intención de cantarlo, de gozando bailarlo, de al vivir asumirlo, el tango me halaga y me acongoja, me enciende, me entristece, me recuerda lo vivido, desde el borde oculto de la nostalgia mía.
Es que el tango posiblemente es la menos moralista de todas las propuestas musicales, sin pasar por ello a la rusticidad de lo barato, ni a la cursilería que da la sensualidad tontamente desbordada o el manejo procaz y poco estético de ritmos y músicas que por su perecible contextura están condenados a desaparecer sin pena ni gloria, así como aparecen y punto.
Los seres humanos, con el pasar de los tiempos, somos capaces de tener la sutileza de transformar la cólera en pasividad, el rencor en templanza, la congoja en esperanza y todas en humor. Si uno se acostumbra a ver el lado cómico de las cosas, lo descubre en cualquier ocasión , aun en las más trágicas.
Este es el más depurado elixir para el espíritu, que por cierto no nos deja de hacer saber que el mundo no es perfecto, pero preferimos que no nos lo recuerden, pues sabemos que el optimista a los mejor es solo un pesimista desmemoriado.
Considerando, posiblemente, ganadores en esta lid, como has sido dicho, solo a los necios, que son a los únicos a quienes les está permitida la felicidad.
Pero mejor aprovechemos las líneas de este ensayo para hablar de nuestro invitado: el tango, y con él de su personaje central y primigenio.

UN GIGOLO EN EL SUBURBIO

Difícilmente a excepción de Gardel y a la altura de Karl Marx, Sigmund Freud y el economista John Maynard Keynes, pocos han insidido tanto en nuestro tiempo, han tenido tantos constantes seguidores y admiradores como le 'Zorzal Criollo', quien nación en la antigua capital de Aquitania, Tolouse, Francia, en la maternidad del Hospital de la Grave, a las dos de la mañana del 11 de diciembre de 1890. Registrado con el nombre de Charles Romuald Gardes. De padre desconocido; su madre, Berthe Gardes, modesta obrera de una lavandería, emigra hasta el Río de la Plata cuando Carlitos tenía apenas dos años.
Sin embargo de la aparente claridad de su origen, siempre fue motivo de dudas y acoso el indagar por su lugar de nacimiento, al punto de que él, harto de contestar acerca de lo mismo, algún momento solo se limitó a decir a un periodista incisivo: "nací en Buenos Aires a los dos años". Pese a lo cual nunca quedó zanjada dicha duda, que ha sido alimentada por el afán de querer hacerle hijo directo de algún otro terruño de América, al 'francesito', que para efecto de la única verdad posible nace en el corazón de quien le escucha, cada vez que se le oye cantar, pudiendo ser en el alma de los quiteños o quiteñas, venidos de todas partes de la Patria; que más da, si con cada nota lo vivimos plenamente a él y al tango mismo.

UN HIMNO A LA DIÁSPORA

Este ritmo irreverente, mezcla de milonga, habanera y candombe, con vocablos del lunfardo (dialecto ítalo-porteño) de los marginados y perseguidos y con su danza herencia del fandango español, es la viva imagen premonitoria de los dolorosos aconteceres de nuestros pueblos, aún del éxodo de los miles de ecuatorianos que siguen dejando la Patria, buscando sobrevivir con la dignidad robada por los malos gobernantes, ajenos a sus más mínimas expectativas de vida. De Allí el contenido semiótico de la filosofía gardeliana, que apenas está siendo encontrada en cada acontecimiento de la vida cotidiana de América Latina.
Con ello hablamos de los exiliados externos, de los que huyen de la Patria, como de la multitudinaria presencia de los exiliados internos. Aquellos que nos vemos obligados muchas veces a callar o a n ser escuchados, ante el latrocinio y la perversidad con la que se maneja el pródigo legado de todos, la esperanza y el derecho a una vida más placentera, con educación, con el cuidado adecuado de la salud y la justicia como doctrina de equidad.
En el enmarque tanguero de Alfredo Le Pera "Mi Buenos Aires querido / cuándo yo te vuelva a ver, / no habrá más penas ni olvido".

LATINOAMÉRICA

Con la dimensión de ésta música, caracterizada por el rescate de las esencias telúricas de toda ésta música latinoamericana, como es el caso del pasillo, con sus hermosas notas impregnadas de similar nostalgia y pasión, tanto como en las zambas y chacarreras, o en os guaynitos, valses, danzones y otros, que son la semblanza misma del desarraigo al que están expuestos permanentemente nuestros pueblos.
Aunque el tiempo siempre se propone borrar de nuestra memoria los acontecimientos que dan identidad a nuestra ciudad, necios al olvido los quiteños recordamos a personajes, algunos conocidos y otros vivamente referidos por nuestros padres, como el maestro Aldaz, zapatero de oficio, cuyo taler estaba ubicado en la calle Vargas 333 y Oriente, donde, llegadas las horas de la noche, era convocada la bohemia al modesto taller de zapatería, cnvirtiéndose éste, com por arte de magia, en una esquina de arrabal amargo, a su propio modo."Cuna de tauras y cantores / broncas y entreveros / de todos mis amores Cargado con su magia al compás del más puro espíritu porteño, ladeados los bártulos de trabajo, tgomando lso trastes de matar a lo torero, el taller daba lugar al bulín, donde a los rumores de milonga, aparecían en la puerta, listas al rito de la noche "a la cuenta del otario', más de una 'sola, fané, descayangayada' seducida por los rumores de la milonga.

UNA HERMANDAD DE ARRABAL

La voz del 'Señor de los tristes', el Carlitos, con su tesitura cargada de registro seminal de un barítono brillante, convocaba al respeto a su propia feligresía. Es que el tango es uan especie de religión en la axiología del gran suburbio, por elo es que ante este pequeño dios, peinado a la gomina, con capilla propia, entre voces tan bajas, como comulgando se escuchaban las primeras notas de un bandoneón, tangos como 'El Pañuelito' de J. Filiberto, 'Rencor' de Luis Amador, mientras la carne tarifada en algún rincón del barrio La Tola paraba la oreja, también imbuida por 'Sus ojo se cerraron', 'El día que me quieras', 'Yira, yira' de Enrique Santos Discépolo, sabedores todos de que este mundo más de una vez está 'rechiflao en su tristeza'.
Es que el tango así como es, culpable confeso de una tenaz misoginia, 'de las mujeres mejor no hay que hablar', con el aparente contrasentido de que fueron las damas que se incineraron al conocer de la temprana muerte del 'morocho', hacen que el varón en el compás de la danza, aunque por cierto la dirige, lo haga de ese modo solo, con la consigna de que la mujer sea quien se luzca en el arrebol del baile, entreviendo por el amplio corte de su falda ceñida, toda su gracia, sensual y ascendente com les empinadas calles de nuestra hermosa ciudad, bien curvadas y sensuales, coronando hermosos montículos de adorable panorama.

Rincones tangueros

Bueno, pero si usted quiere hacer tango, porque a éste se lo hace, no solo se lo canta o se lo baila, Quito siempre en la noch está lisot a recibirle en algún tango bar como el CAFELIBRO, la Buhardilla -antes 'Uno Café Tango'-, o en cualquiera de las escuelas de tango al norte o sur de la ciudad , donde aun los jóvenes y adolescentes lo disfrutan y aprenden, como 'Al Sur del Alma Tango', dirigida por el profesor Daniel Alcoleas y la maestra Rosana Valdez. O en el 'Esteban Grill'. O donde usted se encuentre 'amurado', abandonado o abandonada en su propio cotorr, cuando se le ocurra pensar en esa 'Lejana tierra mía', o en esos distantes 'veinticinco abriles que no volverán'.

Una anécdora borgiana

Esto es el tango, de alguna manera también así lo es Quito, peor hablo de éste tango concebido en el lamento de nuestro melodrama continental, de aquel que Jorge Luis Borges evocaba cuando un periodista le preguntó al salir del Teatro Colón de Bujenos Aires, en el estreno de una obra de Astor Paizzolla, ¿qué le parecía la obra de éste joven discípulo de Aníbal Troilo, músico brillante educado en Nueva York? El tal solo contestó lacónicamente: "Monumental, pero después de esto como no quisiera escuchar un tango".

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador