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Navidad a ritmo tropical
La Salsa, parte de nuestra
sangre
Fernando Esparza Dávalos
poetafe@hotmail.com
No estoy con una máquina,
estoy con un piano acompañando a Cheo Feliciano, me deslizo
suave por las teclas, de tiempo en tiempo, así como en
un sillón ejecutivo que se baja a presión cuando
se sienta el dueño: ssssss; así, suave, soy un
plato, eso, plato, plato, acompasado por el pie: tas, tas, tas.
¡Ah sí! Ya veo todo nítido al pianista templando,
dando el tono guía a la orquesta. Pone de pie al público.
Sus dedos picadores se clavan sobre el toro piano sin amilanarse,
y suda, y vuelve de nuevo abrir el teclado.
DANDO EL PECHO
¡Venga! ¡Venga!
Dice un español agitado. Pide ver más, pues es
la primera vez que escucha salsa, y los pies van saliendo solos.
¡Majo! Así, de a poco, un - dos, un - dos. ¡Vengan
palmas! Y luego sí, va el cuerpo abriéndose, pero
no como un paraguas brusco, tampoco como la puerta de una casa
que recibe al invitado, peor como un forzado de pecho hecho por
Manuel Benítez: abrirse en salsa es abrir primero el oído.
Que cómo se abre el oído; pues, como un beso de
Pepa que dice: "si yo no bailo con pepe, con otro no siento
na´". Tampoco es válida la presencia de Catalina
la O, para entusiamarle al oído; porque puede venir Francisca
la E, Julieta la I, Carlota la A. Y esa que no viene nunca es
la que dice: "uuuuh"; y simplemente porque no sabe
bailar salsa, y todo porque nadie le ha enseñado. Verá
que no le digo descomedido, simplemente lo que afirmo es que
nadie ha tenido el comedimiento de enseñarle; pero, en
realidad la razón es otra, se llama... : "¡Uuuuhhh
qué miedo!". Que es lo primero que dijo la primera
vez que vio bailar salsa y ahí se tupió todo.
SOBREPESO Y DOS ANÉCTDOTAS
"Eso es para delgados
-añadió- y yo soy gorda, por eso simplemente me
quedo mejor con 'salchicha con huevo' ", pero no la que
pidió al amanecer Domitila, sino con el perro salchicha
que le pertenecía al Héctor Lavoe (dicen que se
lo regaló el Willy Colón) y que finalmente llegó
donde la susodicha, que dice que el salchicha le acompaña
siempre, mientras le sirven sus huevos a la copa en el desayuno.
Pero, estábamos en eso del oído, entonces usted
tiene que parar el 'fino', así como Magritte paraba su
caballete sin escuchar salsa para pintar una 'PIPA' y luego decir
muy solemnemente: "Monsieur C' est ne pas une pipe"
("Señor, eso no es una pipa").
UN PAISAJE DE MI TIERRA
Entonces, ahí sí
puede empezar parado como un compás en medio de una hoja
blanca: abierta la pierna y silbando, a bailar salsa; pero no
como para un tango -aunque pueda haber similitudes en los movimientos-;
y no porque la salsa es única, sino porque ahí,
usted tiene que estar con unas pilas bien puestas, o sea prendido.
¿Cómo se abre el oído para prenderse? Sería
la pregunta pertinente. ¿Cómo? Y entonces tengo
que decirle con 'salida': le sale Richi el músico, diría
un negro de Borbón, y mejor si es de más abajo,
¿quién? ¿Richi el flautista? No, el bailador
que escucha al melodioso Richi en San José, frente a la
reserva Cayapa, donde entre orilla y orilla se disputa la salsa
con la rocolera; y mientras usted le ve al negro bembónbrillante,
así como una pantera que lame sus ojos cuando lo mira
en medio de ese bosqueje inmenso; mientras al frente, el cayapa,
junto a su mujer desnuda, escucha en alto volumen al Segundo
Rosero. ¿Quién cree que gana? ¿El que pone
más alto el volumen? ¡NO, nada que ver! ¿Y
sabe por qué? Porque basta ver las reacciones del uno
y del otro: el uno se hamaca y se duerme; mientras el otro, el
negro, camina con su radio sobre los hombros, vaya a ver cómo
se vacila la salsa. ¿Qué escucha? Pregunta un ciego,
y el mudo, haciendo esfuerzos, se mete el pulgar a la boca y
soplando le dice solo en gesto: "trombones".
Sí, lo que escucha es la Murga de Panamá, esa que
dice: "tu tienes un caminao que me tiene transtornao".
Y ahí mismo le salen todas las mamis negras. Alguien dice
por atrás: "¡Ataca Yomo!". Y sabe quién
está en el 'cuatro': 'Yomo Toro'.
LAS ESTRELLAS SON NEGRAS
Sí, como me oye, Yomo
Toro, que va al lado de su socia que está en pleno cielo,
mi negra Celia Cruz. ¡Ay bendito! Le rodea un coro de estrellas
negras.
- ¿Pero las estrellas
no son negras dice un blanco pecoso?
- ¡Qué dice este
platanito mosqueado -le dice Oscar de León!-
- Que en el cielo todo es luz
y las estrellas no son blancas, sino negras, -dice Baltazar,
el monarca negro-.
- ¡Rey, te la salió!
¡Te la salíó! -Contesta un coro de negros
jubilosos-. ¡En el cielo las estrellas son negras! -dicen
con aire orgulloso.
Por eso se abre dichosa Celia,
caminando con Orizá, la Reina del Cielo, quien lleva de
la mano a la 'negra grande', por todo el largo y ancho de la
eternidad. "¡Hizo tanto bien al mundo!" proclaman
los salseros que no han muerto, porque han vivido siempre en
gracia de Dios y bailando salsa.
Alguien de entre ellos grita "¡Suéltala! ¡Suéltala
pa´ que se defienda!".
TROMPETAS ANGELICALES QUE
TOCAN SALSA
"Y vaaaa... vaaaa".
¿Sabe quién sale a animar la fiesta?: Santana Chico.
Sí, él mismo, el mexicano norteamericano que hace
bailar a todo el mundo, incluso a las más lejanas naciones
-y por supuesto a los 'pinches gringos' (vaya a ver como aprenden
rapidito)-. Y usted escucha unas trompetas, así como las
que tocaron los ángeles cuando nació el Salvador.
Entonces, desde ahí, no me venga a decir que está
triste. Nunca más. 'Never forever', y esto parta mi brother
Jimmy, nunca más. Porque también nació la
salsa, porque si usted no le pone salsa a la carne, chico, entonces
eso 'se va pa´ un cuerno', y aparece el diablo y el cuerpo
se le muere de tristeza.
Por eso, usted siempre bailará salsa, mi amigo; y, como
ya se acerca el fin de año y llega la parentela, tengo
que armar la pachanga; por eso me despido, mi compa, no sin antes
desearle para 'todititititos' los suyos el mejor de los años.
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