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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Navidad a ritmo tropical

La Salsa, parte de nuestra sangre

Fernando Esparza Dávalos
poetafe@hotmail.com

No estoy con una máquina, estoy con un piano acompañando a Cheo Feliciano, me deslizo suave por las teclas, de tiempo en tiempo, así como en un sillón ejecutivo que se baja a presión cuando se sienta el dueño: ssssss; así, suave, soy un plato, eso, plato, plato, acompasado por el pie: tas, tas, tas.
¡Ah sí! Ya veo todo nítido al pianista templando, dando el tono guía a la orquesta. Pone de pie al público. Sus dedos picadores se clavan sobre el toro piano sin amilanarse, y suda, y vuelve de nuevo abrir el teclado.

DANDO EL PECHO

¡Venga! ¡Venga! Dice un español agitado. Pide ver más, pues es la primera vez que escucha salsa, y los pies van saliendo solos. ¡Majo! Así, de a poco, un - dos, un - dos. ¡Vengan palmas! Y luego sí, va el cuerpo abriéndose, pero no como un paraguas brusco, tampoco como la puerta de una casa que recibe al invitado, peor como un forzado de pecho hecho por Manuel Benítez: abrirse en salsa es abrir primero el oído.
Que cómo se abre el oído; pues, como un beso de Pepa que dice: "si yo no bailo con pepe, con otro no siento na´". Tampoco es válida la presencia de Catalina la O, para entusiamarle al oído; porque puede venir Francisca la E, Julieta la I, Carlota la A. Y esa que no viene nunca es la que dice: "uuuuh"; y simplemente porque no sabe bailar salsa, y todo porque nadie le ha enseñado. Verá que no le digo descomedido, simplemente lo que afirmo es que nadie ha tenido el comedimiento de enseñarle; pero, en realidad la razón es otra, se llama... : "¡Uuuuhhh qué miedo!". Que es lo primero que dijo la primera vez que vio bailar salsa y ahí se tupió todo.

SOBREPESO Y DOS ANÉCTDOTAS

"Eso es para delgados -añadió- y yo soy gorda, por eso simplemente me quedo mejor con 'salchicha con huevo' ", pero no la que pidió al amanecer Domitila, sino con el perro salchicha que le pertenecía al Héctor Lavoe (dicen que se lo regaló el Willy Colón) y que finalmente llegó donde la susodicha, que dice que el salchicha le acompaña siempre, mientras le sirven sus huevos a la copa en el desayuno.
Pero, estábamos en eso del oído, entonces usted tiene que parar el 'fino', así como Magritte paraba su caballete sin escuchar salsa para pintar una 'PIPA' y luego decir muy solemnemente: "Monsieur C' est ne pas une pipe" ("Señor, eso no es una pipa").

UN PAISAJE DE MI TIERRA

Entonces, ahí sí puede empezar parado como un compás en medio de una hoja blanca: abierta la pierna y silbando, a bailar salsa; pero no como para un tango -aunque pueda haber similitudes en los movimientos-; y no porque la salsa es única, sino porque ahí, usted tiene que estar con unas pilas bien puestas, o sea prendido.
¿Cómo se abre el oído para prenderse? Sería la pregunta pertinente. ¿Cómo? Y entonces tengo que decirle con 'salida': le sale Richi el músico, diría un negro de Borbón, y mejor si es de más abajo, ¿quién? ¿Richi el flautista? No, el bailador que escucha al melodioso Richi en San José, frente a la reserva Cayapa, donde entre orilla y orilla se disputa la salsa con la rocolera; y mientras usted le ve al negro bembónbrillante, así como una pantera que lame sus ojos cuando lo mira en medio de ese bosqueje inmenso; mientras al frente, el cayapa, junto a su mujer desnuda, escucha en alto volumen al Segundo Rosero. ¿Quién cree que gana? ¿El que pone más alto el volumen? ¡NO, nada que ver! ¿Y sabe por qué? Porque basta ver las reacciones del uno y del otro: el uno se hamaca y se duerme; mientras el otro, el negro, camina con su radio sobre los hombros, vaya a ver cómo se vacila la salsa. ¿Qué escucha? Pregunta un ciego, y el mudo, haciendo esfuerzos, se mete el pulgar a la boca y soplando le dice solo en gesto: "trombones".
Sí, lo que escucha es la Murga de Panamá, esa que dice: "tu tienes un caminao que me tiene transtornao". Y ahí mismo le salen todas las mamis negras. Alguien dice por atrás: "¡Ataca Yomo!". Y sabe quién está en el 'cuatro': 'Yomo Toro'.

LAS ESTRELLAS SON NEGRAS

Sí, como me oye, Yomo Toro, que va al lado de su socia que está en pleno cielo, mi negra Celia Cruz. ¡Ay bendito! Le rodea un coro de estrellas negras.

- ¿Pero las estrellas no son negras dice un blanco pecoso?

- ¡Qué dice este platanito mosqueado -le dice Oscar de León!-

- Que en el cielo todo es luz y las estrellas no son blancas, sino negras, -dice Baltazar, el monarca negro-.

- ¡Rey, te la salió! ¡Te la salíó! -Contesta un coro de negros jubilosos-. ¡En el cielo las estrellas son negras! -dicen con aire orgulloso.

Por eso se abre dichosa Celia, caminando con Orizá, la Reina del Cielo, quien lleva de la mano a la 'negra grande', por todo el largo y ancho de la eternidad. "¡Hizo tanto bien al mundo!" proclaman los salseros que no han muerto, porque han vivido siempre en gracia de Dios y bailando salsa.
Alguien de entre ellos grita "¡Suéltala! ¡Suéltala pa´ que se defienda!".

TROMPETAS ANGELICALES QUE TOCAN SALSA

"Y vaaaa... vaaaa". ¿Sabe quién sale a animar la fiesta?: Santana Chico. Sí, él mismo, el mexicano norteamericano que hace bailar a todo el mundo, incluso a las más lejanas naciones -y por supuesto a los 'pinches gringos' (vaya a ver como aprenden rapidito)-. Y usted escucha unas trompetas, así como las que tocaron los ángeles cuando nació el Salvador.
Entonces, desde ahí, no me venga a decir que está triste. Nunca más. 'Never forever', y esto parta mi brother Jimmy, nunca más. Porque también nació la salsa, porque si usted no le pone salsa a la carne, chico, entonces eso 'se va pa´ un cuerno', y aparece el diablo y el cuerpo se le muere de tristeza.
Por eso, usted siempre bailará salsa, mi amigo; y, como ya se acerca el fin de año y llega la parentela, tengo que armar la pachanga; por eso me despido, mi compa, no sin antes desearle para 'todititititos' los suyos el mejor de los años.

 
 
 
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La Hora 2002
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